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ANÁLISIS

El Nadal más estable, constante y tranquilo

Javier Duarte

Si Rafael Nadal hubiera necesitado ayer recurrir a una marcha, o dos más, para ganar la final de París, la hubiera encontrado. El de ayer fue el Roland Garros que ganó con más autoridad y menos sufrimiento. El tenista mallorquín demostró ante Robin Soderling inteligencia, constancia, tranquilidad y estabilidad, sin dejar de lado su tradicional e insobornable espíritu de lucha. Si no pierde la motivación, sus contrincantes cada vez lo tendrán peor.

EL RIVAL
La final de París le viene grande a Soderling

Le sucedió el año pasado ante el entonces número 1, Roger Federer, y le volvió a pasar ayer ante el futuro número 1, Rafael Nadal. El sueco Soderling se ha convertido en un Top ten cualificadísimo, un jugador temible en casi todos los casos. Pero las finales de torneos tan grandes como el de París le vienen grandes. Ayer vimos un partido muy similar al de hace 12 meses. Soderling estuvo muy lejos de tener posibilidades de ganar el encuentro. Para hacerlo, debía estar muy fino con su servicio, y la verdad es que logró muy pocos puntos con él. Y no es que las cosas se le pusieran muy complicadas desde el principio. De hecho, gozó de las primeras bolas de rotura tanto en el primer set como en el segundo. Pero al sueco le falta un punto, un peldaño más, para las finales de Grand Slam, al menos si delante tiene a una auténtica estrella como Nadal o como lo fue el año pasado Roger Federer.

 

EL CAMPEÓN
Un ganador que vuelve a creer en sí mismo

Lo mejor de Nadal ayer fue su constancia y creer siempre en sí mismo. No tuvo dudas. Rafa ganó con inteligencia, constancia, tranquilidad, con un tenis muy estable. Necesitó muy pocos puntos épicos, de aquellos a los que nos tenía acostumbrados en los primeros años en el circuito, para doblegar la resistencia de Soderling. Y no es que Nadal no luche. Al contrario, lucha igual que siempre, pero ya no le hacen falta tantas exhibiciones. El rival sabe que, para ganarle un punto, debe tirar cuatro veces a las líneas, y esto es muy difícil. A Nadal lo veo muy maduro, con menos puntos de esos épicos que tanto gustan, pero con más constancia. Parece que no hace mucho, pero lo hace todo mejor que nunca. Sobre la tierra de París le bastó ayer con sacar un poco abierto, abrirse de derecha y ganar así puntos más fáciles con su mejor golpe. ¿Más aburrido? Quizá sí, pero esta comodidad con la que ganó ayer es la mejor señal de que está jugando como nunca.

EL FUTURO
Hay número 1 para mucho tiempo

El futuro pinta muy bien para el cinco veces campeón de Roland Garros. Y no solo en tierra, su territorio de referencia, en el que es el indiscutible rey. Personalmente, mientras mantenga la ilusión y la motivación que tiene ahora mismo, veo muy difícil que pierda su reinado en tierra. ¿Por qué? Porque los demás, en vez de recortarle terreno, están cada vez más lejos. No veo que Djokovic, Murray o incluso Federer hayan recortado diferencia con respecto a un Nadal al que tendremos mucho tiempo como número uno. Tal como ha quedado planteado el año, Rafa lo tiene muy bien. La temporada pasada fue muy intermitente para él, y en cambio en esta ha superado todos sus resultados en tierra. Si no le hacen daño en pista rápida, será número 1 durante bastante tiempo.

Además, ahora va a llegar a la hierba en plenitud de forma, tanto de juego como anímicamente. Está capacitado para volver a ganar en Wimbledon. La única diferencia con respecto a Roland Garros es que, en este caso, no es el único favorito, sino uno de los cuatro o cinco favoritos. Que no es poco. Pero en hierba, además de Federer, Murray, Roddick Djokovic, hay que contar con los grandes sacadores que, en un día inspirado, te pueden echar.