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¿Ahorrar en vacaciones? Nueve consejos para reducir gastos este verano

Llega a septiembre con más dinero

Acepta estos humildes consejos de esta gastona reconvertida en ahorradora (y economista profesional).

ARACELI OCAÑA | CUORE.ES -

Por primera vez en la Historia voy a hacer uso de mi titulación en Economía y lo hago simplemente para que me hagas caso: se puede ahorrar en vacaciones. Reducir gastos en verano parece imposible y hasta yo lo pienso y casi me estremezco, porque además de economista (entre otras cosas), soy una gastona. Si buscas el resto de reportajes que escribo en Cuore, podrás ver que no me corto en seleccionar ropa de rebajas, sin rebajas, caprichos caros, baratos... Y aún así tengo un nivel de ahorro importante. 

Estos son mis trucos veraniegos:

1. Ponte un límite de dinero

Nadie quiere tener límites, lo sé, y especialmente en verano, así que mi consejo es que elijas uno que te permita darte unos cuantos caprichos, o sea, que sea elevado, pero que aún así te deje con dinero guardadito en la cuenta.

Si en verano ahorras pero ahorras menos que el resto del año tampoco pasará nada (el problema vendría si en vez de una excepción fuese la norma). Existe una versión más avanzada en la que puedes calcular cuánto te puedes gastar por día o semana, que viene bastante bien si te vas de vacaciones, así si comes fuera o te compras un capricho, sabrás que es posible que ese día tengas que recortar en otras cosas. Y si pasas un día 'ahorrador' total... Se acumula para el siguiente.

Y esto me lleva directamente a mi truco número dos.

2. Elige muy muy bien dónde te vas de vacaciones

No es broma y tampoco quiero que te asustes, pero de nada te sirve que te cueste muy barato un hotel si tienes que pagar un transporte altísimo o no hay ni un sitio económico donde comer en los alrededores. Todo suma. Y cuando digo todo, me refiero a que coger un 'paquete de vacaciones low cost' y gastarse cientos de euros en los bikinis nuevos tampoco tiene mucho sentido.

En relación a esto, vienen varias recomendaciones extras: mejor coger una casa que un hotel, o al menos, que lo que cojas tenga cocina (a no ser que encuentres un todo incluido baratísimo y no te importe comer lo mismo todos los días de tu estancia).

También, recuerda que desayunar en cualquier bar (o mejor aún, hacértelo tú misma) casi siempre será más barato que lo que te ofrezca el alojamiento (y si te hace mucha ilusión, date el capricho el último día, de despedida). Localiza supermercados cercanos y compra también pensando enpequeños homenajes: no te hagas la vida miserable cogiendo solo lo que comes habitualmente, añade algún snack, refrescos si te gustan y puedes enfriarlos... Ya sabes, esas pequeñas cositas que te alegran la vida pero que aún así serán más baratas que salir cada tarde y cada noche.

Por cierto, sobre lo de elegir bien el destino: a mí me ayuda mucho leer opiniones de otros antes de reservar cualquier cosa, ya sea habitación, casa o restaurante. Lo miro todo y así luego no hay sorpresas (que las trampas para turistas no nos excluyen a ninguno).

3. Planifica

Por si no te había quedado claro con los puntos anteriores, los ahorradores no somos muy amigos de la improvisación. Está bien apuntarse a un plan a última hora pero sabiendo perfectamente dónde y cómo va a suceder. Llámame rancia pero si una amiga me propone quedar a cenar me parece fenomenal siempre y cuando ambas estemos de acuerdo con el ticket medio que tiene el restaurante. A nadie le gusta hablar de dinero así que si tu límite es bajo, bajo, ten guardados varios ases y propuestas alternativas en la manga.

Planificar a largo plazo y saber dónde estaremos en una fecha, además, nos hace tener un objetivo: "Si quiero irme de vacaciones en septiembre, en agosto tengo que recortar gastos para poder disfrutar a tope allí." Sorpresas que te dejas para el futuro.

4. Caprichos sí, ¿pero cuáles?

Yo soy muy de justificarlo todo con un "porque me lo merezco". Y eso incluye si estoy contenta, si estoy triste, si estoy aburrida, si estoy a tope de planes, si es lunes, si estoy de vacaciones, si no... Todo. Tengo excusa para todo pero como me conozco bien he buscado varios trucos para engañar a mi caprichosa mente. 

El primero, buscando el equilibrio. Disfruto mucho yendo a restaurantes a comer pero si voy todos los días no lo aprecio, así que con una vez cada muchos días me vale, simplemente elijo bien donde voy y así sé que la experiencia me va a encantar. Entre medias "aguanto" esa necesidad de salir tomando simplemente un refresco en una terraza. Me recuerdo a mí misma que la experiencia vale mucho más que cualquier cosa que te pongan en el plato, así que valoro la compañía y la situación y ya tengo un recuerdo del verano más (porque, sí, mis veranos se miden por la cantidad de recuerdos que acumulo).

El segundo truco que utilizo es 'calmar' el ímpetu de gastar al que me veo abocada en esta sociedad consumista dejando reposar las decisiones de compra. Y si no lo hago cuando compro, lo hago después. Me paso el día haciendo devoluciones pero es lo que hay: pocas cosas acaban quedándose en casa desde que la pandemia me ha enseñado que no necesito casi nada nuevo. Compro compulsivamente, devuelvo con muchísima cabeza.

5. Gastando (lo que tienes) hasta el final

Esto te va a parecer una tontería pero no necesitas comprar más latas de atún si aún no te has comido las anteriores, ni una nueva crema hidratante, ni nada.

Hay una nueva moda de gastar los botes de todo hasta el final (porque intenta hacer memoria, ¿cuántos cosméticos recuerdas haber terminado? Es más, los expertos en cocina recomiendan utilizar el verano y la imaginación para vaciar congelador y la despensa y empezar septiembre de cero. Un paso más allá es el que evitar el desperdicio, con las recetas de Fabián León (que acaba de publicar, además, el libro 'No me tires') yo me he ahorrado varias compras de packs de verduras para hacer caldo y euro a euro...

6. Cada euro cuenta

No te tires por tierra. Esto es un clásico que te dirá cualquiera con consejos de ahorro pero es verdad. Cada euro ahorrado lo tienes para gastar en otra cosa. ¿Sabes cuándo me lo digo yo mucho? Cuando revendo (baratísimos) libros que ya he leído y ocupaban sitio en casa o ropa que ya no me ponía. Fíjate si cuentan que yo acumulo ya 200 euros en una de esas aplicaciones; los estoy guardando, precisamente, para gastarlo en vacaciones.

7. Descuentos, siempre

Mira, esto sigue en línea con lo anterior pero parece que hay gente que no hace uso de ello. Antes de cada compra, busca si hay ofertas. Ahora que compramos tanto por internet, yo no me perdono darle a 'pagar' sin haber hecho una búsqueda de cupones pertinente. A veces si no hay, no hay, pero es un imprescindible que tienes que tener siempre metido en tu cabeza.

Eso, y esperar a que los precios bajen. En Amazon, por ejemplo, bajan muchísimo de precio varios títulos de libros electrónicos cada día (por no hablar de los que te incluyen gratis con tu suscripción). En rebajas, ya sabes, solo es cuestión de tiempo y esperar a que algo pase a esta categoría (en el caso de Mango, yo busco primero en su Outlet online y luego en su página, aunque también estoy suscrita para recibir sus perpetuas promociones para socios).

En el súper cada vez es más habitual ver productos que caducarán pronto a menor precio: dos semanas llevamos comprando salmón por esto mismo en mi casa, yo iba a por otra cosa pero si me gusta el salmón y está mejor de precio, ¿por qué no?

8. Los planes baratos (o gratis) suelen ser los mejores

A ver, ya sé que suela a consuelo de pobre, pero me voy a explicar. Yo, por mi trabajo, he vivido experiencias de todo tipo y no me voy a poner a presumir pero esto incluye algunas de lujo extremo que, por supuesto, he disfrutado muchísimo. Pero por eso puedo comparar y me doy cuenta de que lo que convierte un plan en un recuerdo para siempre es que sea único.

No es lo mismo ir a un chiringuito de moda en Puerto Banús que ir a una pequeña playa y alquilar una hamaca pero nada tendrás que envidiarle si al plan le unes la preparación de la cesta del día e incluyes sorpresas para todos (incluida tú): juegos, una nevera fresquita con aperitivos, bebidas y por qué no, hasta fruta cortada como si fueses una influencer, vasos divertidos, las cremas del sol personalizadas con nombres... Lo que se te ocurra.

Y esto aplica a todo: monta un plan y vete de cine de verano con picnic casero, monta otro plan y pasa la tarde en la piscina municipal, otro plan y tarde jugando a los globos de agua como si tuviésemos muchos menos años de los que marca el DNI. En fin, la imaginación es gratis y si no se te ocurre nada, internet (y Pinterest) siempre van a estar de tu lado.

9. Ahorrar lo mismo que durante todo el año

Bueno, esto lo tendremos que trabajar más adelante, pero una cosa que te puede ayudar mucho es mantener tu nivel de ahorro. Mi truco estrella es automatizar los movimientos: yo el día 2 de cada mes ya sé cuánto puedo gastar porque mi cuenta de ahorro se ha 'quedado' la cantidad que elegí hace ya mucho tiempo. Y es una cantidad muy alta (porque me gusta mucho ahorrar) e intocable (porque también me gusta gastar). Cuando llega el verano vivo con la tranquilidad de saber con cuánto cuento.

Quizá en tu caso sea más difícil, hay muchas situaciones y todas son respetables, por supuesto, así que si quieres empezar flojo y dejar el ahorro fuerte para el invierno, yo una vez utilicé un truco con el que ahorraba casi sin darme cuenta y conseguí tener mil euros más en un año. El ahorro veraniego será la primera piedra de ese caminito.

Y sobre todo, pase lo que pase, es importante cuidar las finanzas pero también la salud mental: si llega el otoño y no has ahorrado nada de nada, no te martirices, tienes una nueva oportunidad. Que con lo que llevamos ya es...