FENÓMENO SOCIAL

Millennials: la generación quemada por la precariedad y el autobombo en redes

La precariedad y el autobombo en redes sociales conducen a la llamada quemazón ’millennial’.

La precariedad y el autobombo en redes sociales conducen a la llamada quemazón ’millennial’.

  • Anne Helen Petersen se ha erigido en ‘notaria’ oficial de este colapso vital transversal pero acuciante entre menores de 40 años

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Abel Cobos

La agenda llena. Cada hora del día ocupada, sin margen a la improvisación. Desde reuniones hasta ir a la tintorería, todo organizado. Un calendario al borde de explotar: como ella. Anne Helen Petersen no lo sabía, pero desde hacía tiempo vivía quemada, padeciendo el 'burn out syndrome' (el síndrome de la quemazón). 

Solo se dio cuenta cuando explotó porque no era capaz de realizar las pequeñas cosas del día a día. Hasta algo tan básico como ir a una zapatería le suponía un esfuerzo sobrehumano. Vivía cansada, tanto, que cuando llegaba la noche, en lugar de leer, su actividad favorita, se pasaba horas haciendo 'scrolling' –pasando pantallas– en Instagram, todo por no pensar. Al final del día, se había autoexplotado tanto que solo tenía energía para ser un autómata.  

Peterse mantiene que lo único que les esperaba tras la universidad son deudas, inestabilidad y falta de oportunidades

Descubrió que no estaba sola. Hablando con otros 'millennials' [nacidos entre 1981 y 1993] encontró que había gente a la que le provocaba ansiedad abrir su correo, ya que era sinónimo de que había nuevas tareas cuando aún a no habían acabado las decenas que tenían pendientes. Entre sus conocidos, era extrañamente común que actividades tan básicas como diarias se hicieran una montaña y supusieran un esfuerzo sobrehumano. Y ahí lo entendió: sí, estaba quemada, y con ella, toda una generación. Era un mal sistémico y, aparentemente, generacional. 

Anne Helen Petersen.

/ Capitán Swing

Artículo viral

Escribió un artículo en Buzzfeed titulado 'Cómo se convirtieron los millennials en la generación quemada'. En él hacía una radiografía de los males de una generación. Por ejemplo, que la precariedad había pasado a ser su rasgo identitario. O cómo de obsoleta estaba la educación que repetía que "esforzándonos lo lograríamos todo", mientras que lo único que esperaba tras la universidad eran deudas, inestabilidad y falta de oportunidades. O cómo, ante un futuro tan nefasto, los 'millennials' se centraban en trabajar y llenar sus horas de productividad para, así, lograr el éxito, hasta el punto en el que el tiempo libre se convertía en un producto de lujo. El artículo fue un 'hit' instantáneo, con 8 millones de visitas, y dio la vuelta al mundo: acababa de poner palabras a la frustración que tantas personas sufrían. 

Ira ‘boomer’

Ahora, el artículo se ha convertido en 'No puedo más. Cómo se convirtieron los millennials en la generación quemada' (Capitán Swing), un libro donde amplía esta introducción para fotografiar todo el fenómeno en su complejidad. Por ejemplo, aborda lo que cataloga como la 'ira boomer', una reacción de generaciones anteriores ante cualquier queja millennial, algo tan común que ya hasta se han popularizado los términos 'millennials caprichosos' o 'generación de cristal'. 

 "Los 'millennials' son sus propios publicistas, tienen que estar construyendo su propia marca"

Petersen cree que esta ira es "pura proyección", ya que los sueños rotos de los 'millennials' son "un espejo" de las cosas que esas generaciones hicieron mal, como permitir que el capitalismo se convierta en el monstruo salvaje que es hoy día, o que, ante el esfuerzo laboral, la recompensa de tantos sea la más absoluta precariedad.

Menor protección y estabilidad

Obviamente, el capitalismo agresivo es transversal y "afecta a todas las generaciones", añade Peterson. Sin embargo, afirma que es la 'millennial' la que está enfrentándose a sus consecuencias con una menor protección y estabilidad. "Los 'millennials' son sus propios publicistas, tienen que estar construyendo su propia marca", añade como ejemplo, para ilustrar esta pesadilla donde, incluso en tu tiempo libre y tus redes sociales, debes mostrarte como el producto perfecto para el empleador. "Nos preparan toda la vida para serlo, desde pequeños, todo lo que hacemos tiene que servir para hacer currículum", advierte. 

La vida está basada en el trabajo y la productividad. Incluso al pensar en cualquier 'app' de ligue, los datos más importantes suelen ser el nombre, la edad y la profesión, tres rasgos que parecen definir quién eres. Sin embargo, Peterson explica que muchas personas quemadas están empezando a preguntar "¿qué te llena?", o "¿qué haces en tu día a día?" para dejar de relacionar la profesión como un rasgo definitorio de la persona. 

Presión sobre las madres 

Durante la redacción del libro, descubrió que quienes sufren con mayor intensidad la quemazón son los padres y madres, especialmente las mujeres jóvenes. La carga de presión, las expectativas que recaen en las madres, la imposibilidad de compaginar el tiempo para ellas mismas entre los cuidados y la vida laboral hace que muchas descuiden quién son, qué las llena e, incluso, cómo vivir más allá de sus tareas. Por supuesto, el resultado es acabar aburridas y frustradas ante una vida que no les permite hacer otra cosa más que ser productivas, ya sea laboral o domésticamente. 

Las madres jóvenes, dice Petersen, son quienes sufren con mayor intensidad la quemazón

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Al final, la gran mayoría de 'millennials' y generación Z ven el futuro con negatividad. Un sistema económico que siempre está al borde del colapso, pero que nunca cambia. Lo demostró Greta Thunberg y su discurso del "blah blah blah", representando a todos aquellos que ven la economía como un muro que ante sus gritos de desesperación solo oye palabras vacías. Y mientras, generaciones enteras se queman. 

Peterson cree que la solución es reformar el sistema, de arriba abajo. Y aunque "es esperanzador" ver cómo cada vez más gente es consciente de la quemazón social generalizada y de lo obsoleto que está el sistema ("en TikTok se habla de ello constantemente", celebra), la solución parece, a la vez, tan lejana, que cualquier momento de optimismo difícilmente puede ir separado de una amarga incredulidad.