Carrera espacial

Mohammed bin Rashid Al Maktoum: el (truculento) emir de Dubái que quiere llevar el islam a Venus

Mohammed bin Rashid Al Maktoum, emir de Dubái.

Mohammed bin Rashid Al Maktoum, emir de Dubái.

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Andrea López-Tomàs
Andrea López-Tomàs

Periodista y politóloga.

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Primero fue Marte. Ahora le toca el turno a Venus. Con melodía épica, el emir de Dubái, Mohammed bin Rashid al Maktum, anunciaba el nuevo planeta donde plantar la bandera de los Emiratos Árabes Unidos (EAU). “Un tercio de las estrellas del cielo tenían nombres árabes, porque los árabes fueron pioneros de la astronomía”, declaró orgulloso. Los deseos de enormidad del jeque Mohammed se extienden más allá de la Tierra, pero no son lo suficientemente grandes como para opacar los abusos atribuidos a su persona que cruzan continentes.

“Nuestra misión es la reanudación de nuestra civilización árabe; si no actuamos hoy, ¿cuándo?”, se preguntaba el polémico primer ministro. A principios de mes el también vicepresidente de los Emiratos ha presentado la misión espacial que se espera para el 2028 al planeta Venus y a otros siete asteroides en el sistema solar.

Tras el éxito del lanzamiento de la sonda ‘Hope’ a Marte a principios de año, los jeques de esta petromonarquía quieren convertirse en el cuarto país del mundo en alcanzar el planeta nombrado en honor a la diosa romana del amor. 

Pero las inversiones millonarias de la carrera espacial no logran cubrir las sombras del gobernante de Dubái. Apenas una semana después del anuncio de la misión a Venus, saltó la noticia de que el jeque Mohammed había estado sometiendo a su sexta esposa, la princesa Haya, a una “campaña de intimidación y amenazas”. Hace tres años, la madre de dos de sus 21 hijos huyó al Reino Unido temerosa por su seguridad. Pero su exmarido, de 72 años, hackeó sus teléfonos e intentó comprar una propiedad adyacente a su casa.

Gritos silenciados

También sus hijas han sufrido el férreo control de su padre. Hace 21 años, la princesa Shamsa intentó escapar de su mano dura durante unas vacaciones familiares en Londres. Dos meses después, fue secuestrada y devuelta a Dubái. No se la ha visto desde entonces. La voz de su hermana, la jequesa Latifa, se oyó un poco más fuerte al haber sido puesta en libertad tras un cautiverio de tres años en una mansión por tantear una huída en el 2018. Los abusos denunciados durante su encarcelamiento no han detenido el flujo de dinero hacia la monarquía petrolera. 

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Dubái es hogar del edificio más alto del mundo, la piscina de buceo más profunda, el centro comercial más grande y otros desafíos a la realidad de esta innovadora capital. “Hemos puesto nuestra mirada en las estrellas porque nuestro viaje hacia el desarrollo y el progreso no tiene fronteras ni limitaciones”, afirmó el gobernante del emirato. “Con cada nuevo avance que hacemos en el espacio, creamos oportunidades para los jóvenes aquí en la Tierra”, añadió. Así, el ruido de los aplausos hacia el jeque Mohammed silencian los gritos de auxilio de las mujeres de su familia.