La última fiesta del entrenador azulgrana en el estadio

'Si em dius adéu...'

El Camp Nou rinde un emotivo homenaje a Guardiola y Messi le dedica un sentido abrazo tras su cuarto gol

Aquí están las mejores imágenes de la emocionante despedida que ha recibido Pep Guardiola en el Camp Nou. / MEDIAPRO

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DAVID TORRAS
BARCELONA

Si em dius adéu, vull que el dia sigui net i clar, que cap ocell trenqui l'harmonia del seu cant. Que tinguis sort i que trobis el que t'ha mancat amb mi.... El Camp Nou tarareaba a Lluís Llach,

con la piel de gallina, dándole las gracias a Guardiola, diciéndole adiós contra su voluntad porque desearía tenerle a su lado eternamente y «robar temps al temps d'un rellotge aturat», pero regalándole una noche que le acompañará para siempre. Después, con el Camp Nou vacío y casi a oscuras, apareció la figura de Pep (con su mujer y sus tres hijos, primero, y luego con todas las generaciones Guardiola) para retratar los últimos instantes de cuatro años inolvidables, queriendo robarle también tiempo al tiempo, intentando hacer perdurar la emoción de una noche que fue una conquista.

Sí, una conquista, porque la imagen final del Camp Nou es uno de los grandes legados de Guardiola. Ha dejado 13 títulos y el orgullo de defender como nadie los valores de este club, pero también ha dejado una manera especial de ser y sentirse del Barça. Casi 90.000 personas se pusieron a sus pies, pero fue la reverencia más sensible, más sentida y más honesta jamás vivida en un escenario que, demasiado a menudo, no ha sabido despedir a sus héroes. A Guardiola, sí, y en el fondo quizá ha sido gracias al espíritu que él y este equipo han inculcado en el alma culé, a ese cambio cultural que debería permanecer cuando Pep no esté.

EL MANTEO Y LA SARDANA / «El cinturón apretaba mucho y yo me lo desabrocho. Vosotros, no. Vosotros tenerlo apretado porque esto tiene larga vida. Hasta pronto, a mí no me perderéis nunca», fue su último mensaje, ante la mirada de los jugadores, aplaudiéndole, y corriendo para mantearlo como en Roma, como en Wembley, días de gloria que el tiempo no podrá borrar. Después, todos se estrecharon las manos para formar una enorme sardana, otro de los muchos símbolos que ha dejado este Barça, la fuerza de la unión, bailando y rodando bajo la música que abrió un ciclo único: «Viva la vida», otro símbolo, la alegría y el entusiasmo del primer año, de los primeros pasos, de aquel proyecto que nació en medio de muchas voces escépticas y que la gloria ha ido apagando, aunque no todas han callado honestamente, siempre agazapadas esperando algún signo de flaqueza. Y no lo ha habido y, antes de que esta historia pudiera torcerse, Guardiola ha preferido cerrarla como merecía.

Y el equipo, también. No podía fallarle. Liquidó al Espanyol (4-0) con Messi ejerciendo de maestro de ceremonias en la fiesta de Pep. Esperó al cuarto, como si supiera que iba a marcarlo, como si quisiera honrarle con algo especial. Ya se sabe que para Messi los triples

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-lleva 9 esta temporada- no son nada excepcional. Así que, cuando más de uno ya debía andar lamentando que Leo no tuviera algún gesto con Guardiola, más allá de un pequeño guiño tras el primer gol, él tenía guardada una dedicatoria. Cuatro goles. Cuatro, como el número que lució Pep, el símbolo de un estilo que nació con Cruyff y que él ha sublimado. En cuanto metió el cuarto, allá fue Leo, al banquillo, a buscar a quien mejor le ha entendido y a quien le ha guiado hasta la cima del mundo. Esa imagen, los dos abrazados, con Pep susurrándole al oído, en un gesto que quedará para siempre para todos. Ahora, a Messi le espera el reto de seguir siendo el mismo Messi sin Guardiola. Y a Pep siempre le quedará dentro el hueco de Leo.

«T'ESTIMEM, PEP» / No era la última noche, porque esa la vivirá el 25 de mayo en territorio extraño, en Madrid, en la final de Copa, al lado de miles de culés que peregrinarán al Calderón con la ilusión y la fe que les ha impregnado precisamente quien anoche les empezó a decir adiós. Anoche, Guardiola empezó a sentir más cerca que nunca la extraña sensación del adiós, de que esto se acaba y que toca disfrutar de cada día, de cada hora, de cada minuto, porque ya son los últimos. Pero siempre le quedará el recuerdo del Camp Nou: «T'estimem, Pep».