Camille Kouchner: “Debemos atender a la víctima del incesto antes de castigar al culpable”

  • La abogada ha removido las conciencias de Francia tras denunciar en el libro 'La familia grande' los abusos sexuales a los que su padrastro, un eminente politólogo y exeuroparlamentario, sometía a su hermano mellizo

Camille Kouchner.

Camille Kouchner. / DAVID CASTRO

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Juan Fernández
Juan Fernández

Periodista

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Camille Kouchner (París, 1975) y su hermano mellizo crecieron felices en un entorno familiar acogedor, culto y libre poblado por figuras destacadas de la intelectualidad francesa de los años 80. Hijos del médico y político Bernard Kouchner -fundador de Médicos del Mundo y ministro socialista- y la politóloga y escritora Évelyne Pisier, sus padres se separaron cuando aún eran críos y ella se casó más tarde con el prestigioso politólogo y eurodiputado Olivier Duhamel.

A los 14 años, el hermano de Camille le confesó que su padrastro abusaba sexualmente de él, una revelación que ella se vio incapaz de gestionar. En vez de correr a denunciarlo, enterró el secreto bajo una montaña de sentimiento de culpa que saltó por los aires a principios de este año, cuando lo contó todo en ‘La familia grande'. El libro, publicado ahora en castellano por Península, ha agitado la vida social y cultural francesa y ha puesto sobre la mesa el doloroso tema del incesto animando a otras víctimas a revelar ahora lo que nunca antes se atrevieron a contar.

-Han pasado 32 años desde el día en que su hermano la llamó a su cuarto para contarle que su padrastro se metía en su cama. ¿Cómo lleva hoy hablar de aquel momento?

-Mejor que antes. Escribir el libro me ha ayudado a poner perspectiva. Es imposible hacerse una idea de lo que supone para una niña descubrir que alguien que admira y a quien ama le ha hecho algo así a su hermano. De repente, el mundo se derrumbó. No entendía nada, sabía que lo que mi hermano me contaba era cierto, pero algo en mi interior se resistía a admitirlo, como si no quisiera que fuera real. Desde entonces vivo en conflicto con la realidad.

-Su hermano le pidió que guardara su secreto y usted accedió. ¿Cómo ve ahora su reacción?

-La comprendo, aunque hoy no la comparto. Pero hay que ponerse en aquella situación. Ni mi hermano ni yo fuimos capaces de enfrentarnos a nuestro padrastro, que nos cuidaba, era un modelo para nosotros y tenía una ascendente muy fuerte sobre toda la familia. En el incesto, lo habitual es que la víctima se sienta culpable, y eso es lo que le pasó a mi hermano. Yo le decía que él no tenía la culpa de lo que le había pasado, que el único culpable era nuestro padrastro, pero los dos estábamos de acuerdo en que debíamos callarnos para proteger a nuestra madre.

-¿Qué creían que le pasaría si lo contaban?

-Estábamos convencidos de que la mataríamos. Mi madre se encontraba muy mal desde el suicidio de mi abuela, que había sido dos años antes, poco después de que mi abuelo también se quitara la vida. Lo de mi abuela me afectó mucho, porque estábamos muy unidas y ella era para mí un modelo de alegría. A mis 12 años tuve que encajar esa noticia y, además, hacerme cargo de mi madre, que fue incapaz de superarlo. Se invirtieron los términos: en vez de que mi madre me cuidara a mí, yo me convertí en su cuidadora. Por eso quisimos ocultarle el incesto de mi hermano. Temíamos que no pudiera hacer frente a algo tan terrible.

"En el incesto, al daño de la agresión se le suma el del silencio. Además de ser víctima, te condenan a ocultarlo".

-¿Nunca pensó que al silenciarlo se convertía en cómplice?

-Lo entendí cuando tuve hijos, pero en aquel momento solo me preocupaba que mi madre no sufriera. El sentimiento de culpa es como una serpiente que nunca sabes por dónde te va atacar, pero que siempre aparece. Lo sé por experiencia. Lo que no acepto es que se me considere cómplice de lo que le pasó a mi hermano, porque yo fui otra víctima de aquel incesto, en mi caso una víctima moral. La persona que debía denunciar aquellos abusos no era yo. Cuando hay niños de por medio, los responsables son los padres, no los menores.

-Sorprende que todo esto haya pasado en una familia como la suya, que pertenecía a la elite social y cultural de su país.

-El incesto es un acto de perversión suprema del que solo es responsable el adulto que lo comete, y pervertidos hay en todos los ambientes y estratos de la sociedad. Esto ocurre en familias arraigadas y desestructuradas.

-Cuando ustedes contaron en su entorno lo que había pasado, varios miembros de su familia les rechazaron. ¿Cómo lo vivieron?

-Fue un momento terrible. Nos dijeron que no era tan grave y que no teníamos motivos para quejarnos, que habíamos disfrutado de una buena vida al amparo de una buena familia y que esos asuntos debían quedar en casa. Suele pasar en las situaciones de incesto: al daño de la agresión se le suma el del silencio. Además de ser víctima, te condenan a ocultarlo. Mi hermano y yo no entendíamos nada. ¿Qué se supone que debíamos hacer? ¿Derrumbarnos para que comprendieran lo que había sucedido?

"En el incesto, la agresión la comete la persona que debía cuidarte. La autoestima y la personalidad de la víctima quedan dañadas para siempre".

-Explíqueselo a quien duda de la gravedad del incesto: ¿qué le sucede a la víctima?

-En mi país se ha creado una comisión para estudiar la violencia sexual contra los niños y su presidente ha definido este delito como un crimen contra la humanidad del sujeto, porque se cosifica al menor, se le roba roba su condición de ser humano. Pero hay algo específico en el incesto sobre la pedofilia, y es que la agresión la comete la persona que debía cuidarte. La autoestima y la personalidad de la víctima quedan dañadas para siempre.

-¿Su padrastro debería estar en la cárcel?

-No, porque su delito ha prescrito.

-¿Le gustaría que estuviera en la cárcel?

-No le deseo la cárcel a nadie. Tampoco estoy segura de que ésa sea la solución. Yo querría que mi hermano estuviese bien, pero eso no lo facilita ver a nuestro padrastro en prisión. A mi hermano no le liberaría de ningún dolor, y a mí tampoco.

"Hay que abordar el tema del silencio y acompañar a quien ha sufrido incesto para que se libere de la culpa y la vergüenza".

-En España se ha cambiado la ley para que las agresiones sexuales a menores no prescriban antes de que la víctima cumpla 35 años. En Francia, el límite está en los 48. Hay quien sostiene que no deberían prescribir nunca. ¿Usted qué opina?

-Soy jurista y antes pensaba que los únicos delitos que no deberían prescribir son los de lesa humanidad, pero ahora dudo de si el incesto debería figurar en ese grupo. Es algo sobre lo que debemos reflexionar. Por un lado, me pregunto en qué ayuda condenar un delito cometido hace 35 años. Pero luego me escriben personas de 80 años que me confiesan: mi padre abusó de mí y nunca lo he contado, aunque lo recuerdo a diario. Esto es lo importante, es ahí donde deberíamos incidir.

-¿A qué se refiere?

-No estoy segura de que señalar con el dedo al agresor y exigir que se le castigue ayuda a la víctima a hablar, que es de lo que se trata. Hay que abordar el tema del silencio y acompañar a quien ha sufrido incesto para que se libere de la culpa y la vergüenza. Atendamos a la víctima antes de castigar al culpable.

-¿Cómo se ayuda a las víctimas?

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-De muchas maneras. Yo he aportado mi granito de arena escribiendo este libro que ha animado a más gente a contar sus experiencias. Pero también hay que educar a los menores para que distingan lo correcto de lo incorrecto y avisen a tiempo si se ven en una situación así. Y hay que formar a los terapeutas para que sepan abordar este tema. Yo pasé por cuatro psicólogos hasta que di con la persona que ayudó a contar todo esto. Me cambió la vida.

JURISTA DE IZQUIERDAS

Camille Kouchner desarrolla una doble actividad en el campo de la judicatura. Como docente, es profesora de Derecho Laboral en la Facultad de Derecho de la Universidad de París. Como abogada, es socia del bufete Atticus Avocats, que en 2013 defendió a damnificados por la vacuna Gardasil contra el virus del papiloma, un caso que fue muy publicitado por los medios franceses.


Vinculada al Partido Socialista francés, en 2012 formó parte de una plataforma de 362 intelectuales galos que pidieron el voto para François Hollande. En las elecciones de 2017 apoyó públicamente a Benoit Hamon. Está casada con Louis Dreyfus, editor del diario Le Monde, y tiene dos hijos de 13 y 16 años fruto de un matrimonio anterior con el guionista Thomas Bidegain.