El influyente grupo de mánagers que construyó la escena musical de los 60

Con ese nombre se conoció al influyente grupo de mánagers y productores musicales homosexuales que cimentaron la década prodigiosa del Londres de los años 60, del beat, de los mods, de la moda de Carnaby Street.

El libro “The Velvet Mafia: the gay men who ran the swinging sixties” (Omnibus Press), de Darryl W. Bullock, analiza y pone en valor a la comunidad homosexual de visionarios sobre la que se construyeron las carreras de algunos de los más grandes artistas de todos los tiempos, desde los Beatles a los Who, pasando por David Bowie, Marc Bolan o Cream.

Nombres como Brian Epstein (el “quinto Beatle”, mánager de los “fab four”), Kit Lambert (muñidor de The Who), Simon Napier-Bell (The Yardbirds y el primer Marc Bolan), Robert Stigwood (Cream, The Bee Gees), Billy Gaff (Rod Stewart), Ken Pitt (David Bowie), Barry Krost (Cat Stevens) o Tony Stratton-Smith (fundador del sello Charisma, donde grabaron bandas y artistas como Genesis, Gary Moore y The Nice), formaron parte de aquella comunidad queer.

A pesar de los prejuicios sociales y del marco legal de la época, no solo sacaron cabeza, sino que se erigieron en el lobi artístico más influyente y potente de todos cuantos tuvieron algo que ver con la democratización del pop y del rock en la cultura popular.

The Who

The Who

Resulta imposible imaginar qué habría sido de la carrera de los cuatro de Liverpool sin Brian Epstein...

... Ni de aquel Londres de parkas y Lambrettas que aupó a los Who sin el concurso de un tipo como Kit Lambert al timón de la banda mod por antonomasia.

Entre la mafia y el terciopelo, en la Inglaterra de los 60 la industria musical requería más de lo primero que de lo segundo para labrarse una carrera.

El sustantivo que les empareja con el suave tejido convirtió a aquel lobi en personas bajo sospecha, siempre en riesgo, perseguidas, chantajeadas y objeto de difamación pública.

Lo que unía al productor Joe Meek (Petula Clark, Tom Jones) con el director de la todopoderosa EMI, Sir Joseph Lockwood, o Larry Parnes (Bill Fury, Tommy Bruce) era el perfil trazado con tiralíneas a la medida de todos ellos.

Eran hombres ricos y poderosos que dirigían a sus artistas con influencia y mano de hierro al mismo tiempo que se deshacían en cariño y comprensión hacia sus pupilos, cuyas carreras gestionaban con la inteligencia de un border collie, sagaces, siempre al cuidado del rebaño y procurando que muchos de aquellos músicos no olvidaran en ningún momento a quién debían su éxito.

Al margen de que varios de ellos se dedicaran a explotar comercialmente a sus protegidos, algunos también lo hicieron sexualmente. La minoría de edad de algunos de los descubrimientos musicales de la década no supuso una línea roja.

Epstein, Parnes o Stigwood -que dirigió a los Bee Gees en su época gloriosa- no fueron una excepción en cuanto a prácticas abusivas en esta trastienda de lanzamiento de músicos adolescentes de consumo rápido y con indudable atractivo sexual para el baile de neuronas en que se movía la juventud británica de la década.

Sin embargo, como apunta el autor del libro, el objeto final de la depredación no era el sexo, sino el dinero.

Ello, no obstante, no evitó que algunas carreras acabaran de forma abrupta en el mismo instante en que las estrellas rechazaban mantener relaciones sexuales con sus mánagers.

La homosexualidad no se despenalizó en el Reino Unido hasta 1967 (cabe decir que en EEUU no fue legal en todo el territorio hasta 2003). Sin embargo, la legalización de las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo fue parcial, sesgada y se volvió en contra de los gays.

En este escenario, y pese al triunfo en lo profesional, las historias de algunos de estos hombres poderosos acabaron en tragedia.

Bullock destaca en su libro el carácter autodestructivo de Brian Epstein, atrapado en esa dañina melancolía que le hacía sentirse atraído por hombres que probablemente le causarían dolor.

El mánager de los Beatles murió en 1967 a causa de una excesiva ingestión de drogas.

Lambert, al que debemos su contribución a obras de los Who tan reconocidas como 'Tommy', se zambulló entre litros de alcohol y murió en la década siguiente a manos de su camello.

Al otro lado del océano, la comunidad LGTBI también alumbró en Estados Unidos figuras claves en la industria musical.

Baste recordar los nombres de David Geffen (Asylum y Geffen Records), Clive Davis (Columbia Records), Seymour Stein o Danny Fields.

Fueron descubridores o productores de grandes estrellas del firmamento rock como Iggy Pop, MC5, Ramones, Pretenders, Talking Heads, Janis Joplin, Santana, Bruce Springsteen, Aerosmith, Cher o Neil Young.

En Estados Unidos mucho más que en Europa, mandaba el negocio, lo que colocaba en segundo plano las inclinaciones sexuales de los hombres (principalmente) poderosos de la industria musical.

El crítico musical Carlos Pérez de Ziriza destaca el caso de Stein, casado y con hijos, que salió del armario mucho después, y del poderoso David Geffen.

“Lo de Geffen era 'vox populi' y muchos años más tarde llegó a ser novio de Cher: nadie se lo creía"
Carlos Pérez de Ziriza

Andy Warhol y Candy Darling

Andy Warhol y Candy Darling

La Factoría de Andy Warhol se convirtió en un nicho de talento alrededor del cual orbitaban el modelo y cantante Nico, el cineasta Paul Morrissey y los personajes que Lou Reed acabó citando en su famoso 'Walk on the wild side': Joe Dallessandro, Holly Wodman, Candy Darling... Más que ampararse en la ambigüedad y la orientación sexual, muchos discípulos de Warhol siguieron la máxima de aprovechar el minuto de gloria que les proporcionaban los medios.

Un director de cine como Morrissey, excesivo y transgresor, acabó definiéndose a sí mismo como derechista y ferviente católico.

The New York Dolls

The New York Dolls

La imprecisión sexual alcanzó su cénit en los 70 con The New York Dolls, la banda de Sylvain, Johnny Thunders y David Johanssen.

Eran músicos de rock sucio que aparecían travestidos sobre el escenario, circunstancia que les hurtó el lugar en el olimpo rockero que posiblemente merecían.

España fue otro cantar

En 1975, el mismo año en que moría el dictador Francisco Franco, el malogrado poeta Eduardo Haro Ibars publicó 'Gay rock', un compendio del glam británico abanderado por David Bowie y Marc Bolan que aprovecharon otros coetáneos para arañar algo de gloria, casos de Gary Glitter, Slade o Sweet, y al que se apuntaron en sus inicios Elton John, Roxy Music o Queen.

El libro constituyó una auténtica conmoción en el mundo musical español de la última mitad de la década y el germen de la aceptación de la homosexualidad entre una minoría de artistas en la recién inaugurada democracia, mucho más sexista y homófoba en los años de la Transición que ahora.

A caballo entre dos décadas, lo primero que oía aquel Ramoncín del rombo pintado en el ojo al salir al escenario era “¡maricón!”.

¡De sus propios fans!, lo que evidencia que todavía faltaban muchos años para que la homosexualidad alcanzara los niveles de normalización social de que goza hoy día.

Tino Casal

Tino Casal

Por encima de tabús y etiquetas, que Tino Casal, Bibiana Fernández (en la época Bibi Andersen), Carlos García Berlanga, Fabio McNamara o Pedro Almodóvar no ocultaran su condición sexual, no conllevó que también lo hicieran quienes estaban al frente del cotarro.

“En el tema de los músicos, lo de mostrarse en público como homosexuales era muy habitual. Solían ser muy estrafalarios para el momento, como Paco Clavel, Tino Casal o McNamara", explica Carlos Pérez de Ziriza.

Los que exhibían esa enseña eran personajes muy en el extremo expresivo, aunque la impresión que tengo es que la mayoría de empresarios del negocio no eran homosexuales, y si lo eran, no eran militantes en absoluto”, añade el crítico.

“Los grandes empresarios de multinacionales no iban por ese camino. En los 90, desde luego que no. Muchos de los grandes sellos independientes de esos años estaban dirigidos por parejas heterosexuales”

Alaska

Alaska

A falta de referentes en la gestión de la industria musical, los colectivos gays han tomado a artistas con parejas de sexo contrario como sus iconos.

Entre ellos figuran de Raphael a Rocío Jurado, Alaska o Mónica Naranjo, pregonera en alguna edición del Día del Orgullo.

Con la mirada actual, la perspectiva sobre la década de los 60 da la razón a Bob Dylan. Por fortuna, los tiempos están cambiando.