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Laporta se baja la nota

David Torras

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Contra lo que proclamó en tono críticoJoan Laporta hace un año y medio antes de la moción de censura, a los socios del Barça no es fácil que los embauquen, y los resultados de la encuesta que publica hoy EL PERIÓDICO refuerzan esa idea. Desde la valoración positiva que se hace de la gestión del presidente y de la junta hasta el hecho de que la intención mayoritaria de voto apunte aSandro Rosell,o la condena unánime del episodio del espionaje y, por supuesto, la apabullante unanimidad sobre la continuidad deGuardiola –guste o no, elegido porLaporta–, todo responde a una coherencia incuestionable.Laporta y la junta

–ésta y, por extensión, las anteriores a las distintas crisis internas– merece el reconocimiento por su labor en estos años, tanto deportivamente (tres Ligas y dos Champions) como en la vertiente social, con la proyección de la imagen solidaria del club tras su asociación con el Unicef.

La cuestión es queLaportaha empañado esa labor con actuaciones por las que se ha ganado unos cuantos suspensos y que le han rebajado el notable que se le otorga mayoritariamente. De la misma manera, ha sido la propia junta la responsable de que ahora mismo los socios no apuesten por la continuidad pese a bendecir su gestión. ¿Cómo van a hacerlo si la directiva no ha sido capaz de dar una imagen de unidad y consensuar un candidato, si han llegado a espiarse entre ellos para desactivar posibles aspirantes? Sobre ese episodio, los socios no tienen dudas: de seguridad, nada. Tenía fines electorales y debería haber provocado la dimisión deJoan Oliver. Nadie ha podido embaucarles para que se traguen la versión oficial.

En este escenario,Rosellmantiene intacta la imagen que dejó cuando dimitió y que aún se asocia al fichaje deRonaldinho. Representa un cambio pero, en el fondo, también es heredero del espíritu con el que nació este proyecto. Igual queFerran Soriano. Y esa identificación, combinada con el distanciamiento del desgaste del día a día, da votos. Es la ilusión de que todo seguirá igual pero sin «al loros»de los que avergonzarse. Eso ahora, claro. Después, en la campaña, se expondrán a la erosión que ellos no han sufrido, con el riesgo de que les bajen la nota.