El 48 Open House BCN rescata al arquitecto José Antonio Coderch, el Gaudí de la España franquista

Incómodo en su época, fue olvidado en democracia por proyectar durante la dictadura.

El arquitecto José Antonio Coderch.

El arquitecto José Antonio Coderch. / ANTONI BERNAD

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Núria Navarro
Núria Navarro

Periodista

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Si Gaudí hubiera tenido a mano una red social se habría dejado el dedo dando 'likes' a José Antonio Coderch (Barcelona, 1913–Espolla, 1984), el arquitecto al que rinde tributo el 48h Open House BCN este fin de semana. Los dos eran gente de orden, muy conservadores, se quedaban a dormir en el trabajo y eran alérgicos a seguir consignas de nadie. Dos 'outsiders', vaya. Solo que Coderch, admirado por los arquitectos –Frank Lloyd Wright ya lo recomendaba a un amigo que viajaba a Europa–, es un desconocido para la mayoría. Tiene explicación (o mejor, una carga de prejuicios). Tenía una actitud elitista –aunque prefería el trato con carpinteros y pescadores, era un Sentmenat, un miembro del 'Gotha' barcelonés–, un carácter autoritario, huía de la academia y trabajó –a menudo desde la cama– con holgura durante el franquismo.

Contaba Oriol Bohigas que Coderch, a quien encargó la ampliación de la Escola Tècnica Superior de Arquitectura de Barcelona (ETSAB) –Diagonal, 649–, sabiendo que él era del PSUC, llegaba con el diario 'El Alcázar', lo tiraba sobre su mesa y le enseñaba unos planos en que comparaba la forma de las aulas con los cascos de los soldados nazis. Reían un rato, y a trabajar. Pero Coderch también podía coger el 600 e ir a abofetear a un funcionario falangista del ayuntamiento por un lío administrativo. "Era un provocador", concluye Pati Núñez, autora del libro 'Recordando a Coderch' y mentora del documental homónimo. "Nunca fue afecto al régimen".

Edificio Barceloneta. Joan de Borbó, 43. 1954.

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De hecho, no trabajó en ningún proyecto público o encargo del Gobierno. Se dedicó a diseñar casas para la alta burguesía —la Catasús o la Gili en Sitges, por ejemplo— y viviendas sociales, como el edificio de la Barceloneta (Joan de Borbó, 43), que abordó con idéntica meticulosidad. Incluso ideó unos techos para que los barraquistas pudieran cubrir sus casas autoconstruidas. "Era muy preciso en la funcionalidad y tenía un gran sentido del entorno, tanto si hacía casas para obreros como para ricos", destaca el arquitecto Enric Soria, que habló durante una docena de largas sesiones con él para alimentar su libro 'Conversaciones con Coderch'.

Cocheras de Sarrià. Paseo de Manuel Girona, 75. 1975.

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En el cuarto de las escobas

Si fue un 'outsider' para la dictadura, con la llegada de la democracia fue "inexplicable e incómodo para la 'inteligentzia' progresista", dice Óscar Tusquets. Le situaron en el cuarto de las escobas. Allá van unas claves para su rescate: Coderch fue alumno de Josep Maria Jujol, se enamoró de la modernidad ligada a lo mediterráneo en contacto con Gio Ponti y la escuela italiana, llevó el racionalismo a otra dimensión y, según Rafael Moneo, en él coinciden lo popular con los buenos procedimientos constructivos. "La casa no debe ser ni suntuosa ni original", solía repetir. Quería emocionar con lo sencillo, a poder ser con pocos materiales.

"La casa no debe ser ni suntuosa ni original", repetía Coderch

"Lo más relevante de Coderch era la actitud", explica Pati Núñez. No daba nada por supuesto. "Partía de cero, siempre". Cuando le encargaron el Hotel de Mar de Mallorca (Calvià, 1962), por ejemplo, en vez de empollarse libros de hoteles, se instaló cinco días en uno. Para calibrar la inclinación de una rampa, pidió un carrito y un té y los arrastró arriba y abajo para detectar la dificultad que tendría el servicio de habitaciones. "A la hora de proyectar, hay que olvidar toda la mierda," decía (y por mierda entendía lo anterior).

Casa Ugalde. Caldes d'Estrach. 1952.

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De la Casa Ugalde a ‘La Herencia’

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Cada arquitecto se queda con un edificio. Rafael Moneo y Enric Soria eligen el bloque del número 7-7bis de la calle Johann Sebastian Bach (1958), por su elegancia y finura. Pati Núñez prefiere la Casa Ugalde (Caldes d’Estrac), el súmmum de la simplificación. Todos se rinden a La Herencia, proyecto en el que desplegó el arsenal de su creatividad: imaginó un bloque habitacional en el que las viviendas podían variar de configuración y tamaño según las necesidades de la familia (cuando los hijos se iban de casa, cedía espacio a los vecinos de al lado carentes de metros cuadrados). Entregó los planos siete meses antes de morir, y jamás fue concretado. Esos papeles, entre otros documentos, fueron cedidos por la familia al Reina Sofía, tras el desinterés mostrado por Catalunya. Un error del que se arrepentirá (o debería).

Torres Trade. Gran Via Carlos III, 86-94. 1969.

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