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A la abuela de Elena Tablada eso de la boda no le convencía mucho...

CUORE.ES -

La abuela de Elena Tablada, doña Elena Moure, ha realizado unas sorprendentes declaraciones para hacer públicas todas sus emociones al ver a su nieta, el 6 de diciembre, recorriendo el pasillo que la conducía al altar de la iglesia de San Juan de Letrán, en La Habana, y comprometiéndose de por vida por la vía religiosa con su ya marido Javier Ungría, con quien ya había protagonizado una discreta boda civil en Miami en el verano.

La abuela no podría sentirse más feliz y orgullosa por haber sido testigo directo de cómo su nieta contraía matrimonio con el hombre de su vida, pero ha confesado que nunca estuvo de acuerdo con la decisión que tomaron los novios de casarse en el mismo sitio en el que, 71 años atrás, lo hacía la propia doña Elena con su ya fallecido marido: más que nada por la mezcla de tristeza y nostalgia que sentiría al recordar su propia boda.

"Yo no quería que mi nieta se casara en Cuba, les pedí que lo hicieran en otro lado, pero ella se empeñó y además eligió San Juan de Letrán, donde su abuelo y yo nos casamos hace 71 años. Imagínate lo que yo sentí cuando entré en aquella iglesia donde a los 19 años me convertí en la esposa del hombre que me hizo tan feliz y que tanto me quería", ha contado Elena Moura en una entrevista a Informalia.

Al margen de contradecir a su nieta en cuanto a la decisión que tomaron acerca del lugar donde debía celebrarse la ceremonia, lo cierto es que doña Elena no le guarda mucho rencor a la diseñadora por haberle forzado de alguna manera a revivir un pasado tan lejano y emotivo, ya que también espera que la iglesia de San Juan de Letrán le sirva a Elena y a Javier de talismán para disfrutar de una unión tan buena y duradera como la que ella mantuvo con su marido Jorge Tablada: un prestigioso cirujano que tuvo que exiliarse de Cuba junto a su mujer tras la llegada del castrismo.

"Nos queríamos tanto que Jorge quiso que nos casáramos cuando todavía no había terminado la carrera de Medicina. Mi papá le dijo que esperara a ser licenciado, pero él no quiso y nos casamos. El choque emocional al entrar allí... No lo puedo describir. Y como la iglesia estaba llena de flores y decorada preciosa, no había ninguna diferencia con mi boda. Yo sólo le pedí a Dios que Elena y Javier fueran tan felices como lo hemos sido sus abuelos", ha asegurado con emoción.