Los cuartos de final de la Copa del Rey

El banquero que golea

Pablo Infante dirige una sucursal bancaria mientras sueña con brindar la mayor alegría de la historia del club

La estrella del Mirandés no parece dispuesto a cambiar de vida

El goleador del Mirandés Pablo Infante atiende a unos clientes en la oficina que dirige en Quincoces de Yuso (Burgos).

El goleador del Mirandés Pablo Infante atiende a unos clientes en la oficina que dirige en Quincoces de Yuso (Burgos). / VINCENT WEST

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EMILIO PÉREZ DE ROZAS / Barcelona

Los papás se empeñaron en que fuese«un chico de provecho». Y a fe que lo lograron. Él jamás les desobedeció, porque intuía que tenían razón, que el fútbol está bien para crecer, hacer amigos, ser solidario, hacer equipo, pero que los estudios te resuelven la vida.

Ahora, a los 31 años, por más ofertas que le llegan, los consejos de papá aún pesan. Por más cantos de sirena que oiga, todos sus paisanos, desde Burgos, donde nació, hasta Miranda de Ebro, donde juega y triunfa, pasando por Quincoces de Yuso, donde trabaja, y Los Santos de Maimona, donde nació su esposa, saben que Pablo Infante, la estrella del rutilante Mirandés, va a seguir salpicando de sensatez y buenas costumbres su vida.

Todo el día en el coche

Infante es el máximo goleador en la Copa 2011-12 (6 tantos); algunos los hubiesen firmado los mismísimos Maradona o Messi. Un vídeo de Pablo Infante podría dar la vuelta al mundo y cautivar a más de un ojeador. En realidad, ya ha sucedido, pero Infante está cada mañana, haga frío o calor, haya jugado o no el día anterior, en Anduva o en Barcelona, abriendo su banco, bueno, la sucursal de Caja Círculo, ahora fusionada (la llamaronfusión fría) con Caja de Badajoz y CAI de Aragón. A él eso siempre le importó poco, pues su único mandamiento, el que le obliga a hacer cada año más de 45.000 kilómetros en coche, es no fallar a sus paisanos, unos 500, a sus compañeros de equipo y a su familia. Por eso, tras jugar en Cornellà contra el Espanyol, se subió al coche y se pasó toda la noche conduciendo hasta Quincoces de Yuso. Llegó, se duchó, desayunó y abrió el banco.

El fútbol interrumpió hasta su boda. Después de planearlo todo, el partido de promoción, el pasado mes de julio, tocó jugarse el día después de la boda. Se casó, cenó pasta y pollo a la plancha mientras sus invitados disfrutaban de un auténtico festín y se fue a jugar a Anduva ante el Guadalajara. Ni noche de bodas tuvo.«Ya no llego a tiempo de cambiar, ¿verdad?», se pregunta mientras niega haber recibido ofertas para cambiar de aires.«El momento de vivir del fútbol se me pasó, pero nadie me va a quitar la alegría, el orgullo y la satisfacción que he proporcionado a los míos, especialmente a mis padres, de que me haya ido bien en mi carrera profesional y en el fútbol». Infante no para de recibir felicitaciones de sus clientes.«No está el tema para muchas alegrías y aquí, en Quincoces de Yuso, nos conocemos todos. Yo trato de echarles una mano, pero no siempre llego, no siempre me dejan».

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Infante asegura que, en estos tiempos, dirigir una sucursal bancaria, por pequeña que sea, es «muy duro, más que enfrentarse a los defensas». «A veces, tienes que apretar un poquito y otras abrir la mano, tener mano izquierda. Lo bueno que tiene estar en un pueblo es que sabes con quién tratas, con quién puedes hacer la vista gorda».