Análisis de tres meses de guerra

Fernando Arancón, experto en geopolítica: "La victoria de Ucrania está más cerca que la rusa”

Fernando Ararcón, director de El Orden Mundial dando una conferencia en la Fundación Telefónica.

Fernando Ararcón, director de El Orden Mundial dando una conferencia en la Fundación Telefónica. / Fundación Telefónica

  • El director de la plataforma de estudios internacionales El Orden Mundial cree que Rusia se muestra tan agresiva porque está atrapada en el error de cálculo que cometió cuando invadió el país vecino

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Juan Fernández
Juan Fernández

Periodista

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A mitad de camino entre el 'think tank' de geopolítica y el diario digital de información internacional, El Orden Mundial ha conseguido hacerse un hueco en muy pocos años (nació como un blog universitario en 2012) entre las fuentes más consultadas para tratar de entender lo que pasa más allá de nuestras fronteras. Lo forma un grupo de jóvenes especialistas en Relaciones Internacionales capitaneados por Fernando Arancón, que a sus 30 años se ha convertido en un habitual en los medios tradicionales (colabora en RNE, participa en las tertulias de La Sexta y tiene una sección semanal junto a su compañero Eduardo Saldaña en ‘Julia en la Onda’ de Onda Cero) que aspiran a desenmascarar las razones escondidas tras las bombas rusas que caen sobre Ucrania y a aventurar cómo será el mundo cuando estas callen.

-¿Cómo es posible que nadie viera venir esta guerra?

-Confieso que yo tampoco pensaba que Rusia atacaría. De hecho, el día de la invasión me pilló de vacaciones en Roma. Lo curioso es que todos los factores que invitaban a creer que Putin no invadiría Ucrania son los que explican que le esté yendo tan mal. Era obvio que 180.000 soldados eran pocos para ocupar un país de 600.000 kilómetros cuadrados y 40 millones de habitantes y que la operación logística estaba mal planteada, como se está viendo. En ese sentido, el análisis que se hizo era correcto. Erramos al no valorar que los rusos estaban teniendo en cuenta otros factores. 

-En esa ecuación, nadie tuvo en cuenta la predisposición de Putin para la osadía.

-En Occidente solemos tachar a Putin de loco, pero cuidado con eso: que él piense en términos distintos a los nuestros no lo convierte en loco. Simplemente, sigue otra lógica, que en este caso se ha demostrado errónea. Creyó que conseguiría una victoria rápida y sin consecuencias y ahora está atrapado en un error de cálculo que puede acabar costándole una derrota dolorosa. Rusia ha demostrado tener más pies de barro de lo que pensábamos. Ahora muestra la agresividad de los animales acorralados.

-Hablemos de esa lógica rusa, de la que sabemos tan poco en Occidente. ¿Qué buscaba Putin cuando ordenó esta operación?

-Rusia siente un miedo atroz a que sus fronteras estén cerca de sus núcleos de poder económico y político. Al final de la guerra fría las tenía a 1.600 kilómetros de Moscú y ahora están a 500. Esto lo viven como una amenaza, porque en siglos pasados fueron agredidos desde el exterior. Putin buscaba conservar un espacio de influencia exclusivo en el este de Europa. Lo tiene en Bielorrusia, quería asegurárselo en Ucrania y es fácil imaginar que a largo plazo quisiera extenderlo a los países que formaron parte del Pacto de Varsovia.

"Rusia siente un miedo atroz a que sus fronteras estén cerca de sus núcleos de poder. Al final de la guerra fría las tenía a 1.600 kilómetros de Moscú y ahora están a 500. Esto lo viven como una amenaza"

-¿Y eso pretendía conseguirlo por la fuerza?

-No sabe hacerlo de otra forma. En el mundo occidental, hoy ya nadie resuelve los conflictos a través de la guerra, pero Rusia continúa anclada en la lógica del palo. Su forma de entender las relaciones internacionales es decimonónica. Los ucranianos que viajan a Polonia, Eslovaquia y Rumanía ven que allí se vive mejor que hace 20 años y ellos no, y la conclusión a la que llegan es que deben seguir sus pasos. Rusia es incapaz de ofrecerles nada atractivo para que se queden a su lado y, ante esa impotencia, solo le queda la coerción: te corto el gas, te invado, te ayudo a reprimir tus revueltas populares... Le funcionó en 1956 en Hungría, en 1968 en Praga, en la guerra de Chechenia...

-¿Tenía razones para pensar que ahora le seguiría funcionando?

-Bajo su lógica, sí. Cuando Rusia se anexionó Crimea y desató la guerra del Dombás, nadie protestó. Aquella política de apaciguamiento les invitó a pensar: ¿por qué no ir un paso más allá? El plan era derrocar al gobierno ucraniano y poner en su lugar a una figura títere que tuviera con Putin la misma relación feudal que hoy le rinden los presidentes de Bielorrusia o Kazajistán, pero se equivocó con Zelenski. En pleno avance ruso, Estados Unidos le ofreció salir del país y crear un gobierno en el exilio en Polonia, pero lo rechazó y decidió quedarse. Putin también se equivocó al evaluar la reacción internacional. Pensó que su acción provocaría una fractura entre los países europeos. 

-¿Las sanciones están sirviendo para algo?

-Las sanciones son bombas de efecto retardado. Rusia conserva reservas en dólares y recambios para sus fábricas, pero cuando se le agoten empezará a sufrir. Se habla mucho de la dependencia europea del gas ruso, pero la dependencia rusa de la tecnología europea es mayor. Más pronto que tarde, sus refinerías van a necesitar las piezas que solo puede venderles Alemania. El bloqueo económico es el arma del siglo XXI. Ya no es práctico invadir un país, es más inteligente sancionarle y poner aranceles a sus productos, pero esto Rusia tampoco lo ha entendido. 

"Rusia continúa anclada en la lógica del palo, su forma de entender las relaciones internacionales es decimonónica"

-Ni la sociedad rusa, a juzgar por el fuerte apoyo popular del que sigue disfrutando el gobierno de Putin.

-Los rusos llevan siglos oyendo que van a venir a asediarles y tienen asumido que deben pagar un alto precio en forma de penurias para mantener su independencia. Se sacrificaron como nadie para derrotar a los nazis, volvieron a hacerlo cuando colapsó la Unión Soviética y si ahora toca sufrir económicamente, pues se sufre. El padecimiento forma parte de su cultura nacionalista. También hay que tener en cuenta el férreo control informativo que ejerce el gobierno, sobre todo entre los medios tradicionales, que son los que sigue la población de mayor edad. Los jóvenes se informan por otras vías y entre ellos el apoyo gubernamental es menor. Por eso se alistan tan pocos.

-¿Esta guerra va para largo o hay un final a la vista?

-Seguirá durante todo 2022. Al menos, eso es lo que estiman los servicios secretos de Estados Unidos y Reino Unido. Ucrania está aguantando mejor de lo que se esperaba e incluso está contraatacando. Esto invita a pensar que llevará la iniciativa durante el verano, que es una buena época para la guerra, pero hay demasiadas incógnitas en el aire para hacer un pronóstico. No sabemos si Putin logrará que se alisten más voluntarios ni si esas tropas, que desconocen el terreno y están mal coordinadas, servirían de algo. Tampoco sabemos cuánto aguantará la población ucraniana ni si llegará un momento en que pedirá firmar la paz, al precio que sea.

-¿Es posible aventurar un desenlace?

-A día de hoy, la victoria de Ucrania está más cerca que la rusa. Lo que está claro es que el plan inicial de Putin no se va a cumplir. Pero hay un matiz importante: para Ucrania, vencer consiste en no desaparecer como estado. Putin tiene más margen para permitirse una derrota, porque controla su sociedad y puede vender más fácilmente un falso relato de victoria, como sería volver al status quo anterior a la invasión. 

"Los rusos llevan siglos oyendo que van a venir a asediarles y tienen asumido que deben pagar un alto precio en forma de penurias para mantener su independencia"

-¿Ese escenario es posible?

-Sí. La duda es si Zelenski aprovecharía ese desenlace para ir más allá y tratar de recuperar Crimea y el poder perdido en el Dombás. Eso sí sería humillante para Putin. Y peligroso, porque su reacción sería imprevisible.

-¿Estaría tentado a recurrir al armamento atómico?

-No nos vamos a despertar de la noche a la mañana en un escenario nuclear, porque ese camino requiere de pasos previos. Hay que hacer pruebas, ensayos y lanzar avisos de que va a ir por ahí. De todos modos, en el tema nuclear todo son incógnitas, porque no hay precedentes que nos sirvan de referencia. 

-¿Con Putin fuera del Kremlin se acabaría este problema?

-O puede empeorar. Nadie nos asegura que tras él no vaya a llegar un líder más radical y agresivo. Putin solo es el síntoma, el peligro está en la mentalidad nacionalista rusa, que solo tiene una marcha para adelante y otra para atrás. Todo es conmigo o contra mí. Cuando operas con ese marco mental, vives con miedo. Por eso, si no estás conmigo, me permito invadirte.

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-¿Cómo queda Rusia en el mundo tras esta guerra?

-No será un paria internacional. En Naciones Unidas hay 193 países y los que apoyan a Ucrania son una minoría, aunque muy poderosa y rica. En Asia, África y América Latina no se sienten interpelados por este conflicto. Europa sí. Por eso aspira a que Rusia quede lo más debilitada posible para ganar tiempo. Necesitamos organizar nuestra defensa militar y autonomía energética para relacionarnos a partir de ahora con un vecino que ha demostrado ser tan hostil.