La final de la Copa Davis en Sevilla

Afición a prueba de bomba

Los errores organizativos no impidieron que los seguidores españoles se volcaran en animar a la 'armada española' y llegaran a anular en ocasiones los cánticos argentinos

Respaldo 8 El rey Juan Carlos, en el centro, fue una de las personalidades en el estadio de La Cartuja.

Respaldo 8 El rey Juan Carlos, en el centro, fue una de las personalidades en el estadio de La Cartuja. / REUTERS / MARCELO DEL POZO

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JULIA CAMACHO
SEVILLA

A finales de los 90, la afición sevillana se ganó a pulso el título dejugador número 12. Un honor que trata de demostrar con creces en cada evento con independencia de las trabas que encuentre. Y ayer fueron muchas, lo que no impidió que aceptasen el reto de la hinchada argentina y respondiesen a cada cántico visitante.

Los aficionados admitieron el elevado precio de los abonos e hicieron cola para adquirirlos. Pero finalmente las previsiones no se cumplieron y se vendieron 20.000 de las más de 27.000 entradas dispuestas para abarrotar el Estadio de La Cartuja, un recinto que más allá de puntuales eventos deportivos ha quedado destinado a espacio de conciertos y lugar de celebración de ceremonias religiosas varias.

Al llegar al Estadio, los aficionados soportaron estoicamente el intenso frío de la tarde o el tapón en los accesos a la pista cuando se cortó el paso para que llegara el Rey. E incluso que hubiera una grúa con una cámara tapando la visión, que consiguieron apartar a base de voces.

Protestaron pero también se quedaron cuando al llegar a su asiento comprobaron que la visibilidad reducida era precisamente eso: los jugadores convertidos en pequeños muñequitos y la imposibilidad de distinguir una bola que pasaba desapercibida en el fondo de lona verde, improvisado para impedir sin mucho éxito la entrada de molestos rayos de sol -motivo de queja de los jugadores argentinos los primeros días- o incluso de la lluvia que ayer se dejó ver en Sevilla. Las molestas goteras de primera hora motivaron incluso una amenaza de plante de la delegación visitante.

Los españoles, entre los que se encontraba la Duquesa de Alba con su marido, jugadores de fútbol, toreros como Fran Rivera o Curro Romero e incluso cantantes como Rosa López, intentaron combatir con pasión a la ruidosa hinchada argentina, que ganó la batalla de colocar banderas pero empató en la de los cánticos.

Polémica en el palco

El propio Nadal reconocía al final del primer partido, tras ser felicitado por el Rey en el vestuario, que era increíble escuchar a los aficionados venirse arriba con cada canto de los rivales, unas 2.000 personas. Parte de ellos fueronamablemente cambiados de sitio. Para anularlos encontraron un arma secreta, los platos de jamón serrano y embutido ibérico que se vendían en los puestos de comida junto a las tradicionales hamburguesas y perritos calientes y que sirvieron para apartar unos instantes a los rivales de la grada.

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También se desplegaron en la tribuna algunas pancartas que hacían alusión a las polémicas declaraciones del francés Yannick Noah sobre el presunto dopaje de los españoles.«No pozima, zí prozima» o«Nos dopamos con iJam 5Js»podía leerse.

La otra polémica se vivió en el palco presidencial. Tras la negativa de la Junta de Andalucía a patrocinar el evento --se ha recurrido al sector privado-, el presidente regional José Antonio Griñán excusó su presencia por trabajo y delegó en varios consejeros.