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Cinco claves de la crisis alimentaria global: 200 millones de personas más condenadas a la pobreza extrema

Granja en Yakovlivka, a las afueras de Jarkov, tras un bombardeo ruso el pasado 2 de abril.

Granja en Yakovlivka, a las afueras de Jarkov, tras un bombardeo ruso el pasado 2 de abril. / Reuters / Thomas Peter

  • La guerra de Ucrania amenaza con desencadenar una crisis alimentaria que afectaría a 400 millones de personas

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Albert Garrido
Albert Garrido

Periodista

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Si el impacto de la guerra de Ucrania en las economías desarrolladas es el que es, en el Sur Global amenaza con desencadenar una crisis alimentaria que afectaría a 400 millones de personas, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Mario Draghi, primer ministro de Italia, ha advertido del riesgo de una "crisis alimentaria de proporciones gigantes" y Ngozi Okuojo-Iweala, directora general de la Organización Mundial de Comercio, teme que tal crisis se prolongue por lo menos hasta 2024. Aquí van cinco claves para entender el marco de referencia para diagnósticos tan inquietantes.

Rusia y Ucrania, los mayores graneros de Europa

Rusia y Ucrania son los mayores graneros de Europa. Tienen una capacidad exportadora sin alternativa posible ni en el ámbito logístico, ni en el de los precios. Rusia cosecha el 10% –73 millones de toneladas– de la producción mundial de trigo, y Ucrania, el 4% –29 millones de toneladas–, según estimaciones de 2021. Dicho de otra forma, entre los dos países cosechan la misma cantidad de trigo que los 27 socios de la UE. Y a esas cantidades hay que añadir las reservas almacenadas por ambos países para evitar una caída a la baja de los precios.

En el caso del maíz, Ucrania exporta el 10% de los 35 millones de toneladas que cosecha, y Rusia, solo el 1% de los 15 millones. En teoría, el impacto de la guerra en este caso es menor, pero se trata de una apariencia porque, como sucede con el trigo, la posibilidad de importar maíz de EEUU y Canadá, ambos más caros, es una solución prohibitiva para las economías del Sur.

Baja cobertura de necesidades

Antes de la guerra, uno de los destinos principales de la exportación de cereales eran los países del norte de África y de Oriente Próximo, donde una parte importante de las compras compete a los gobiernos, que subvencionan por ejemplo el precio del pan. Pero los riesgos de una crisis alimentaria van más allá: diferentes aproximaciones estadísticas concluyen que el trigo importado por una cincuentena de países cubría hasta la fecha el 30% de sus necesidades de consumo mínimo. Solo en el caso de Yemen, sumido en una guerra devastadora, el Programa Mundial de Alimentos compró en 2020 alrededor de 1,5 millones de toneladas.


Sin alternativas viables

Puesto que no hay alternativa real a los graneros del este de Europa, la única posibilidad de evitar una hambruna es desbloquear los 25 millones de toneladas de trigo, maíz y avena que aguardan destino en puertos del mar Negro. Pero para que tal cosa sea posible, el Gobierno ruso exige dos cosas: que se levanten las sanciones que dañan su economía y que Ucrania retire las minas que supuestamente ha sembrado en el mar Negro. Tales requisitos están lejos de poderse cumplir de inmediato. Y la posibilidad de buscar rutas alternativas para los cereales –por tierra y aire– hasta puertos seguros plantea problemas logísticos irresolubles, por no hablar del encarecimiento exponencial de precios en el mercado mayorista que entrañaría esa operación.


Dependencia de la ayuda y sin reservas acumuladas

La Organización Africana y la FAO alertan de que si no se normaliza la situación y se restablecen las rutas de suministro, habrá hambrunas en entornos muy vulnerables, sin reservas acumuladas y con un mercado interior muy frágil. En economías poco desarrolladas, la dieta básica es poco variada y es habitual la subvención de productos esenciales como el trigo y el arroz, así como la distribución gratuita de alimentos por organismos internacionales, aunque la continuidad y el acceso no siempre están asegurados. De momento, lo único claro es que "las perturbaciones relacionadas con la guerra han encarecido los alimentos y agravado la pobreza", según resumió Human Rights Watch al mes de estallar la crisis. Algo que en economías con ingresos por habitante iguales o inferiores a un dólar al día hace imprescindible la ayuda, también cortocircuitada por la guerra.

Oleadas migratorias


Si se prolonga esta situación, según la sociedad pública ucraniana Agroprodservice, se desencadenarán oleadas migratorias en dirección a Europa. "La simple amenaza del hambre provocará el desplazamiento irregular de población joven con dirección al norte" desde sociedades donde más de la mitad de sus miembros tienen menos de 30 años. Este vaticinio oficial se completa con otro de Oxfam Internacional: la carestía de alimentos contribuirá decisivamente a que la cifra de personas condenadas a vivir en la pobreza extrema crezca durante 2022 en 260 millones de personas.