¿Cuánto contaminan los regalos de Reyes?: la huella ecológica de 5 'hits' navideños

La huella ecológica de los juguetes.

La huella ecológica de los juguetes.

  • Pese a su aspecto inocente, los juguetes no son inocuos, también dejan marca en el planeta

8
Se lee en minutos
Verificat
Verificat

Verificat es una plataforma de fact-checking sin ánimo de lucro en Catalunya. Nos dedicamos a verificar el discurso político y el contenido que circula en las redes y a la educación para el consumo crítico de la información.

ver +

En 2021 y con parte de las compras de Reyes aún pendientes, los hogares españoles habrán gastado 240 euros de media en regalos navideños, según un estudio de Deloitte. El mismo informe destaca que entre los obsequios preferidos para niños y adolescentes figuran los juguetes y el material relacionado con sus aficiones. Pero, ¿qué impacto tienen estos regalos en el medioambiente?

"El mayor o menor impacto depende de los procesos necesarios para su fabricación, el transporte desde el sitio de producción hasta el de venta, su utilización y cómo se gestionan una vez dejan de ser de utilidad para su propietario", explica Òscar Saladié, profesor de Geografía de la Universitat Rovira i Virgili (URV) y miembro del Grupo de Investigación de Análisis Territorial y Estudios Turísticos (Gratet). "Para determinarlo, la metodología más ampliamente aceptada es el análisis del ciclo de vida", apunta Marc Delgado-Aguilar, ingeniero químico en el laboratorio de materiales sostenibles y diseño del producto de la Universitat de Girona (UdG).

El ciclo de vida

El análisis del ciclo de vida tiene en cuenta todos los impactos que genera un producto, desde la extracción de materias primas para su elaboración hasta el fin de su vida, pasando por su fabricación, transporte y uso. Entre otros datos, marca la huella de carbono y, por tanto, su efecto en la contaminación, pero el daño medioambiental va más allá de este aspecto: "El CO2 equivalente es una parte de los impactos que tiene cualquier producto. Es la primera capa", afirma Antonio de la Torre, técnico de gestión ambiental de la URV. 

Hay impactos, como la justicia social, la deforestación y la afectación a la biodiversidad, que no se pueden cuantificar

Cada análisis del ciclo de vida estudia ciertas categorías de impacto, como el potencial de acidificación, la eutrofización, el agotamiento de recursos..., pero deja otras fuera. Además, "hay muchas cosas que de momento no se pueden cuantificar, como la justicia social, la deforestación, la afectación a la biodiversidad, etcétera", asegura el experto. Así que "hay que ser cuidadosos al comparar", sostiene.

Para poder tener en cuenta los criterios ambientales de producción al elegir los artículos, existen las etiquetas ecológicas, que certifican ciertas garantías. "No hace falta saber cuáles, pero si una muñeca tiene la etiqueta y otra no, quiere decir que la primera ha tenido en cuenta criterios ambientales", explica Marta Escamilla, responsable del Área de Sostenibilidad del Centro Tecnológico Leitat.

104 horas de TV

Noticias relacionadas

Sin embargo, no todas las etiquetas certifican lo mismo. En las de tipo I, un organismo independiente avala de manera oficial que el producto tiene un menor impacto ambiental. Es el caso, por ejemplo, del distintivo de garantía de calidad ambiental de la Generalitat de Catalunya y de la etiqueta ecológica de la UE. En las de tipo II –también conocidas como autodeclarativas–, es el propio fabricante el que realiza la indicación ambiental. En cambio, las de tipo III muestran un inventario de datos ambientales similar al de las etiquetas de eficiencia energética de los electrodomésticos. La UE aboga porque los sellos nacionales estén armonizados con el europeo, algo con lo que coincide Escamilla: "No hace falta inventar nuevas etiquetas, basta con potenciar las que existen para que todos las conozcamos".

Nota: la huella ecológica que acompaña a los regalos que aparecen en esta página se mide en kgCO2eq (equivalente a 1 kilo de CO2, un impacto parecido a un trayecto de 9 kilómetros en avión o 104 horas de TV). 

Peluche fabricado localmente (1,1 kgCO2eq)

Un estudio publicado en la revista ‘Sustainibility’ evaluó el impacto ambiental de un peluche relleno de lana, algodón, arroz y fibras fabricado y comercializado en Eslovenia. El artículo cifró en 1,1 kgCO2eq la huella de carbono y concluyó que las principales emisiones de gases de efecto invernadero provenían de la producción de lana, mientras que el transporte solo era responsable del 3% del total, al ser de producción local.

“Si se ha fabricado a partir de materias primas de Eslovenia y se ha manufacturado allí, es muy difícil que haya situaciones de destrucción de la biodiversidad asociadas a la producción de este juguete”, apunta De la Torre. Pero esta situación no refleja la realidad, dado que la mayoría de juguetes se fabrican en China, país que acumula más de tres cuartas partes de las exportaciones globales de estos productos. Ello multiplica la huella de carbono, ya que el 85% de la energía del país proviene de fuentes fósiles y, una vez fabricados, los productos deben ser transportados entre 16.500 y 20.000 kilómetros hasta Europa.

El estudio no tuvo en cuenta el impacto ambiental del fin de la vida del producto, que debe tirarse al contenedor de la ropa, pero de cuyo reciclaje no hay garantías.

 Libro producido localmente (2,1 kgCO2eq)

La mayor parte de las emisiones de gases de efecto invernadero generadas en la vida de un libro se producen en el proceso de la obtención del papel. Esta es la conclusión de  un estudio que sitúa el impacto ambiental de una novela de tapa dura producida y leída en Suecia en 2,1 kgCO2eq por cada kilo de libro.

Los autores compararon, también, el impacto que supone comprar la obra en una librería tradicional o adquirirla a través de internet. El resultado fue ligeramente mejor para la opción virtual dado que, además de ahorrarse el gasto energético de la tienda física, las compras realizadas ‘on line’ registraron un menor número de devoluciones que las hechas presencialmente.

El mismo grupo de investigación estudió, en otro artículo, la conveniencia de sustituir los libros tradicionales por libros electrónicos para mejorar su impacto ambiental. En este caso, de nuevo, la respuesta depende del uso que se le dé a la opción digital: si se leen 30 obras o más con el libro electrónico, esta opción resulta una mejor alternativa medioambiental a la tradicional, ya que la mayor parte de emisiones se generan en la producción del aparato que permite la lectura.

Pelota de fútbol (3,5 kgCO2eq)

Cada año se venden en el mundo más de 40 millones de pelotas de fútbol hechas principalmente de plástico, algodón y caucho. Un estudio de la Agencia de la Transición Ecológica francesa encontró que el proceso de producción de los balones, desde la obtención de materias primas (en Tailandia, Estados Unidos y China) hasta la fabricación de la pelota (en China), constituye un 65% de su huella de carbono, que cifran en aproximadamente 3,5 kgCO2eq por unidad.

El resto de emisiones de gases de efecto invernadero provienen esencialmente de la distribución del producto, es decir, del camino que recorre desde la salida de la fábrica hasta llegar al comprador; y de su gestión como residuo, ya que, al estar compuestos de una mezcla de materiales difíciles de separar, no se pueden reciclar y acaban su vida en el vertedero o la incineradora.

En consonancia con este estudio, y más allá de la emisión de gases de efecto invernadero, un informe de la FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociación) destaca que la obtención de materias primas y el fin de la vida de las pelotas son las dos categorías con un mayor impacto ambiental, debido a que “consumen mucha energía y agua dulce, y pueden provocar el agotamiento de los recursos y la polución del aire, el suelo y el agua”.

Peluche a pilas fabricado en China (19 kgCO2eq)

Las emisiones de gases de efecto invernadero de un juguete con componentes electrónicos depende de su uso, si este es continuado las emisiones se puede multiplicar por tres, sobre todo si funciona con pilas que se deben ir reponiendo. Así, el uso que se le dé puede representar desde el 1% hasta el 60% de las emisiones de todo su ciclo de vida. 

Un estudio publicado en 2009 investigó el impacto de un peluche a pilas fabricado en China. Los gases de efecto invernadero generados en la producción de las piezas eléctricas y mecánicas representaban una tercera parte del total de las emisiones asociadas a su fabricación; una cifra similar a la generada por su transporte, desde la fábrica hasta el país importador. La huella de carbono del peluche antes de llegar a manos del comprador es de 7,5 kgCO2eq, notablemente más elevada que el peluche fabricado localmente. En un escenario optimista de uso (una hora al día durante dos años), la cifra se dispara a los 19 kgCO2eq. 

Su destrucción tiene un impacto reducido comparado con las fases anteriores, pese a que los autores del estudio solo tuvieron en cuenta como destinos finales el vertedero y la incineración.

 'Smartphone' (55 kgCO2eq)

De media, los ‘smartphones’ tienen una huella de carbono de 55 kgCO2eq que reside principalmente en las fases de fabricación (recolección de materias primas y producción del dispositivo) que, de media, representa el 70% de las emisiones del ciclo de vida completo del teléfono, según una revisión de estudios publicada en 2020, aunque puede llegar a superar el 80%.

La mayor parte de estas emisiones se invierten en la creación del circuito integrado cuya producción «usa una cantidad sustancial de energía y recursos, representando uno de los mayores impactos ambientales por unidad de masa que existe hoy para productos producidos masivamente», según los autores de un estudio publicado en el marco de la conferencia ‘ICT on Sustainibility’.

Además, los ‘smartphones’ “pueden llegar a contener hasta dos tercios de los elementos presentes en la tabla periódica”, afirma una investigación de la Universidad de Birmingham. Y_su extracción puede causar contaminación del agua, erosión y deforestación, e impactos en la salud de las personas, animales y plantas.

Por último, su final de vida es poco circular. Un 27% tienen una segunda oportunidad, apenas un 12% se reciclan y un 40% acaban en un cajón.