TRAS 'EL JUEGO DEL CALAMAR'

‘Dr. Brain’: las series coreanas se postulan como fábrica global del terror y la ciencia ficción

Sun-Kyun Lee, el protagonista de ’Dr. Brain’.

Sun-Kyun Lee, el protagonista de ’Dr. Brain’. / Apple TV+

  • La serie de AppleTV+, que se estrena el 4 de noviembre tras el fenómeno de 'El juego del calamar', se adentra en el 'hackeo' de cerebros de personas muertas para acceder a sus recuerdos 

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Elena Neira
Elena Neira

Profesora de los Estudis de Ciències de la Informació i de la Comunicació de la UOC

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'Dr. Brain' es el nombre de la última serie coreana resuelta a recoger el testigo de 'El juego del calamar' y, así, subirse al fenómeno que tiene a medio mundo sumido en un delirio con este tipo de producciones. Este original de AppleTV+, que adapta un célebre cómic de ciencia ficción, se estrena coincidiendo con la llegada del servicio a Corea del Sur.

Aquí no hay sádicos juegos infantiles en los que los participantes luchan por la supervivencia. En 'Dr. Brain' la cosa va de neurociencia, tecnología y del 'hackeo' de cerebros para acceder a los recuerdos de personas fallecidas. La premisa y su origen es suficiente para llamar la atención, porque el atractivo de las series procedentes de Corea del Sur ya trasciende los propios géneros y hasta las preferencias audiovisuales que uno tenga de partida.

Los K-dramas conectan por los giros inesperados y las montañas rusas emocionales

'El juego del calamar' se ha convertido en uno de los fenómenos que ha vertebrado la cultura del audiovisual en 2021. La serie ha sido un éxito porque la han visto quienes no eran, en principio, su público objetivo, seducidos por la conversación que había generado. Que sea la serie más vista en la historia de Netflix, según ellos mismos han declarado, es tan solo la punta del iceberg. Decenas de miles de memes, legiones de fans de sus protagonistas en redes, chándales setenteros por los que todo el mundo suspira… el 'calamar' solo está dando los primeros pasos de una lucrativa explotación comercial de la propiedad intelectual que ha originado.

Todo esto de la ficción coreana, o K-drama en su acepción más popular, no es un fenómeno tan reciente. Para cuando 'Parásitos' ('Bong Joon Ho') arrasó en los Oscar, Netflix, el catalizador global del formato, ya llevaba bastante tiempo construyendo una estrategia en torno a los contenidos procedentes de Corea del Sur. El K-drama despegó primero en territorios de crecimiento orgánico del género (como en EEUU, país con mucho inmigrante de segunda generación). Lo que ha eclosionado en 2021 es el fenómeno global.

El secreto del K-drama

Pero, ¿por qué gusta tanto el K-drama? Gusta porque, con independencia del género que aborde (romance, comedia, ciencia ficción, terror, drama…) es un tipo de producción a la que se destinan muchísimos recursos. El resultado son series muy bien rodadas, con una buena postproducción y una factura visual impecable. Cuentan, además, con buenas tramas, salpicadas de giros inesperados y montañas rusas emocionales, lo que les permiten establecer una conexión muy intensa con el público. Y el formato (casi siempre de temporada única) termina de redondear el producto. La historia se resuelve en unos cuantos episodios, lo que brinda al espectador un clímax y la posibilidad de pasar a la siguiente historia.

Netflix destina más de 500 millones de dólares a producir K-dramas este año

La alianza de Netflix con la industria creativa coreana ha resultado ser muy próspera, aunque se ha encontrado unos cuantos escollos por el camino. Entró en el mercado surcoreano en 2016 y se topó con la resistencia de los principales operadores de telecomunicaciones del país, que se negaron a aceptar acuerdos de colaboración con la plataforma o ventas de derechos. Los agentes locales querían, de alguna manera, preservar una industria muy lucrativa de los tentáculos del gigante del 'streaming'. Pero Netflix encontró una puerta trasera. Consiguieron contenido de agentes más pequeños, adquisiciones que les enseñaron lo necesario para saber que era un mercado muy próspero. Y algo todavía más importante: que no era un producto tan de nicho como podía parecer a priori. Ya solo les faltó empezar a producir.

El último empujón lo dio la pandemia. Con el confinamiento, el número de horas que se dedicaron al entretenimiento en el hogar aumentaron de manera sustancial, y el propio hartazgo de los contenidos a los que la audiencia estaba acostumbrada impulsó a probar cosas nuevas. Los K-dramas se beneficiaron de forma muy clara de este fenómeno. Por eso no extrañó a nadie que Netflix anunciase, a principios de 2021, que iba a destinar más de 500 millones de dólares a producir K-dramas a lo largo del año. La cifra era considerable, sobre todo si se tiene en cuenta que en los cuatro años anteriores había invertido 700 en total.

Corea del Sur se ha convertido en una nueva meca para el 'streaming'. La gran mayoría de compañías del sector han puesto sus ojos en el K-drama en parte porque el tsumani que ha provocado 'El juego del calamar' ha sido suficiente para acabar con cualquier duda o desconfianza.

El gancho para el consumo masivo de Occidente ha sido el 'shock' y la sorpresa

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Habrá que esperar para ver si, a medida que se vaya globalizando el fenómeno, el formato experimenta alguna alteración. Algunos cambios ya han comenzado a manifestarse, como la posibilidad de estirar la historia a una segunda temporada. En cuanto a géneros, no sería improbable que de la actual diversidad se pase a una situación en el que el terror y la ciencia ficción sean los grandes beneficiados. Si el gancho para el consumo masivo de Occidente fue el 'shock' y la sorpresa, estos dos son los géneros que mejor pueden servir a estos propósitos. De dramas, comedias y romances en Occidente parece que ya vamos bien servidos. 

En el siguiente capítulo de esta odisea de Netflix con la producción, la sorpresa podría venir de la mano de los híbridos de dos productos locales que tomen lo mejor de dos mundos. Ahí está la adaptación coreana de 'La Casa de Papel' para confirmarlo. Un proyecto que, por cierto, tendrá a Park Hae-Soo (el jugador 218 de El juego del calamar) en el personaje de Berlín. ¿Qué podría salir mal?