20 AÑOS DESPUÉS

José María van der Ploeg: "Triunfar en la ciudad donde empezaste a navegar no tiene precio"

Medalla de oro en Barcelona 92 en clase Finn

José María van der Ploeg navega con Thomas Chad en aguas de Mallorca en un velero de la clase Star.

José María van der Ploeg navega con Thomas Chad en aguas de Mallorca en un velero de la clase Star. / EFE / ÓSCAR PIPKIN

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JOAN CARLES ARMENGOL

Durante aquel bendito verano del92, salía a al balcón todas las mañanas y contemplaba el escenario que había visto siempre. Desde su apartamento temporal en laVila Olímpica,José María van der Ploeg, de abuelo y padre holandeses pero barcelonés de toda la vida, podía percatarse del estado del mar y de la intensidad y dirección del viento. En este sentido, jugaba con ventaja. "Esto te da un plus de confianza y de todo", confiesa ahora, 20 años después, siempre en el mar y a bordo de alguna embarcación de vela con la que poder medirse codo con codo, cuerpo a cuerpo, con sus rivales, pero sin embargo amigos. Es lo que le gusta, y lo que lo llevó a coronarse en un escenario tan familiar en aquellos Juegos que entronizaron también a otros muchos deportistas barceloneses, catalanes y españoles: los de casa.

"Triunfar, llegar arriba del todo, en la ciudad donde naciste, donde empezaste a navegar, no tiene precio". Cuando dice eso, a Van der Ploeg, lobo de mar de 54 años, se le iluminan las pupilas detrás de sus inseparables gafas. En los años 80, había perdido casi las esperanzas de cumplir su ilusión de ser regatista olímpico. Falló en sus intentos de clasificación de 1980 (claseSoling) y 1984 (Finn). Así que cuandoJosé Luis Dorestele propuso que le ayudara a prepararse para ser campeón en 1988 (Seúl), José María aceptó encantado. "Si no puedo ir a los Juegos como regatista, al menos iré como entrenador", penso'.

Doreste triunfó en Pusan, a 600 kilómetros deSeúl, y Van der Ploeg --empapado ya de todos los secretos del Finn-- se aprestó a hacer lo mismo en la orilla de su casa. Castigó durante 19 interminables meses sus hombros y rodillas (le faltaban 10 centímetros de altura y debía suplirlos con un chaleco de 14 kilos en el pecho para llevar el barco más plano y obtener así más velocidad) y llegó preparado, pero exhausto, a los Juegos. "La semana antes estaba haciendo recuperación en los hombros, de levantar tanta pesa", recuerda Van der Ploeg, que impuso tal superioridad en la competición que a falta de una regata ya era campeón, con 21 puntos sobre el estadounidense Brian Ledbetter. En la séptima ya no salió.

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Al día siguiente de recibir la medalla de oro, el regatista decidió que nunca más volvería a unosJuegosen Finn, una categoría muy exigente físicamente. Pero no cumplió su promesa: Van der Ploeg logró dos diplomas olímpicos más al ser 6º en Finn en 1996 y 7º enStaren el año 2000. El regatista que un día temió retirarse sin haber estado en unos Juegos triunfó en tres. Pero ninguno como los deBarcelona.

"La vela nunca ha disfrutado de estar en la misma ciudad de los Juegos, pero en Barcelona fue distinto. Éramos unos privilegiados, estábamos en el centro de todo. La distancia entre nuestra habitación y el mar era mínima, y por una vez pudimos vivir en la Vila Olímpica y disfrutar de las ceremonias", rememora. Para él, además, hay una Barcelona, una España, de antes y después de los Juegos. "Ya no fue solo el éxito deportivo, sino lo que supuso de orgullo para nosotros y la imagen que se dio en todo el mundo". Irrepetible.