LA TEMPORADA AZULGRANA

El Barça remonta el marcador y se despide en Málaga a lo grande

Un gol de penalti de Bojan activó la reacción azulgrana, a la que se sumaron Afellay y Bartra

Bojan celebra el tanto conseguido de penalti, ayer por la tarde ante el Málaga.

Bojan celebra el tanto conseguido de penalti, ayer por la tarde ante el Málaga. / AP / SERGIO TORRES

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JOAN DOMÈNECH
MÁLAGA

Un 0-3 en Santander para empezar y un 1-3 en Málaga para acabar. A lo grande, de principio a fin, ha sido la Liga del Barça, que volvió anoche a casa con otro récord en el zurrón. Ya había igualado dos veces las 13 victorias a domicilio que hace 15 años se anotó el Atlético y ayer, camino de Londres, sumó la 14. Con una reacción de orgullo, zafándose de la modorra propia de las seis de la tarde, levantó el marcador y abrochó el campeonato como el campeón que es.

Bojan fue quien activó el despertador de la siesta. Se sacó de la manga un penalti e igualó el tanto de Seba en un Barça descompuesto y funcionarial. A lomos del delantero, capitán ayer, que encendió también a la grada local, se sumaron luego Afellay y Bartra dejando al Málaga sin réplica. El bonito adiós que pensaba celebrar el cuadro blanquiazul se limitó al homenaje que tributó a Francesc Arnau, que se retiraba.

OTRO ONCE EXPERIMENTAL / A pesar de verse un Barça experimental, el equipo se activó con los alicientes que se formuló cada jugador. Entre los suplentes, los exlesionados que reaparecían y los canteranos que andan tomándole el pulso a la Primera, Málaga vio un Barça de pretemporada. Algo parecido al que se estrenó en agosto, cuando recién llegado de la gira asiática se topó con el Sevilla para dirimir la Supercopa: un equipo deslabazado, con voluntad y el acierto justo. Suficiente, sin embargo, para llevarse los tres puntos y alcanzar la cota de los 95.

Bojan resultó capital al forzar el penalti del momentáneo empate, muy protestado. La grada, además de excitarse sobremanera por la jugada -dio la sensación de que Clos Gómez, aquel árbitro al que Guardiola tildó de mentiroso el año pasado en Almería, quiso congraciarse con el barcelonismo-, le confirió entonces al duelo un aire competitivo del que carecía hasta entonces.

OBJETIVOS PARTICULARES / Era un partido inútil, de trámite. Un mínimo entretenimiento para los futbolistas, cada uno con su particular objetivo. El de Bartra para convencer a los técnicos de que se replanteen la búsqueda de un central en el mercado; el de Abidal, que ayer ejerció de central, como hacía dos días antes de que le detectaran el tumor en el hígado; el de Adriano y Maxwell para coger la forma por si les necesitan en Wembley. Los que tienen el puesto garantizado (Valdés, Puyol, Piqué, Xavi, Iniesta, Messi y Villa) vieron el partido por la tele de pago. Alves, muy pitado, Mascherano y Pedro aparecieron cuando la visera del estadio rebajó la temperatura y arrojaba sombra sobre el césped.

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Quienes acabaron acalorados fueron los centrocampistas, que hace un par de meses formaban la línea medular del Barça B en Segunda. Thiago, el más experto, fue el más destacado. Fontàs pasó por su tercera demarcación en tres partidos. Tras cumplir como lateral y como central, ayer se desenvolvió como mediocentro, donde exhibió su buen toque. Al lado de sus compañeros formó Sergi Roberto, que tuvo el honor de haber estado en las cuatro competiciones oficiales de la temporada. El interior de Reus fue la gran novedad del equipo. Fue a más con el paso de los minutos a medida que se sacudió la presión.

BUSCÁNDOSE LA VIDA / Con ese centro del campo, los delanteros no podían esperar una tarde con exceso de trabajo. Jeffren, Afellay y Bojan tuvieron que buscarse la vida. Cada uno guerreó por su cuenta. Jeffren chutó dos faltas en el primer tiempo antes de pedir el cambio en el segundo víctima de otra lesión muscular, Bojan se inventó un penalti que transformó, celebrado de manera estruendosa ante la indignación de La Rosaleda, y Afellay, se sacó de la manga un disparo desde fuera del área. Luego apareció Arnau. Diez años después de marcharse del Barça, el día en que Sergi Roberto y Bartra, con su gol, alumbraban otra generación.