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Análisis

Catalanoespañoles

Joaquim Coll

El domingo, la casualidad hizo que me encontrara a partir del minuto 75 de la segunda parte del partido en un espectáculo del Festival Grec, concretamente en un concierto de la Banda Municipal de Barcelona. Lamenté en los días previos esta inoportuna coincidencia, pero esto me permitió vivir la victoria española de manera singular. La mayoría de los asistentes, un público cien por cien barcelonés, seguíamos el simpático concierto dirigido por el maestro Salvador Brotons que interpretaba populares arias y zarzuelas con una oreja puesta en el ruido de fondo que parecía llegarnos directamente de la avenida de María Cristina. Mientras saboreábamos el dúo entre la soprano Marta Matheu y el barítono José Antonio López supimos por algunos murmullos y las miradas de complicidad entre el público que se jugaba la prórroga. Llegó el descanso del concierto cuando, desde el camerino donde se encontraban los músicos, se oyó un júbilo grito de gol. El público, de forma espontánea, rompió en aplausos, que se repitieron al cabo de tres minutos cuando finalizó el partido. Enseguida, los cohetes inundaron el cielo de Montjuïc, que durante la segunda parte del concierto arrojaron chispas de colorido sobre los populares fragmentos de zarzuela de Chapí, Vives y Sorozábal. Salimos doblemente contentos. Al bajar hacia el Paral·lel nos encontramos inmersos en una celebración pocas veces vista en Barcelona, donde la satisfacción por la victoria de España se expresaba con la mayor normalidad entre un gentío diverso.

Siempre es peligroso y a menudo tramposo sacar consecuencias políticas de un evento deportivo. Pero lo sucedido en Catalunya con los éxitos de la selección española supone un claro contrapunto a la manifestación del sábado, que, aunque fue ideológicamente plural, estaba dominada por la estética y las consignas soberanistas. La democracia ha consolidado una identidad dual, catalana y española, entre la mayoría de los ciudadanos, que se amplía ahora con la presencia de otras identidades como consecuencia de la inmigración. Los latinoamericanos del Poble Sec, los paquistanís del Raval y los chinos de la Ronda de Sant Pau celebran indistintamente las victorias del Barça y el triunfo de la selección mezclando símbolos y banderas. Son los nuevos catalanoespañoles. La Catalunya que ha engalanado sin complejos sus balcones con banderas españolas no acostumbra a salir en TV-3, ni es tenida en cuenta por gran parte de la opinión publicada en los medios de comunicación. Pero es la expresión de una realidad que subraya el absurdo viaje hacia ninguna parte donde algunos pretenden llevarnos.

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