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Ideas prácticas para pasar el verano teletrabajando desde cualquier parte

Autogestión, qué bonito nombre tienes...

En casa, en un destino turístico, con tu madre poniéndote unas tostadas delante... Casi todo vale.

ARACELI OCAÑA | CUORE.ES -

La pandemia ha traído muchas cosas malas pero a algunos nos ha concedido un deseo que venía de lejos: la posibilidad de teletrabajar (definitiva o temporalmente). Sin embargo, para muchos se ha convertido en una tortura, quizá porque la idea de trabajar en remoto no era tan bonita como se presentaba en sueños, quizá porque no le han dado una oportunidad verdadera para ejercerlo... Opciones hay muchas, pero nosotras queremos darte una buena noticia: hay una serie de ideas que te ayudarán a llevarlo mejor y, déjanos que te digamos una cosa, elige un destino y vete ya mismo si puedes, porque vas a poder pasar el verano teletrabajando desde cualquier sitio (y disfrutar un poco de ello).

Asegúrate de poder mantener la concentración

Cada vez que ves un manual del teletrabajo te dice lo mismo: reserva un sitio especial para hacerlo, asegúrate de estar correctamente sentada... Todo eso es importante y es verdad, cualquier experto en riesgos laborales te lo dirá, pero déjame decirte que mi lugar favorito para trabajar es el sofá de mi casa. Mi espalda lo sufre, así que me dejo esa localización para reuniones o cuando quiero escribir textos largos, como este. Es mi pequeño premio, porque además es el sitio donde mejor me concentro, así que mi trabajo también se beneficia de ello.

Seguramente tu casa (o la que elijas donde vayas) no tendrá muchos rincones para que montes despachos, ojalá, así que simplemente asegúrate que, donde estés, puedas disfrutar de una necesaria concentración. Que no se oigan televisiones de fondo o aparezca, como bromeábamos en el título, tu madre con unas tostadas. Es un detalle bonito pero es mejor que te levantes tú a por ellas cuando tengas un hueco libre. 

Confirma también que tendrás todas las herramientas necesarias

Ya sabes: internet de alta velocidad (las videollamadas son muy necesarias hoy en día y necesitan enviar y recibir muchos datos), buena cobertura del teléfono, un lugar en el que tu ordenador no se calentará a las pocas horas... No vale pensar en el apartamento de la playa y decirte a ti misma: "En lo que desayuno en la cafetería de abajo, trabajo", porque ni concentración ni internet ni nada. En la oficina es la empresa quien se suele encargar de que no te falte de nada, en el teletrabajo el compromiso lo pones tú.

Autogestión

Mucho se habla de ello pero a mis manos ha llegado un libro fantástico que deberíamos leer todos: teletrabajadores, trabajadores presenciales, equipos, jefes... Se llama 'Teletrabajo: autogestión y liderazgo de equipos' y lo escribe un experto en esos tres conceptos, Francisco Rábano. Generosamente, el autor explica cómo aprender a autogestionarse, una de los retos más importantes hoy en día (y especialmente en la distancia). Hay que establecer una confianza mutua (de ahí que subrayemos la importancia de que esto lo trabajen de manera conjunta líderes y sus equipos), hay que tener libertad, pero también hay que organizarse bien y poner límites.

Para la organización, Francisco sugiere preparar listas de tareas que no añadan presión, sino que marquen prioridades para uno mismo, ser conscientes que el cálculo del tiempo suele pecar de optimista y, entre otras cosas, fijarse objetivos personales a largo plazo; metas de aprendizaje, por ejemplo, y evaluación del rendimiento (sin pasarse con la autocrítica). Para algunos de estos retos, en el libro se detalla la Técnica del Pomodoro, que combina períodos de alta concentración con otros de descanso, muy efectiva si realmente echas en falta sacar adelante tus tareas.

Marca límites: el ritual de cierre

Un mal del que la gran mayoría tiene queja es la ausencia de límites: compañeros que organizan reuniones fuera de horario, peticiones a deshora y esa sensación de estar siempre disponible. Si, además, te has ido a un destino vacacional deseando disfrutar de las últimas horas de sol, te generará una gran frustración que no queremos.

Contra prácticas empresariales abusivas (esta lo es) hay que luchar en la medida de lo posible, pero aún nos queda una victoria personal y es ser nosotras mismas las que pongamos fin de una manera clara a la jornada. Francisco explica en el libro su propio ritual de cierre, que pone en práctica cada día justo mientras apaga su ordenador: repasar todo lo que ha hecho ese día (tachando las tareas prioritarias cumplidas en una lista sientes una gran satisfacción, créeme), preguntarse qué ha aprendido esa jornada y finalmente recoger el espacio y pronunciar una frase de cierre ("Y con esto y un bizcocho, hasta mañana a las 8" es un lema incombustible).

Una vez que tú tengas claros tus límites te resultará algo más fácil marcárselos a los demás: yo, por ejemplo, tengo muy claro mi horario y aunque he tenido suerte y poca gente lo ha cuestionado, siempre tengo en mente esa línea inquebrantable, también la de mi equipo. A veces surgen imprevistos y por eso no me importa volver a encender el ordenador, porque como caso muy excepcional no siento esa 'quemazón' del abuso constante.

¡Disfruta!

Pero disfruta de verdad, evalúate con objetividad y analiza qué has hecho bien, en qué podrías mejorar y no te castigues demasiado: simplemente, esfuérzate en hacerlo un poco mejor cuando las cosas no salen como quisieras. Si tienes todo lo anterior y además estás teletrabajando en un lugar donde el verano parece que se vive con más intensidad, no será como vivir de vacaciones (ojalá) pero restará muchísima presión a la rutina del día a día.