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LA SITUACIÓN AZULGRANA. OTRO TALENTO DE LA CANTERA

Historia de un exilio

Isaac Cuenca se fue dos veces del Barça antes de que Guardiola le abriera la puerta del Camp Nou

MARCOS LÓPEZ
BARCELONA

En poco más de una semana, Isaac Cuenca, un niño de Reus pegado a una pelota que ha ido dado tumbos por Catalunya, ha completado el círculo perfecto. Debutó en la Champions ante el Viktoria Pilzen, jugó de titular en Granada, salió el sábado en el once inicial ante el Mallorca formando el ataque con Messi («es mí ídolo, pero el jugador en el que más me fijo es Pedro», dijo luego), jugó de maravilla, marcó un gol, el 4-0, y amplió, junto a Deulofeu, el último niño que sale de la cantera, la lista de Guardiola. Hasta 19 jugadores de la casa han debutado con el técnico. Hoy, Cuenca se sube al avión, camino de Praga, junto a Alexis (viaja sin tener aún el alta médica), como uno más del primer equipo. Vuela sin despegar los pies del suelo.


LOS INICIOS
El Espanyol ficha a un malabarista de Reus
Todavía hoy se ve algún día a Isaac Cuenca pasarse por el campo de Reus donde empezó todo. Jugaba él, siendo un niño, en el Unió Barri Juroca, actualmente integrado en el Astorga. Se ve a Cuenca mirando partidos allí donde paseaba con una pelota. Era Isaac y un balón. En casa y fuera. Y como recuerda su padre, Juanlu, que trabaja en un taller de plancha y pintura de Reus, era capaz de ir desde su casa hasta el colegio (un trayecto de casi un kilómetro) sin que la pelota tocara en ningún momento el suelo. Apenas dos años en el Juroca y el Espanyol ya se fijó en él. ¿Cómo? «Teníamos un acuerdo con las escuelas de tecnificación de Tarragona y Albert Viñas, un gran perico, nos avisó», recuerda ahora Albert Villarroya, responsable de fútbol siete del club blanquiazul. No tenía Viñas mal ojo ya que también alertó sobre Oriol Romeu y Marc Bartra. Isaac hizo las maletas por vez primera. Venía a Barcelona para jugar en el Espanyol. El malabarista estuvo dos años: benjamín A y alevín B.

DESENGAÑO EN EL BARÇA
«Lo siento, pero me marcho, quiero jugar»
Ya, de pequeño, se pelearon por Isaac. Y muchas veces. «Lo vi en el Espanyol, entonces jugaba de extremo, interior, incluso media punta, y lo trajimos al Barça», recuerda Sergio Lobera, el primer entrenador que tuvo el niño de Reus en el Barcelona, en el alevín A y en el infantil A disfrutando del balón. «Tiene un gran regate y es muy inteligente, sabe cuando debe hacerlo, tiene una lectura muy interesante del juego», explica Lobera desde Sevilla, donde ha instalado su base para dirigir al Ceuta. Poco a poco esa ilusión por la pelota se iba difuminando de tal manera que en esos largos viajes en taxi a Reus masticaba su decepción.
Cuando volvía a casa y hablaba con sus padres (Juanlu y Coya) o con su hermana Jessica no se sentía feliz del todo. Aún tenía la pelota, pero no la tocaba tanto como antes. Ya no jugaba. Era suplente del israelí Gai Assulin en el cadete B. Y se cansó de no ver el balón. «Lo siento, pero me marcho. Vuelvo a casa, quiero jugar». Por vez primera, Isaac dejaba el Barça. No esperó ni a final de temporada. Se fue antes. ¿Y dónde está Gai? En el filial del Manchester City.

VUELTA A CASA
«Era bajito y delgado, pero muy hábil»
Regresa a Reus. A su casa. Adiós a esos largos viajes por la autopista del mediterráneo. Retorno a la infancia perdida en Barcelona. «Era un niño que no se había desarrollado mucho», cuenta Xavi Castro, coordinador entonces (y ahora) del Reus Deportiu que le acogió con las puertas abiertas. «Era muy bajito, muy delgado», añade el técnico. Enclenque, podría decirse incluso. «Su edad biológica no coincidía con la cronólogica, pero era tremendamente hábil. Tenía infinidad de regates», asegura Castro, que asistió durante tres años y medio a la progresión de ese joven que había recuperado la sonrisa. En Barcelona, tal vez agobiado por la presión, parecieron coartar su talento. Volvió a las calles de Reus y retornó el malabarista y hasta Calderé lo hizo debutar en el primer equipo con apenas 16 años. A mediados del 2008, cuando Guardiola dirigía al Barça B en Tercera, Isaac y sus padres se reunían con Castro para decidir el futuro. Le ofrecían jugar en el juvenil y estar en la órbita del primer equipo. «Pero Isaac dijo una frase que me dejó blanco: `Gracias por todo, pero yo quiero jugar en Primera División¿». A Castro no se le olvida esa premonición.

LA ESCUELA DE LA DAMM
«¡Mira lo que hace Cuenca con la pelota!»
Para llegar a Primera, Isaac no tenía más remedio que volver a Barcelona, pero ni Barça ni Espanyol habían reparado en él. La Damm, una escuela siempre fértil, anduvo lista. «Sí, claro que vendrás al Juvenil A de División de Honor, faltaría más», le dijo Óscar Cosials, coordinador del club cervecero. En un año, el fútbol de Isaac explotó. En el vestuario de la Damm, entretanto, varios jóvenes del Juvenil A se agolpaban ante un ordenador portátil antes de empezar los entrenamientos. «¡Mira, mira, lo que hace Cuenca con la pelota! ¡Qué pasada!», decían asombrados al ver en los vídeos de You Tube las diabluras de su compañero.
Él, entretanto, tren arriba, tren abajo, camino de Reus, junto a Saddik, otro joven, tramaba las jugadas que le guiaban a Primera. «Hace tres años, en la noche de la castañada, perdieron el tren y me llamaron por teléfono: `Óscar, ¿qué hacemos?¿», recuerda ahora con una sonrisa Cosials. Un taxi, más de 90 euros, y una bronca.

LA EXPLOSIÓN EN SABADELL
«A Isaac le gusta más el balón que el fútbol»
Un año en la Damm y, de nuevo, Barça y Espanyol peleándose por Isaac Cuenca. Elige vestirse de culé, donde García Pimienta descubre la versión más refinada de un extremo como los de antes. Es diestro, pero usa bien la izquierda. Regatea por fuera y por dentro. Hace un año, sin embargo, no va a la gira de Asia con el primer equipo (fueron hasta 17 jugadores del filial), Luis Enrique no lo ve preparado para el Barça B y tiene que marcharse de nuevo. Lluís Carreras, técnico del Sabadell, aguarda ansioso la llegada de su joya. Un producto de La Masia, aunque solo la pisó para comer. Nunca durmió en ella.
Isaac debuta en el Badalona. Es su estreno en Segunda B, quedan 10 minutos y suple a Eneko. «¡Pero de dónde ha salido este tío! ¡Qué regalo nos ha llegado!», exclama Puigdollers, uno de sus mejores amigos en la Nova Creu Alta. «A Isaac le gusta más el balón que el fútbol». Y así, dando toques al balón, ha llegado al Camp Nou. Al fin, se acabó el exilio.

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