El auge de una prueba popular

Para echarse a llorar y no parar

Centenares de atletas populares derramaban lágrimas nada más cruzar la meta en una mezcla de inmensa alegría y sufrimiento acumulado Ostensibles cojeras y pezones ensangrentados evidenciaban el suplicio

El maratón, a su paso por la Diagonal, muy cerca de la plaza de les Glòries.

El maratón, a su paso por la Diagonal, muy cerca de la plaza de les Glòries. / ALBERT BERTRAN

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JORDI TIÓ
BARCELONA

Debían de estar inmensamente felices, y lo estaban, pero la realidad es que no dejaban de llorar desconsoladamente, como si hubieran acabado de sufrir el peor de los suplicios. Y puede que para algunos, muchos, así fuera. Era cruzar aquel inmenso arco hinchable de la avenida de Maria Cristina, escucharse elbip, bip, bipdel chip marcando el tiempo realizado y empezar a derramar lágrimas. Era la forma de celebrar la heroicidad de terminar el maratón, un reto descomunal para la mayoría de atletas populares que ayer se atrevieron, muchos por primera vez en su vida, con los 42 kilómetros y 195 metros de la más mítica de todas las distancias.

Depende del dígito

Cuanto mayor era el tiempo invertido, más ganas de llorar. Especialmente a partir de las cuatro horas y media, quizá la marca que determine la frontera entre la alegría y el sufrimiento. Los que entraban con el 3 como primer dígito soltaban gritos de rabia contenida, quizá por no haber superado su marca personal, quizá de felicidad, celebrando la nueva gesta. A partir del cuatro, todo era distinto. No digamos ya con el cinco. ¿Imaginan lo que son cinco o más horas pateando el duro asfalto y con el calor?

La presencia de familiares en la línea de llegada contribuía al derrumbamiento a los que trataban de hacerse los duros. Imposible. Y si no lloraban, las caras de sufrimiento hablaban por sí solas. Calambres, cojeras, ampollas y pezones sangrando evidenciaban el mérito de llegar hasta esa línea blanca convertida en unmuro de las lamentaciones.

Para otros, en cambio, era la rutina. Puede que ni eso.«He ido muy tranquilo, forma parte del entrenamiento»,explicaba elironmanJosef Ajram, con su hija en brazos, tras ventilarse la prueba en poco más de tres horas.«¿Si mañana descanso? No, mañana me tocan cuatro horas de bicicleta». Hay gente para todo.

El exsecretario de Estado para el Deporte, Albert Soler, no falló a su cita anual.«Ya llevo 11, pero solo corro la de Barcelona», explicaba, contento por el tiempo, 3.20 horas, y porque su esfuerzo tenía esta vez una dedicatoria especial. «Este maraton va para Enric Truñó, se lo dedico. Ahora el reto del ayuntamiento es convertir esta prueba en una de las más importantes del mundo».

También sudaba Alberto Fernández Díaz, presidente del grupo municipal del PP en el ayuntamiento barcelonés.«No, yo no corro, pero llevo una mañana de aquí para allá que no veas»,explicaba mostrando una pequeña chuleta para no olvidarse de nada. Su mujer, Noemí, se estrenaba, con éxito, en la prueba, y él la siguió en varios puntos de paso.«Y ahora me voy a la entrega de premios de la Volta».

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También triunfal fue la carrera de Josele Ferrer, que selló su 11º maratón tirando del cochecito en el que lleva a su hija, Maria, afectada por el Síndrome de Rett, con el objetivo de recaudar fondos para seguir investigando esta enfermedad, algo que solo se lleva a cabo en el Hospital Sant Joan de Déu.«Estoy contento, pero hay que seguir luchando para encontrar más financiación».

El suplicio seguía para muchos intentando bajar las escaleras del metro. Seguro que algunos hoy no podrán ni moverse. Pero por dentro darán saltos de alegría.