EL RELEVO EN EL BANQUILLO VIGUÉS

El Celta no quiere 'fachas'

El club veta a Salva Ballesta como ayudante de Abel por la presión de algunos aficionados

El exjugador aragonés llevaba la bandera de España en las botas.

El exjugador aragonés llevaba la bandera de España en las botas. / JORDI COTRINA

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CARLOS F. MARCOTE
MADRID

Abel Resino, obviamente, no estaba al tanto de que la figura de Salva Ballesta despertaba tanta animadversión entre la afición del Celta. Una vez aceptada la oferta del club gallego para relevar al destituido Paco Herrera, lo propuso como su segundo entrenador y en principio no hubo ningún problema. Tampoco el exdelantero del Sevilla, Málaga, Racing, Valencia y Albacete, entre otros, se había parado a pensar que sus ideas políticas le iban a suponer un freno inesperado en su carrera incipiente como técnico. Y eso que seguro que aún tiene presentes los gritos que los Celtarras, el grupo de aficionados radicales de ultraizquierda del equipo vigués, no cesaron de dedicarle durante el calentamiento y el partido en la última visita que realizó a Balaídos con el Albacete en la temporada 2009-10, la de su retirada.

«ETA mátalo, ETA mátalo», tuvo que escuchar una y otra vez en aquella ocasión el exfutbolista aragonés, que nunca ha dejado de presumir de su españolidad. No era el primer campo en que se lo gritaban, y dicho recuerdo no fue obstáculo para que aceptara acompañar a Abel a Vigo como segundo. A mitad de camino entre Málaga, su lugar de residencia, y la ciudad gallega recibió una llamada telefónica de Miguel Peiró, el que va a ser nuevo preparador físico del Celta, en la que le comunicaba que lo mejor era que diera media vuelta.

«Esta mañana cogí el coche para ir a Vigo. Iba muy feliz hasta que Miguel me llamó para decirme que el míster y el presidente querían hablar conmigo porque había un grupo minoritario de aficionados que no estaba de acuerdo en que yo fuera para allá», relató Salva ayer por la tarde en Radio Marca.

Traicionado

El propio presidente del Celta, Carlos Mourinho, se lo confirmó poco después. «Es que yo no tengo ideas políticas, a mí la política me la refanfinfla. Yo soy español y nada más y me siento muy orgulloso de ello... Esta situación no la entiende nadie», lamentó el exjugador, que no dejó en muy buen lugar a quien iba a ser su jefe, por quien se siente traicionado. «Hasta la una de la tarde le agradezco la confianza que tenía en mí. Lo que ha pasado después es cosa suya, él ha aceptado y ya está. Yo, personalmente, si me pongo a negociar y mi segundo no firma, yo tampoco. Mi equipo va conmigo y se cae conmigo, pero lo he aceptado de la manera más deportiva», explicó.

Pese a reiterar que lo suyo no tiene nada que ver con la política, tanto durante su carrera como futbolista como después de su retirada ha protagonizado numerosos episodios en los que ha atacado duramente a quienes tienen ideas opuestas a las suyas. «No voy a entrar en ningún comentario, le tengo más respeto a una caca de perro», dijo en el 2007, cuando militaba en el Levante, al ser preguntado sobre un artículo publicado por el exjugador del Barça Oleguer Presas en el que este criticaba el Estado de derecho español.

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En abril del año pasado, en el programa de televisión Punto Pelota tuvo un enfrentamiento con Lluís Mascaró, adjunto a la dirección del diario Sport. «Si hay algún vasco o catalán que no se siente español, se tiene que joder porque ha nacido en España. Si tanto os disgusta la Liga española, jugad una catalana y así tenéis derbis todas las semanas», le endilgó Ballesta.

«Dadles 72 horas a los que hay que dárselas y esto se acaba rápido», llegó a proponer en el 2004 cuando el propio Gobierno español apuntó a ETA como autora de los atentados del 11 de marzo.