20 oct 2020

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TITAN DESERT

El Tour de la arena

¿Se imaginan arrastrar una bici por cuatro kilómetros de dunas?

SERGI LÓPEZ-EGEA / MERZOUGA (Enviado especial)

Seguramente el bereber que vive en esta parte del desierto del Sáhara habrá pensado aquello de que "están locos estos ciclistas". Él utiliza la bicicleta, que por supuesto no tiene nada que ver con los modelos de pasarela que lucen los titanes, como vehículo de transportes, para trabajar y para desplazarse a la aldea marroquí más cercana. Jamás se le ocurriría realizar un trayecto de ida y vuelta de 71 kilómetros.

¡Total para salir y llegar al mismo sitio! Un paseo a casi 30 kilómetros por hora, con el cuchillo en la boca y donde solo se mira atrás para ver si los rivales acortan diferencias o si se abre terreno. Y encima, por si fuera poco, con cuatro kilómetros en los que todos arrastraban sus bicis. ¿Todos? Todos no, porque ha habido un corredor, Milton Ramos, ciclista natural de Honduras pero aragonés de corazón, al que se le ocurrió presentarse a la etapa con una mountain bike con ruedas de tractor y poca presión que le ha permitido atravesar la arena pedaleando. Casi se podría decir que si hubiese sido el mar habría andado sobre el agua.

La Titan Desert parece ser algo así como una carrera en la que corren muchos (este año casi 400) y siempre gana Roberto Heras. Da igual que se fisurase dos costillas en marzo al caerse por tierras catalanas. Casi ni le ha importado esta mañana que Milton Ramos con su tractor le birlara más de tres minutos en el paso por las dunas.

En igualdad de condiciones

Heras ha fichado este año por el conjunto patrocinado por la empresa Gaes. Casi 40 participantes lucen el mismo maillot. Mires por donde mires siempre aparece alguien con los colores de este equipo, desde viejas glorias del Tour de Francia hasta actores como Santi Millán o pilotos como Marc Coma. Los demás se sienten algo así como si leyeran La soledad del mánager.

Hasta los ciclistas profesionales del conjunto del BMC, checos en esta ocasión, el mismo patrocinador que costea los jerseis de Cadel Evans o Philippe Gilbert se ven obligados a ceder. O Fran Pérez, que fue gregario de Alejandro Valverde y se ha perdido con Israel Núñez, campeón del 2009, a la salida de las dunas. O Egoitz Murgoitio, el campeón del barro del ciclocrós, al que ¡mecachis! se le ha olvidado comer, pájara a la orden, aunque se ha dejado ver por aquello de que una carrera como la Titan no es como empieza sino como acaba.

Sin embargo, vista la fantasía sobre las dunas y las pistas saharianas, bien podría comenzar a cambiarse el nombre de la carrera para bautizarla como el Tour de la arena. Si hoy hubiese habido televisión en directo bien se puede asegurar que los aficionados se hubiesen enganchado con las imágenes, una candidatura para batir récords de audiencia, al más puro estilo de las ascensiones al Tourmalet, al Galibier, al Mortirolo o al Angliru.

Y con un valor añadido. Aquí no solo hay profesionales de la bicicleta de montaña, sino voluntariosos participantes que respiran el mismo oxigeno, pisan la misma tierra, comen el mismo menú y duermen en el mismo campamento de jaimas. Eso sí, mañana deberán hacerlo en el suelo, sin colchón, llevando encima lo que deberán utilizar al día siguiente. Tiempo para la etapa maratón, la que enamora a auténticos 'titanes del desierto que no echan balones fuera como Ramos (Milton y no Sergio) o Pinto (Luis Leao y no José Manuel), portugués y primer líder de la carrera.