Ghislaine Maxwell: arranca el juicio contra la señora Epstein por tráfico sexual de menores

Ghislaine Maxwell y Jeff Epstein, en 2005, cuando gozaban de impunidad.

Ghislaine Maxwell y Jeff Epstein, en 2005, cuando gozaban de impunidad. / Getty

  • El juicio contra la que fue pareja, amiga y asociada del depredador sexual Jeffrey Epstein empieza hoy lunes en Nueva York

  • En las próximas seis semanas se abordará si, entre 1994 y 2004, cuando tenía una relación con el multimillonario, conspiró con él para traficar con menores

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Idoya Noain
Idoya Noain

Periodista

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La de Ghislaine Maxwell fue durante 58 años una vida perfecta para las crónicas de la alta sociedad o el papel cuché: nació en Francia en la cuna de oro que creó para ella y para sus ocho hermanos el magnate editorial británico Robert Maxwell; se educó en la élite de Oxford; mantenía contactos en Londres y Nueva York con lo más granado de la política, la academia, la empresa y hasta la realeza y vivía con una intensa agenda social en la que desplegaba lo que se ha descrito como inteligencia, encanto, sentido del humor y seguridad en sí misma... Era una vida de mansiones, fiestas y galas; de viajes en aviones privados, dinero, restaurantes de lujo y ropa de diseño e incluso de una aventura filantrópica para concienciar sobre los océanos que le llevó a colaborar con Naciones Unidas.

En el universo privado de esta mujer, no obstante, había algo infinitamente más turbio y oscuro: reclutar y preparar a chicas menores de edad para que abusara sexualmente de ellas Jeffrey Epstein, que durante un tiempo fue su pareja y luego quedó como amiga y gestora de propiedad. Eso es al menos de lo que Maxwell está acusada en un proceso penal que arranca hoy lunes en Nueva York, un juicio rodeado de expectación.

Jurado popular 

Su culpabilidad o inocencia en cuatro de los seis cargos que la fiscalía le imputó tras localizarla y arrestarla hace 16 meses en el idílico enclave de Nuevo Hampshire en que se había refugiado la decidirán los 12 miembros de un jurado popular. Concretamente –y después de que se hayan postergado para un juicio posterior dos cargos de perjurio–, en las próximas seis semanas se abordará si entre 1994 y 2004, cuando tenía una relación con Epstein, Maxwell conspiró con él para traficar con menores (aunque una legalmente tenía ya edad de consentimiento en Reino Unido) y las preparó para "masajes sexualizados".

La fiscalía asegura que ella "jugó un papel clave para ayudar a Epstein a identificar, entablar amistad y preparar a víctimas menores" y "en algunos casos participó en el abuso". Afirma también que "la presencia de Maxwell durante las interacciones de las víctimas menores con Epstein, incluyendo aquellas en las que la víctima estaba desvestida o que incluían actos sexuales con Epstein, ayudó a relajar a las víctimas porque una mujer adulta estaba presente".

Alex Acosta, Bill Clinton, Bill Gates y Andrés de Inglaterra, cuatro salpicados por el 'caso Epstein'.

/ Archivo

Esquema piramidal de abuso

Es inevitable ver algo más que su propio juicio en el proceso de Maxwell, que insiste en su inocencia y en una vista del pasado 1 de noviembre declaró: "No he cometido ningún crimen". Porque cuando el cuerpo de Epstein apareció en 2019 sin vida en la celda de Manhattan donde el financiero esperaba su juicio, el trozo de sábana con que las autoridades dicen que se suicidó ahogó también la esperanza de que se conociera el alcance de esa trama que se ha llegado a comparar con «un esquema piramidal de abuso" y, también, todos los implicados. Tener a Maxwell en el banquillo mantiene para algunas víctimas la esperanza de que puede hacerse justicia y, para el resto de quienes siguen con interés el caso, la de que se pueda vislumbrar algo más de los secretos que Epstein se llevó a la tumba.

No está claro, en cualquier caso, hasta dónde podrán llegar las revelaciones porque el proceso, que preside la juez Alison Nathan, va a estar muy centrado, al menos sobre el papel, en los cargos específicos.

Por el estrado pasarán las cuatro mujeres en cuyos casos se basan los cargos. Esas víctimas, como la magistrada ha permitido que se les denomine en el juicio pese a los intentos de evitarlo de la defensa, podrán testificar bajo seudónimo (aunque una de ellas se ha identificado públicamente) y sin ser siquiera retratadas en las ilustraciones que hacen artistas en la sala.

Son medidas de protección para cuatro mujeres que deberán estar mentalmente preparadas para ser sometidas a una agresiva campaña de la defensa de la acusada. Sus abogados han conseguido que la jueza acepte el testimonio de una psicóloga, a la que recurrieron entre otros Harvey Weinstein y O.J. Simpson, que defiende una polémica tesis de cómo pueden alterarse las memorias y los recuerdos.

"Deseo de dinero"

La defensa ha dejado ya claro también que va a intentar minar la credibilidad de las mujeres. "Sus nuevas memorias de abuso, sin corroboración, no se basan tanto en la verdad o en deseo de justicia como en el deseo de dinero", dijo en una de las vistas previas una de las abogadas de Maxwell, que ha intentado incluir en el proceso información sobre los pagos que las cuatro han aceptado del fondo de compensación para víctimas que se estableció tras la muerte de Epstein con su dinero, un fondo que ya ha pagado 121 millones de dólares a 138 personas.

Para esos letrados de Maxwell, así como para su familia, todo el proceso representa una injusticia. Aseguran que ella no está en ese banquillo por sus crímenes, sino por los de Epstein. Niegan que pueda haber un juicio justo para una mujer que, dicen, ya ha sido condenada en los medios. Y han tratado también repetidamente de convertirla a ella en víctima, pero del sistema penal.

"La defensa de Maxwell ha dejado claro que intentará minar la credibilidad de las víctimas"

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El foco de su queja ha estado en las condiciones en que Maxwell ha pasado los últimos 16 meses de su vida, en una celda en el Metropolitan Detention Center de Brooklyn, donde ha pasado tiempo en confinamiento solitario y bajo una estricta vigilancia que aseguran que le impide dormir. Una de sus abogadas ha llegado a comparar esas condiciones, sin ironía, con las de Hannibal Lecter en 'El silencio de los corderos' y esta semana los hermanos llegaron incluso a apelar a Naciones Unidas.

Por ahora, en cualquier caso, Maxwell seguirá quedándose allí y siendo desplazada por la policía hasta el tribunal en el bajo Manhattan cada día del juicio. Al menos cuatro veces ya ha negado la jueza la petición de que quede en libertad bajo fianza, aceptando los argumentos de que representa un riesgo de fuga por su sus lazos con el extranjero (tiene pasaportes francés y británico además de estadounidense) y por su situación económica. Porque, aunque al ser arrestada Maxwell declaró que tenía menos de un millón de dólares en el banco, los fiscales han identificado más de 15 cuentas asociadas con ella desde 2016, con balances que van desde cientos de miles de dólares hasta los 20 millones.