Análisis

La tierra quemada de Mourinho

Mourinho, el domingo en el Bernabéu.

Mourinho, el domingo en el Bernabéu. / AGUSTÍN CATALÁN

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Elías Israel
Elías Israel

PERIODISTA

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El fútbol como paradoja se ha instalado en el Madrid de José Mourinho. No se pueden obviar sus cualidades como entrenador. Es líder de la Liga BBVA con cinco puntos de ventaja por delante del mejor equipo de la historia; ha hecho pleno en la fase previa de la Champions;Ronaldorompe las estadísticas de goleadores en la primera vuelta y encima, ahora, se mata a defender. La realidad, sin embargo, es que el partido de ida ante el Barça ha abierto la caja de los truenos y lo que suena ahora es un aire de división, que va de la zona noble al césped, de la grada hacia el banquillo, por no hablar de las miradas sospechosas entre los propios jugadores y su técnico.

La feria va según quién te la cuente: en la T4 -así se llama a la zona noble del Bernabéu- se han puesto a temblar porque el modeloFlorentinose sustenta en su proyección planetaria. Eso que dice el himno dePlácido Domingo«que sepa el universo cómo juega el Madrid». La realidad es que el mundo está ahora a los pies del Barça porque su fútbol enamora,Messisonríe con su colección de Balones de Oro y sus capitanes saludan el año nuevo chino. La imagen del Madrid, entretanto, se focaliza en el pisotón dePepe-con el dedo en el ojo como trasfondo- o el sonoro titular con el que el prestigioso diario francésL'Équipeabrió ayer su edición: «El Real, al borde de un ataque de nervios», refiriéndose al tenso diálogo entreSergio Ramosy su técnico, desvelado porMarca.

Mourinhoempieza a darse cuenta de que el Real Madrid no es el Oporto, ni el Chelsea, ni el Inter. Ha tardado tiempo en entenderlo, pero ya sabe de qué va. En este club son intocables la historia y la afición. Se le ocurrió ningunear la historia con una alineación cicatera, plagada de jugadores sospechosos comoAltintop,CarvalhoyCoentraoy volviendo a subir aPepeal medio para dar un nuevo concierto deestopa. El Bernabéu no le perdona la imagen de los últimos 15 minutos, con los futbolistas desnortados y desquiciados, pisando y dando patadas a su historia. Sus jugadores se enteraron de aquella rocambolesca alineación dos horas antes del partido ante el Barça y ahora se busca al que envió un mensaje a un amigo con dos palabras demoledoras: «A rezar». Buscando al filtrador, Mou se ha olvidado de lo que mejor sabe hacer: entrenar.

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El Madrid solo remató dos veces a la meta dePinto,pero el tercer remate lo dio su técnico en esa silla de tortura que es, para él, la sala de prensa cuando se le ocurrió decir que «respeto, pero no escucho a la afición». Nunca ningún entrenador del Madrid se atrevió a llevar su altanería tan lejos. Por eso le pita una parte de esa afición.

Es cierto, como adelantóSiro López enPunto Pelota, que ya no vislumbra su futuro en blanco más allá de junio. Si gana un título al menos, porque llegará a un acuerdo para marcharse, y si pierde, porque sabe que le echarán. El problema para el Madrid es morrocotudo porque, después de queFlorentinoaceptase mutar el club a gusto de su técnico-mánager, detrás de los hipotéticos títulos solamente quedará tierra quemada.