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Mitos y verdades sobre las luces de Navidad

Mitos y verdades sobre las luces de Navidad
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Llega la Navidad y, con ella, las calles de pueblos y ciudades se llenan de colores y el espíritu navideño inunda nuestras vidas a través de canciones, anuncios, imágenes, decoraciones y, por supuesto, luces. Y con ellas, críticas y elogios. Abordamos algunos mitos y verdades sobre uno de los iconos de la Navidad: las luces.

¿QUIÉN PAGA LAS LUCES?

Si eres de Barcelona y paseas por tu barrio buscando regalos, es muy probable que te cruces con luces que no ha financiado únicamente el Ayuntamiento. Más allá de las luces consideradas “de ciudad”, en los ejes comerciales los comerciantes pagan el 25% del coste de la iluminación y el consistorio hace frente al otro 75%, como consta en la nota de prensa del Ayuntamiento. En los últimos años, esta ayuda era del 50%, pero tanto en 2020 como en 2021 la cantidad ha aumentado “como medida excepcional de apoyo a los comerciantes” tras la pandemia de la covid-19.

 

Ramon Puig-Oriol, coordinador de Sant Antoni Comerç, explica que en su eje comercial hay dos tipos de luces: arcadas que van de lado a lado de la calle y se reparten a lo largo del tramo iluminado (independientemente de quien paga o quien no) y medallones en la acera (que solo lucen en los portales de los comercios que quieren participar). En cualquier caso, en las tiendas hay distintivos que indican los establecimientos que colaboran.

 Ayuda o convenio

Esta financiación se puede traducir de dos formas: a través de una subvención o a través de un convenio. En el primer caso, las asociaciones de comerciantes se encargan de encontrar y contratar las luces y el Ayuntamiento asume el 75% del gasto. En el segundo caso, el consistorio propone un proyecto (en gran parte cerrado) que incluye un tipo de iluminación y un iluminador y los comerciantes pagan su parte correspondiente. El año pasado, de los 24 ejes comerciales que forman parte de Barcelona Comerç, que agrupa los ejes de comercio de barrio, ocho apostaron por el convenio, según datos que la entidad ha facilitado a Verificat.

 

Lo mismo pasa en Sabadell, donde “no se contrata todo el alumbrado, sino solo el de algunas calles, puesto que las asociaciones de comerciantes se encargan de contratar el alumbrado de las zonas y después reciben una subvención municipal”, señalan fuentes del Ayuntamiento a Verificat.

 Terrassa y Girona

Sin embargo, esto no es así en otras ciudades, como confirman a Verificat los departamentos de prensa de dichos gobiernos municipales. En Terrassa, desde hace años el Ayuntamiento se hace cargo de la totalidad del gasto de las luces de Navidad y las asociaciones de comercio no pagan nada, igual que en Girona, donde “las luces son asumidas íntegramente por el Ayuntamiento”.

 En tres de los municipios españoles que más gasto tuvieron en 2020, según los datos de Newtral, también es el Ayuntamiento quien sufraga todos los costes de las luces de Navidad: Fuengirola, Madrid y Huelva.

¿LAS LUCES NOS LLEVAN A COMPRAR MÁS?

Las luces forman parte de la liturgia navideña y de una época del año caracterizada por el consumo, pero ¿qué fomenta qué? Gisela Ammetller, experta en marketing electrónico y comportamiento del consumidor de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), señala que “las luces son motivo de atracción” y que si hay más estímulos sensoriales, entrar en una tienda navideña será más atractivo. Además, “en los barrios, las luces navideñas atraen el consumo local y hacen que la gente pasee más”.

 Decisiones emocionales

En esta misma línea, Sergio Rodríguez, profesor de marketing de la Universitat de Barcelona, apunta que “nosotros no compramos solo por un tema racional, sino que muchas veces las decisiones de compra son emocionales” y las luces “hacen recordar que se acerca la Navidad, un momento de encuentros sociales y nostalgia”. Josep Maria Espinet, profesor de marketing de la Universitat de Girona, añade que las luces generan “más alegría, son un bienestar anímico y tienen un impacto mental muy favorable sobre la gente”.

 

José Ruiz Pardo, especialista en neuromarketing y comportamiento del consumidor, pone un ejemplo: “Si tú tienes dos calles paralelas que desembocan en el mismo sitio, una calle con una iluminación muy bonita y otra completamente oscura, es más probable que decidas ir por la bonita aunque solo sea por verla. El aumento de ventas no es directo en el sentido que las luces en sí no hacen que compres, pero si pasa más gente por ahí, es más probable que compren en una tienda de esa calle que en la de la calle oscura porque no pasan por ahí”.

 Una señal, un recordatorio

Sin embargo, las luces no son el único elemento que tiene impacto sobre los consumidores. Ana Jiménez, directora del máster de marketing digital de la UOC, pone de relieve el ambiente navideño y habla del marketing sensorial: son “diferentes estímulos que entran a través de los sentidos” y que “refuerzan el significado de la propia fiesta a través de la iluminación, la música y toda la puesta en escena”. Albert Vinyals, doctor en psicología del consumo especializado en consumo consciente y neuromarketing, añade que las luces son “una señal, un recordatorio” de las compras y de la ilusión que genera la Navidad. “Si miramos los mecanismos de la atención, la luz nos atrae”, argumenta.

 Para Sergio Rodríguez “no se puede decir que las ventas se deban solo a las luces sin explicar también que es la época”, aunque “en principio, es bastante seguro que las luces ayudan”. Al fin y al cabo, “la Navidad con o sin luces es una época de mayor consumo”, señala José Ruiz Pardo.

 Así pues, “las luces forman parte de la decoración”, argumenta Emili Vizuete, profesor del departamento de empresa de la Universitat de Barcelona (UB) y experto en marketing y comportamiento del consumidor. Vizuete no cree que sean “un factor que incida en el consumo, sino que forman parte del atrezzo de la Navidad que nos encontramos en la calle y nos hacen una inmersión dentro del proceso de la Navidad”.

Árbol de Navidad de luces, instalado en la Puerta del Sol de Madrid, en diciembre del 2019.

/ EFE / BALLESTEROS

Hay pocos análisis empíricos y pocos datos que permitan cuantificar el impacto real de las luces en el consumo. Sin embargo, un estudio sobre Portugal publicado en julio concluyó que “cuanto mayor es la importancia que se le da a los símbolos navideños, mayor es el valor de consumo estimado en la época navideña”.

El caso de Vigo 

Donde sí hay estadísticas en este sentido es en Vigo, una ciudad en la que el alcalde Abel Caballero se ha hecho famoso por la apuesta desenfrenada por las luces de Navidad; este año, sin ir más lejos, las presentó a principios de agosto. Si miramos atrás, la Navidad de 2018 “movilizó a más de 2 millones de personas y supuso un retorno económico para la ciudad que multiplicó por 25 la inversión realizada por el Ayuntamiento”, según los datos del Concello de Vigo. Respecto a 2017, hubo 250.000 vehículos más que entraron en la ciudad (un aumento del 13,57%) y la facturación de la hostelería “se incrementó en más de un 50%”.

 

Volviendo a Barcelona, Ramon Puig-Oriol, coordinador de Sant Antoni Comerç, sostiene que existe “el convencimiento de que las luces animan a comprar y facilitan que la gente pasee”. Barcelona Comerç tampoco lo tiene cuantificado, pero su departamento de prensa explica a Verificat que hacen trimestralmente encuestas a los comerciantes y a la pregunta de si van a poner luces de Navidad y si se nota impacto en el comercio, todo el mundo afirma que sí: “la campaña de luces es una de las actividades que todo el mundo intenta no tener que anular”.

 Gasto en comercio local

En la misma línea, el departamento de prensa del Ayuntamiento de Girona responde a Verificat que tiene referencias a estudios de otras ciudades que demuestran que “la iluminación de Navidad junto con las actividades que se organizan crean un efecto multiplicador que propicia una retención del gasto hacia el tejido comercial local”. Por su parte, el Ayuntamiento de Fuengirola argumenta que “evidentemente, se percibe la mayor afluencia de personas por las calles más comerciales”, especialmente en las del centro, y el de Huelva responde que el sector “nota el aumento del consumo con el inicio del alumbrado”.

 Internet

Finalmente, a día de hoy es evidente que las ventas por Internet han ganado terreno. Gisela Ammetller arguye que “el comercio electrónico ha llegado para quedarse” y que, tras un aumento progresivo en los últimos años, la pandemia ha provocado un incremento exponencial. Sin ir más lejos, en el primer cuatrimestre de 2021, el comercio online aumentó en España un 71% en relación con el mismo periodo del año anterior según el Shopping Index de Salesforce. En el segundo y tercer cuatrimestre el aumento ha sido del 7% y del 14%. Aplicado esto a la Navidad, “las ventas por Internet se benefician del espíritu navideño que hay en la calle”, sostiene Emili Vizuete.

¿LAS LUCES DE NAVIDAD CONTAMINAN?

La principal contaminación que generan las luces de Navidad tiene que ver con la lumínica, “el aumento del fondo de brillo del cielo nocturno a causa de la dispersión de la luz procedente de la iluminación artificial”. En este caso, “al igual que gran parte de las farolas están diseñadas para emitir toda o casi toda la luz hacia abajo, las luces de Navidad no lo están y emiten gran cantidad de luz directamente hacia el cielo”, explica Eduard Masana, investigador del Institut de Ciències del Cosmos de la UB.

 Ritmo del sueño

Xavier Giménez, profesor de Química Ambiental y miembro del Institut de Química Teòrica y Computacional de la UB y autor de L’Aire que Respirem, relata que “la iluminación nocturna, en general, contamina y afecta principalmente nuestro ritmo circadiano”. El ritmo circadiano es “el ritmo de actividad que se manifiesta en ciclos regulares de 24 horas aproximadamente” y que “regula los períodos de sueño y de vigilia”. Sin embargo, Giménez añade que “las luces de Navidad representan un porcentaje pequeño de la iluminación, del orden de un 5%, que se añade a la iluminación cotidiana”. “La luz debe considerarse un contaminante como si fuera el ruido”, sostiene Enric Marco, presidente de Cel Fosc, Associació contra la Contaminació Lumínica.

 

Palma destina más de un millón de euros a las luces y espectáculos navideños

/ DM

¿Y qué efectos tiene la contaminación lumínica? Jordi Miralda, profesor ICREA en el Institut de Ciències del Cosmos de la UB, considera que tiene muchos efectos perjudiciales: “nos impide ver el cielo nocturno y las estrellas, lo que tiene un efecto muy malo sobre la educación científica y nuestra capacidad de admirar el universo” y afecta también la naturaleza, ya que “hay muchos animales que dependen de la oscuridad por la noche”.

El auge de los leds

En los últimos años, las luces tradicionales se han sustituido por los leds, que son más eficientes a la hora de iluminar y consumen y contaminan menos que las bombillas de incandescencia. Alexandre Deltell, profesor del departamento de ingeniería mecánica y de la construcción industrial de la Universitat de Girona (UdG), destaca que la vida útil de las luces led es de entre 25.000 y 50.000 horas, mientras que esta era de entre 1.000 y 2.000 para las incandescentes. “A grandes rasgos, y generalizando, las luces led gastan un 80% menos de energía que las luces incandescentes equivalentes”, detalla.

 

Siendo esto cierto, uno de los problemas de los leds es que “su bajo coste ha favorecido su proliferación”, señala Eduard Masana. “Es decir, en vez de simplemente sustituir las antiguas lámparas por leds, manteniendo el mismo flujo luminoso y ahorrando dinero, muchas veces se ha optado por aumentar la cantidad de luz y mantener el gasto”. Y esto ha favorecido el aumento de la contaminación lumínica. Xavier Giménez y Jordi Miralda coinciden con este análisis.

 

Además, la mayor parte de los leds instalados tienen una fuerte emisión de azul y estos son, precisamente, “los leds más dañinos”, explica Enric Marco: “el azul es un color que de forma natural no se encuentra por la noche y, por lo tanto, el azul es el color con el que los seres vivos regulan su ciclo circadiano”. Así pues, “cuando hay luz azul en el ambiente, el cerebro de cualquier animal considera que es de día y que debe estar activo y cuando no detecta luz azul, considera que es de noche”. Si hay luz azul artificial, “estamos enviando un mensaje erróneo a nuestro cerebro, le estamos diciendo que es de día y no se produce de manera adecuada la melatonina, la hormona que nos hace dormir y que es beneficiosa para regular procesos internos”.

 Así pues, por ejemplo, se recomienda no estar expuestos a la luz de móviles antes de acostarse y el modo nocturno de los móviles elimina la parte azul y tiene unos tonos más amarillentos.

 Eduard Masana añade que “la luz azul se dispersa más en la atmósfera y es visible desde más lejos que la luz roja, provocando más contaminación lumínica”. Esto también afecta a muchos insectos, que “son especialmente sensibles por la luz azul y se sienten atraídos por ella, haciendo que vuelen indefinidamente a su alrededor, agotándose o siendo presas fáciles de sus predadores”. Xavier Giménez concluye que las luces nocturnas “alteran el comportamiento biológico, pero en un porcentaje pequeño si hablamos específicamente de las luces de Navidad”.

 Por lo que respecta al consumo de energía para generar electricidad, hay que tener presente que la encendida de las luces de Navidad, aunque no representan un gran porcentaje del total de iluminación urbana, coincide con uno de los momentos del día con mayor uso de energías no renovables para producir electricidad. Así consta en los datos de Red Eléctrica. “El consumo es mayor, la subasta eléctrica será mayor y, por lo tanto, entrarán muy posiblemente tecnologías de producción eléctrica más caras”, explica Alexandre Deltell. Así pues, “la contaminación depende de la forma de generar esta electricidad”, apunta Jordi Miralda, que está convencido de que el uso de electricidad de las luces de Navidad “es una parte muy pequeña del gasto total que se produce”.

 Otro elemento a tener en cuenta es el hecho que la luz nocturna dificulta la limpieza del aire. Esto es lo que encontró un estudio publicado en 2011 elaborado principalmente por Harald Stark, científico del Instituto Cooperativo de Investigación en Ciencias Ambientales de la Universidad de Colorado Boulder.

 Esta investigación concluyó que las luces de la ciudad descomponen un compuesto llamado radical nitrato que ayuda a limpiar la atmósfera: “el radical nitrato elimina los contaminantes del aire, como los compuestos orgánicos volátiles”, que de otro modo formarían esmog (niebla mezclada con humo y partículas en suspensión) y ozono (que es un contaminante en la superficie de la tierra). Este compuesto limpiador “solo funciona en turnos nocturnos, ya que la luz solar destruye la molécula sensible a la luz”. Sin embargo, los nuevos datos revelaron que “las luces urbanas en ciudades como Los Ángeles son lo suficientemente brillantes como para destruir también el radical nitrato, disminuyendo los niveles hasta en un 4% en los cielos de Los Ángeles”. En conclusión, pues, Enric Marco resume que se halló “una relación entre la contaminación lumínica de las ciudades y la contaminación atmosférica”.

 Sin embargo, los investigadores informaron que parecía “a partir de simulaciones de modelos que esto tiene solo un pequeño efecto en los niveles de ozono del día siguiente”

 

La iluminación navideña ya luce en Alicante

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Finalmente, Miquel Ortega, Doctor en Ciencias Ambientales y consultor ambiental especializado en políticas públicas ambientales, señalaba en un artículo de 2019 la importancia de incorporar en los análisis del rol de las ciudades en el cambio climático las emisiones vinculadas al consumo, es decir, “contar los gases de efecto invernadero generados en la producción de los productos y servicios que se consumen en la ciudad”. Y esto tiene una estrecha relación con las compras que hacemos en Navidad.

 “Barcelona no funcionaría sin todos los productos que vienen del exterior” y, por lo tanto, es razonable adoptar este método de evaluación para entender (y actuar para disminuir) “el impacto climático asociado al funcionamiento de la ciudad”, señalaba Ortega. De hecho, según un estudio publicado en el Journal of Cleaner Production en 2020, más de dos terceras partes de las emisiones de Barcelona están actualmente asociadas a productos y servicios que se consumen en la ciudad.