Entrevista
Fernando Amat (Vinçon): "Mi trabajo era comprar lo que me gustaba. Un trabajo fantástico, ¿no?"
Fernando Amat elige 100 objetos de Ikea que le habría gustado tener en Vinçon
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Fernando Amat, acodado en la cocina infantil Duktig, en la exposición '100 objetos de Ikea que nos habría gustado tener en Vinçon', el jueves / JORDI COTRINA

Un recorrido rápido con Fernando Amat (Barcelona, 1941) por la exposición '100 objetos de Ikea que nos habría gustado tener en Vinçon' para hacer los retratos de esta entrevista, el jueves pasado a la una, explica de maravilla qué fue la tienda del paseo de Gràcia para Barcelona. Primero una mujer y después un grupo de tres mujeres reconocieron a Amat y se acercaron a él como si fuera un ídolo pop. La mujer solitaria incluso se hizo una foto con él. No está mal para un 'botiguer'. La muestra, comisariada por Juli Capella, estará en el Disseny Hub Barcelona hasta el 23 de febrero. En la primera semana recibió 5.000 visitantes, una cantidad muy notable. El comercio, clausurado en 2015, dejó huella en la ciudad en su larga etapa con Fernando Amat como ideólogo.
¿Qué hacía usted en Viçon?
Compraba, que es más interesante que vender. Yo raramente vendía, me escaqueaba siempre porque no era un buen vendedor y había otros que lo hacían muy bien.
Juli Capella le definió en la presentación como un "gurú" del diseño barcelonés. ¿Cuál era su relación con los diseñadores de la ciudad?
Juli es tan amigo que a veces me pone un poco demasiado arriba. A lo mejor me llevaba bien con un diseñador cuyo trabajo no me gustaba, y lo contrario, encontraba un producto que me gustaba mucho y cuando conocía al diseñador era un pesado. Pero a mí solo me importaba el producto. Si veía algo que me gustaba, lo compraba y ya está. Rara vez pude comprar algo porque fuera simpático el diseñador.

Fernando Amat, retratado con bolsas de Vinçon detrás, en el Disseny Hub Barcelona / JORDI COTRINA
No hizo estudios relacionados con el diseño. ¿Cómo desarrolló un gusto que acabaría siendo influyente?
Fue un poco casual. Yo estudié hasta cuarto de bachillerato [último curso del bachillerato elemental, de los 10 a los 14 años] y después empecé a trabajar en Vinçon porque era de mi padre. Mi hermano [Juan] también. Estábamos todo el día tocando cosas. Unas nos gustaban y otras no tanto. Cuando murió nuestro padre mi hermano y yo nos dimos cuenta de que lo que estábamos intentando vender igual no era lo adecuado. Mi hermano empezó a ocuparse más de las ventas y yo de las compras. Mi trabajo pasó a ser buscar cosas de aquí y de fuera que me gustaran. Un trabajo fantástico, ¿no?
Envidiable.
El mejor del mundo. Por eso si salía del despacho a la tienda y alguien me preguntaba alguna cosa me lo sacaba un poco de encima.
Recorríamos las ferias de principio a fin, sin dejarnos ni una calle. A lo mejor nos costaba cinco días, pero lo mirábamos todo
¿Cómo hacía las compras?
Sobre todo en ferias. Iba con mi sobrino Sergi, hasta a seis u ocho al año, de Valencia a China. Recorríamos las ferias de principio a fin, sin dejarnos ni una calle. A lo mejor nos costaba cinco días, pero lo mirábamos todo. Acabábamos agotados, pero era emocionante.
Los escaparates de Vinçon consistían a menudo en un artículo repetido. ¿De dónde salió esa idea?
Los primeros años de estar en Vinçon hacía algún trabajo fuera de Vinçon. Hacía por ejemplo los escaparates de una tienda de electrodomésticos del paseo de Gràcia, y esto quizá sirva como respuesta. Cada mes tenia que hacer el escaparate, pero cada mes querían que pusiera neveras, que era lo que vendían más. Un mes ponía la nevera más alta a un lado y hacía que fueran bajando de altura hacia el otro. El mes siguiente, al revés. Y pequeñas variaciones de esto porque no podía hacer mucho más. En Vinçon descubrimos que los aparadores sirven para que la gente entre en la tienda, no para que se fije en un objeto. Nos funcionaba que fueran extraños e incluso tontos. Hicimos alguno con productos que no estaban en Vinçon. La gente se paraba, miraba, se reía... y entraba.
La primera vez que fui a una tienda Ikea fue en París y descubrí que estaba muy de acuerdo con lo que la empresa fabricaba. No la pifiaban demasiado
¿Tiene algo de 'boutade' su admiración por Ikea?
No. Es una admiración totalmente sincera. La primera vez que fui a una tienda Ikea fue en París y descubrí que estaba muy de acuerdo con lo que la empresa fabricaba. No la pifiaban demasiado.
¿Sus casas están muy llenas de objetos?
Sí. Hay más de los necesarios. Cosas que seguramente no tendría que haber comprado pero que compré. Sobre todo cosas raras.
Amat no para de tocar y mirar el vaso con forma de pequeño barril en el que le han servido un cortado en la cafetería del Disseny Hub. ¿Le gusta? "Está bien -dice-. Y mira que hay vasos desastrosos, como los de tubo, que estuvieron tan de moda".
¿Progresa con la ebanistería?
Sí, sí. Siempre había tenido una mesa y cuatro herramientas para hacer alguna cosa. Cuando cerró Vinçon el taller fue ampliándose y en los últimos cinco o seis años me he dedicado bastante. Siempre que hago algo, lo fotografío y ya tengo como 300 o 400 proyectos.
¿Puede hacer, por ejemplo, una silla?
Claro. Y una silla es de lo más difícil de hacer. Desde una solución para una puerta que falla a una litera, siempre cosas con las que me lo paso bien y para amigos, familia, conocidos... Nunca facturo. Ahora me he juntado con otro jubilado y hacemos cosas. No hablamos demasiado, pero nos entendemos bastante. Estamos haciendo una cosa que quizá sea la más interesante que he hecho, por rara. Él vive en Mataró y tiene amigos o familiares que tienen algo que ver con una iglesia de la ciudad. Para lo alto del campanario, un espacio pequeño, nos han pedido unos bancos para que cuando invitan a personas a ver tocar las campanas puedan sentarse. Ya tenemos el prototipo y ahora lo tenemos que llevar allí a ver si va bien, si no baila... A que nos lo aprueben.
He aprendido a contenerme bastante en las ferreterías. He comprado cada cosa...
¿Es de los que lo comprarían todo en una ferretería?
Todo no, pero mucho sí. He aprendido a contenerme bastante. He comprado cada cosa... Cosas que no usaré o que no estaban tan bien como pensaba. Mi primera opción es ir a Servicio Estación, porque aparte de que tienen cosas que están bien, lo tienen todo.

Fernando Amat, con el legendario calendario de Vinçon / JORDI COTRINA
¿Qué es lo último que ha comprado?
Dos pantalones. Me los tengo que arreglar con la máquina de coser porque los pantalones siempre me quedan largos y tengo que arreglar los bajos.
¿Cree que uno de los motivos por los que Vinçon no acabó de ir bien en Madrid (1997-2011) es que hay un gusto diferente que en Barcelona?
Sí. Nos equivocamos, no entendimos Madrid. Y, si lo hubiéramos entendido, quizá no habríamos abierto esa tienda. Fue un error llevar a Madrid los mismos productos que teníamos en Barcelona. Aparte, la tienda era muy bonita pero un poco extraña, no tenía el mejor de los accesos.
Lo que me pasa mucho es que me viene alguien y me habla de algo que compró en Vinçon y aún lo tiene
¿Alguna vez ha visto un objeto de Vinçon en un lugar que le haya chocado?
No caigo. Lo que me pasa mucho es que me viene alguien y me habla de algo que compró en Vinçon y aún lo tiene. Hace dos días una persona me dijo que tenia todo el juego de platos que había comprado en Vinçon, que no se le había roto ninguno. Bueno, yo ahí hago la broma: por eso cerramos, porque no renovabas los platos.
¿Ha seguido la Copa América de vela?
Bastante. Aunque no entendía muy bien la mecánica de las regatas al principio.
¿Cree que Barcelona aún necesita eventos como este para proyectarse internacionalmente?
Este no sé si habrá servido para nada en este aspecto. Me parece que ha sido un fiasco.
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