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Jennifer Lawrence cuenta el día en el que casi muere: dejó mensajes a su familia despidiéndose

El avión en el que viajaba perdió uno de los motores

Vaya sustaco.

PATRICIA ÁLVAREZ | CUORE.ES -

Parece ser que el día que se cayó de morros al ir a recoger su Oscar no fue el único aterrizaje de emergencia en la vida de Jennifer Lawrence (31)... La actriz ha recordado el aterrador momento en que su avión sufrió un accidente en 2017.

Ha sido en una entrevista concedida a la edición americana de la revista 'Vanity Fair', de la que es portada en su último número, en la que la actriz ganadora del Oscar contó que en 2017 cogió un avión privado desde su ciudad natal en Kentucky hasta la ciudad de Nueva York, y durante el vuelo el avión se vio obligado a hacer un aterrizaje de emergencia en Buffalo.

Al parecer, uno de los dos motores del avión había fallado, por lo que el aterrizaje tuvo que hacerse con uno solo. "Mi esqueleto era todo lo que quedaba en el asiento", dijo Jennifer. "Todos íbamos a morir. Empecé a dejar pequeños mensajes de voz mentales a mi familia, ya sabes, 'he tenido una gran vida, lo siento'". Y continuó: "Me sentía culpable. Todo el mundo iba a estar tan desanimado. Y, oh, Dios, Pippi (su perro) estaba en mi regazo, eso fue lo peor. Aquí está esta cosita que no pidió ser parte de nada de esto".

Jennifer recordó también cómo desde el aire podía ver cómo llegaban las ambulancias y los camiones de bomberos a la pista de aterrizaje, momento en el que "empezó a rezar". "No al Dios específico con el que crecí, porque era aterrador y un tipo muy crítico", dijo. "Pero pensé: Dios mío, ¿quizá sobrevivamos a esto? Seré una víctima de las quemaduras, esto será doloroso pero tal vez vivamos". Y bromeó: "'Por favor, Señor Jesús, déjame conservar mi pelo. Envuélveme en tus brazos amantes del cabello. Por favor, no dejes que me quede calva".

En la misma entrevista, Jennifer se sinceró sobre cómo está siendo la espera de su primer hijo con su marido Cooke Marony, especificando que no se sentía cómoda hablando de su bebé con la prensa. "Si estuviera en una cena y alguien dijera: 'Dios mío, estás esperando un bebé', no me pondría en plan: 'Dios, no puedo hablar de eso. Aléjate de mí, psicópata', pero todos mis instintos quieren proteger su privacidad durante el resto de su vida, tanto como pueda", explicó.

"No quiero que nadie se sienta bienvenido a su existencia", continuó. "Y siento que eso empieza por no incluirlos en esta parte de mi trabajo".