CRISIS PRESIDENCIA-BANQUILLO

¿Sufren 'mobbing' los entrenadores de fútbol? Abogados laboralistas diseccionan el caso Koeman (y el de otros técnicos)

Laporta, junto a Koeman, tras ganar las elecciones a la presidencia, el pasado marzo.

Laporta, junto a Koeman, tras ganar las elecciones a la presidencia, el pasado marzo.

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Emilio Pérez de Rozas
Emilio Pérez de Rozas

Periodista

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Si un juez visionara la serie documental 'Força Koeman' de la televisión holandesa –sobre el fichaje, el trabajo y las vicisitudes del entrenador del Barça–, y viera llorar a Bartina, la esposa del técnico, cuando su agente, Rob Jansen, explica el trato que recibe 'Tintín' por parte de la directiva del club, ¿consideraría que se trata de un caso claro de 'mobbing'?

Pero no es menos evidente que con lágrimas no se ganan los juicios ni siquiera, por supuesto, una posible demanda de ‘mobbing’, que debe probarse, según han explicado tres abogados laboralistas consultados por EL PERIÓDICO, "entre otras razones -señala Robert Guitérrez- porque, no es que los jueces se pongan estrictos con estos caso, es que la propia definición legal de ‘mobbing’, por su gravedad, exige una interpretación restrictiva”.

Tanto Gutiérrez como los letrados Pere Vidal y Nacho Parra reconocen que la relación de Koeman con el Barça es, cuando menos, especial: desde que Joan Laporta, nada más volver a la presidencia, le dejó claro que no era su entrenador y que le buscaba sustituto y, después, le permitió quedarse, "se han producido declaraciones y actitudes que podrían considerarse un ataque a la persona de Koeman y, tal vez, un desprecio a su trabajo y profesionalidad". En todo caso, para que Koeman pudiera argumentar que sufre 'mobbing', "deberían poder probarse aquellas actitudes que definen ese acoso laboral", afirma Nacho Parra.

Florentino Pérez y Zinedine Zidane.

/ Archivo

Parra matiza que "una cosa son las declaraciones del presidente, que pueden ser opiniones sobre uno de sus empleados, y otra, que sea una actitud de hostigamiento". Uno de los aspectos inherentes al 'mobbing' es que la actitud perdure en el tiempo –hace seis meses que Laporta menoscaba el prestigio de su entrenador–, pero también el crear un vacío a su alrededor, que todo el mundo lo ignore, lo ningunee, lo aísle. O incluso que lo degraden, que le hubiesen obligado a entrenar al Barça B o a un juvenil".

“La jurisprudencia -señala Gutiérrez- está decantándose por definir como ‘mobbing’ las conductas más extremas de las empresas en referencia a sus trabajadores, no cualquier conducta. Es evidente que la primera sensación, sin ser experto, que te da el ‘caso Koeman’ es que parece como si le estuviesen haciendo la vida imposible para que renunciase al cargo y se fuese. Puede ser así, pero desde luego para fundamentar un caso de ‘mobbing’ hace falta mucho más, aunque podría haber diversos tipos de variantes de ‘mobbing’ que sí podrían ser motivo de demanda por parte del técnico holandés”.

"Que el presidente haya utilizado a terceras personas, en reuniones confidenciales o en 'off the record', para hablar mal del entrenador, así como saberse que le busca sustituto, como le dijo el primer día o, incluso, posibles ultimátums como se comenta ahora, puede ser criticable, pero no son actos calificables de acoso laboral", argumenta Vidal.

Quique Setién y Ángel Haro.

/ Archivo

Robert Gutiérrez, por su parte, considera que "reprender en público, de forma recurrente, ofensiva y constante, dando a entender que no sirve, es algo perfectamente denunciable. Es evidente que cualquier aficionado podría pensar que, en lugar de hacer todo este ruido y, sin duda, menospreciar y desprestigiar al entrenador como se está haciendo, lo que tocaría sería tomar una decisión y llegar a un acuerdo en el despido, con más o menos dinero de indemnización”.

Riesgo psicosocial

Los tres abogados coinciden en que sí habría caso si hubiera incumplimiento por parte del club en materia de riesgo psicosocial. "Todas las empresas tienen la obligación de evitar que sus trabajadores sufran, a la hora de cumplir y ejercer su trabajo , daños psicosociales, ansiedad o depresión, y es posible que el comportamiento del Barça, por acción u omisión, pueda provocar algún desequilibrio en la salud de Koeman", señala Vidal como motivo de denuncia.

"No hay duda de que la demanda por la vía de daños psicosociales tiene mucho más recorrido que por 'mobbing'", señala el abogado Nacho Parra

Es más, todos ellos consideran que, en ese sentido, el primer paso que podría dar el técnico sería presentar una denuncia o protesta ante el 'compliance officer', una de cuyas funciones es velar por el cumplimiento de las normas laborales. En ese sentido, en el seno del club hay quien piensa que, en el ‘caso Koeman’ y en otros muchos casos que ha resuelto la nueva directiva y dirección del club, se produce la contradicción de que, mientras se pretende dar pasos en dirección a modernizar todas las estructuras y comportamientos de la entidad, el club parece hostigar a uno de sus empleados más relevantes para provocar, tal vez, su renuncia al cargo y el ahorro de una importante cantidad de dinero de su indemnización.

“No hay duda que la demanda por la vía de daños psicosociales tiene mucho más recorrido que la denuncia por ‘mobbing’”, señala Parra. “Uno tiene la sensación, sí, de que Laporta o el club está utilizando subterfugios para menoscabar, no solo la profesionalidad y labor de Koeman, sino incluso su dignidad, lo que puede provocar un grave impacto en la salud del técnico”.

Hay sentencias respecto a los daños psicosociales que se pueden provocar en el trabajador, fruto de un hostigamiento permanente, que señalan que "la situación en la que se ejerce una violencia psicológica de forma sistemática, recurrente y durante un tiempo prolongado, sobre otras persona o personas en el lugar de trabajo, con la finalidad de destruir sus redes de comunicación de la víctima o víctimas, así como su reputación, perturbar gravemente el ejercicio de sus labores y lograr que esa persona o personas abandonen el lugar de trabajo", señala Vidal. "Incluso las hay que hablan de psicoterror laboral, por ejercer una presión psicológica extrema sobre el trabajador".

Al margen de estos expertos, hay quien piensa que ni en la mente de Koeman ni en la de Jansen y el equipo de abogados que le asesoran está, en estos momentos, la posibilidad de demandar al Barça por ‘mobbing’ y/o daños psicosociales. Bien es verdad que en el entorno del ‘míster’ holandés se considera un error haber hecho declaraciones de satisfacción y contento por el “seguirá, seguirá” que Laporta realizó antes del duelo en el Wanda Metropolitano, “pues todos sabemos que Laporta dice hoy una cosa y mañana, la contraria”.

Menotti y Jesús Gil y Gil.

/ Archivo

Esa complacencia mostrada por Koeman podría ser utilizada por los abogados del Barça en caso de que el técnico presentase alguna demanda y/o en caso de ser, finalmente, despedido. “Hay que ir con mucho cuidado con lo que se dice y ni jugadores ni entrenadores deberían hablar en público sobre estos temas”, señala un abogado especialista en casos deportivos y que ha sido consultado más de una vez por el equipo de Jansen.

“Lo digo porque, una vez iniciado el conflicto, las partes utilizan todo el arsenal de declaraciones a su alcance. Ya ocurrió, por recordar un caso, cuando el Getafe despidió a su técnico Mihael Laudrup, en mayo del 2008, y lo que era un clarísimo despido se acabó convirtiendo en despido de mutuo acuerdo al haber declarado ‘Michelino’, uno de aquellos días, que ‘yo he elegido este momento, no me han despedido’ cuando fue, insisto, un despido descarado”.

Anil Murthy y Marcelino G. Toral.

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Gil, Haro, Florentino y Murphy

El de Koeman no es el único ejemplo de colisión entre presidente y entrenador. En marzo de 1988, 'La Gazzetta dello Sport' atribuyó unas declaraciones al técnico argentino César Luis Menotti, entonces entrenador saliente del Atlético de Madrid, sobre el fallecido Jesús Gil, propietario y presidente de la entidad colchonera, que esa temporada se estrenaba como mandamás del club rojiblanco. En ellas, 'el Flaco' aseguraba: "En los 30 años que llevo en el fútbol no había tenido nunca un presidente semejante. Es la 'brutta' copia de Al Capone". Gil amargaba la vida –si él creía que lo merecían– a entrenadores y futbolistas. A Menotti lo volvió loco en poco tiempo. Y a Alfio Basile.

En el Betis, Ángel Haro tampoco le dio muy buena vida en la recta final de su relación a Quique Setién. Quien sí fue muy dañino con Paco Jémez, que se había dejado la vida en el modesto Rayo Vallecano, fue su presidente, Raúl Martín Presa, siempre objeto de crítica por parte de la afición de Vallecas.

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Eso sí, para tratar de moverle la silla, o el banquillo, al entrenador de turno, hay estilos y estilos. Florentino Pérez, con enorme discurso (y miedo) en los medios de comunicación, sabe cómo hacerlo y puede, sin duda, que Manuel Pellegrini, Rafa Benítez o, incluso, Zinedine Zidane tengan mucho que decir sobre cómo les buscó las cosquillas para que lanzasen la toalla.

Y para amargar la vida, de forma poco limpia, Marcelino García Toral, que encima triunfó en Valencia, fue la diana más fácil para una propiedad muy lejana de la ciudad del Turia y un presidente, Anil Murphy, que, como Gil, no hacía prisioneros, entre otras razones, porque casi le da igual esto del fútbol.