ENTREVISTA

Jaime Palomera: "No queremos dar miedo, sino que se respeten los derechos humanos"

  • El portavoz más conocido del Sindicat de Llogateres comparte sus reflexiones antes del juicio de este lunes contra él y dos inquilinos

  • Les piden a cada uno hasta tres años de prisión por allanamiento y coacciones contra la familia propietaria del Instituto de Belleza Francis

Jaime Palomera: "No queremos dar miedo, sino que se respeten los derechos humanos"

Sergi Conesa

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Gemma Tramullas
Gemma Tramullas

Periodista

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-Les juzgan en horas, ¿cómo lo está viviendo?

-Con serenidad y determinación porque tenemos la conciencia de que lo que quieren llevar a juicio es una lucha colectiva que es una defensa de los derechos humanos de la que estamos profundamente orgullosas y orgullosos.

-No es la primera vez que le presentan una querella.  

-Anteriormente se había archivado la causa. Cuando defiendes el derecho a la vivienda inevitablemente limitas privilegios de unas minorías que responden con dureza, pero todo hacía pensar que los jueces no aceptarían este caso.

-¿Por qué?

-Las pruebas están a nuestro favor, incluso el atestado policial dice que [la ocupación del Instituto de Belleza Francis] fue una protesta pacífica. Aun así, la fiscalía ha aumentado la petición de condena de 21 meses a 3 años. Aunque ya no nos sorprende nada, no es normal que fiscalía y poder judicial no distingan entre la protesta legítima y pacífica y la violencia. Hemos recibido llamadas de representantes de Naciones Unidas y Amnistía Internacional que lo ven como un nuevo caso preocupante de criminalización del derecho a la protesta para defender derechos fundamentales.

-¿Y usted cómo lo ve?

-Nos tememos que lo que buscan no es ir contra mí o el Sindicat, sino hacer desaparecer la única forma de protesta que le queda a quien no tiene el derecho a la vivienda garantizado, que es ir a protestar a la sede de la empresa de quien comete el acoso o quiere desahuciar. Es el derecho a la protesta lo que está en peligro.

-¿Cree que les tienen miedo?

-Nosotros no queremos dar miedo a nadie, queremos que se respeten los derechos humanos de todos los ciudadanos.

"Hay estirpes de poder con centenares de propiedades que tratan a los inquilinos desde una relación de amo"

-¿Le sorprende que las querellas las pongan particulares y no fondos 'buitre'?

A veces se confunde de manera intencionada al particular con el pequeño propietario, que puedes ser tú mismo o tu padre.

-Deshaga la confusión, pues.

-En Barcelona hay estirpes de poder con centenares de propiedades que están acostumbradas a cortar el bacalao desde hace décadas y a tratar a los inquilinos desde una relación de amo. A estos grandes rentistas se les han unido en los últimos años los fondos 'buitre', que hacen grandes esfuerzos para que su marca no se asocie a vulneraciones de los derechos humanos.

-¿Está diciendo que es una cuestión de orgullo de clase?

-Hay una cuestión definitivamente de quien ha vivido siempre sin que le tocasen los privilegios y que si le da la gana te echa de casa. Esta gente no puede asumir que aquellos a los que han tratado toda la vida según sus designios les digan basta. Durante 60 años nadie ha cuestionado esta relación. Cuando te llegaba un burofax diciendo que te subían el alquiler o que tenías que irte de casa, bajabas la cabeza y lo asumías.

-Porque la ley lo permite.

-Frente a esto nuestra respuesta es: si la ley es injusta, los derechos humanos están por encima de la ley. Por eso practicamos la desobediencia civil, siempre con resistencia pacífica. Es lo que empezamos a hacer en febrero de 2018, cuando iniciamos una campaña que consistía en que cuando te llegaba el burofax respondías a la inmobiliaria diciendo que aquello era tu hogar y que aunque la ley permita el desahucio o subidas de hasta el 150% del alquiler, lo que toca es hablar y llegar a un acuerdo.

"A Alpha y Fran y a las más de 2.000 familias que se han plantado ante el burofax habría que hacerles un homenaje"

-Eso es lo que hicieron Alpha y Fran, que también serán juzgados.

-En su caso llevaban seis años sufriendo acoso inmobiliario. Yo jamás había visto nada igual. Tienen tres ventanas de su casa cerradas porque las tuberías escupen aguas fecales, el agua no es potable, hay ratas en patio de luces, una plaga de termitas… Y reclamaron a la propiedad que se hicieran reparaciones, algo que el resto de vecinos y vecinas no hacían por miedo a que no les renovaran el contrato.

-Que fue lo que al final les pasó a ellos.

-Pero a través del Sindicat presentaron una denuncia por acoso inmobiliario que no tiene precedentes y el ayuntamiento impuso una primera multa de 90.000 euros a la propiedad. Después otras seis viviendas decidieron denunciar y se les volvió a multar con 90.000 euros.

-Perdieron el miedo.

-Gracias a Alpha y Fran y a las más de 2.000 familias que se han plantado ante el burofax y han pedido que se las trate con dignidad hemos reunido la legitimidad para impulsar la ampliación de los contratos de 3 a 5 e incluso 7 años y también la regulación del precio del alquiler en Catalunya. A estas personas habría que hacerles un homenaje.

-Se ha vinculado la campaña EnsQuedem con las okupaciones de viviendas particulares.

-En un bulo interesado para criminalizar a las personas que viven de alquiler. Las familias siguen pagando el alquiler al mismo precio que siempre mientras piden una negociación.

-Usted es antropólogo y pasó tres años en Ciutat Meridiana haciendo su tesis doctoral.

-Cuando hacía dos meses que vivía allí estalló la burbuja inmobiliaria. Las cuotas hipotecarias disparadas y los desahucios llevaron las relaciones familiares entre comunidades migrantes al límite. Personas que habían comprado una vivienda y realquilaban habitaciones a sus propios hermanos o paisanos para pagar la hipoteca, se veían obligados a subirles el precio y muchas familias se rompieron. Allí se produjo mi despertar como activista.

"En el franquismo se pensaba que un trabajador ligado a una hipoteca era menos proclive a hacer huelgas"

-Ha estudiado cómo el mercado se infiltra en la cotidianeidad y la intimidad de las personas. ¿Cómo influyó el franquismo en el hecho de que seamos un país de propietarios?

-El modelo franquista de acceso a la vivienda tenía dos objetivos. Por un lado, se pensaba que el trabajador ligado a una hipoteca era menos proclive a hacer huelgas, a manifestarse y a generar problemas al poder.

-Es decir, la vivienda como herramienta de control social.

-Sí. Y por otro lado, la vivienda en propiedad fue la base de la expansión de la industria de la construcción. Las grandes empresas de la construcción tienen su semilla en el franquismo y este modelo económico y social es la columna vertebral de la sociedad catalana y de todo el Estado, a excepción del País Vasco. Sin embargo, en 2008 este modelo entró en una crisis prácticamente terminal.

-En tres años el porcentaje de personas que viven de alquiler ha subido 10 puntos.

-En 2017, en Barcelona prácticamente el 40% de la población vivía de alquiler, sin incluir a las personas que realquilan. En el área metropolitana más del 70% de los menores de 35 años alquilaban y ahora también los menores de 45. Esto no había pasado en 40 años.

"Culturalmente, si no te comprabas una vivienda eras un fracasado"

-¿Por qué crearon un sindicato y no otro tipo de entidad?

-De la especulación con las hipotecas pasamos a una crisis donde el alquiler era la principal fuente de desahucios y desigualdad. Teníamos una emergencia que nadie estaba abordando, seguramente porque culturalmente si no te comprabas una vivienda eras un fracasado. Y por otro lado, la administración tiene olvidada a la población que vive desde hace muchos años de alquiler y que necesita ver amparados sus derechos.

-Pero también actúan sobre el modelo de ciudad, sobre el turismo...

No queríamos construir un 'lobby' de inquilinos, sino una organización al servicio de toda la sociedad, que no solo garantice el derecho a la vivienda sino a vivir en ciudades sostenibles y justas.

-Entre el Sindicat y sus críticos suelen enzarzarse en un pimpampum de datos que confunde.

-Los datos que nosotros analizamos no son nuestros, sino que están basados en los contratos de alquiler que se han firmado en los últimos nueve meses en Catalunya. Decían que con la regulación y la ampliación de los contratos a 5 y 7 años se paralizaría el mercado del alquiler, pero en los 61 municipios regulados de Barcelona los precios han bajado un 5% y en los no regulados han subido un 1,2%. También ha aumentado el número de contratos y todo esto ha pasado independientemente de la pandemia.

"Si al terminar un contrato no te pueden echar de tu casa, mucha gente tendrá un incentivo para vivir de alquiler toda la vida"

-Berlín era uno de sus referentes, pero el Supremo alemán ha suspendido la congelación de los precios del alquiler por anticonstitucional.

-Pero que nadie piense que el mercado del alquiler no está regulado en Alemania. Hay una regulación que sigue vigente desde 2015, aunque es menos ambiciosa. Además, en Alemania los contratos son indefinidos desde los años 70.

-La organización de inquilinos alemana tiene un millón de miembros y la sueca más de medio millón. ¿Cuántos miembros tiene el Sindicat?

-Hay más de 2.700 afiliadas solo en Barcelona. Pero tenemos 15 secciones en municipios catalanes y también estamos en Madrid. Seguramente somos más de 7.000.

-¿Por qué cree que no son más?

-Con las leyes actuales vivir de alquiler es inestable e inseguro y eso hace que la mayoría de gente piense en comprarse un piso o en heredar. Cuando logremos que al terminar el contrato no te puedan echar de tu casa, mientras hayas cumplido tus obligaciones y no haya una necesidad justificada de recuperar la vivienda por parte de la propiedad, mucha gente tendrá un incentivo para vivir de alquiler toda la vida. Esa es clave.

-Siendo relativamente pocos, tienen mucho impacto.

-Es verdad que deberíamos ser más. Si en el área metropolitana hay 400.000 hogares que viven de alquiler, como mínimo todos estos deberían estar en el Sindicat, además de todas las personas preocupadas por las viviendas turísticas o las que, sencillamente, quieren una sociedad mejor. Dicho esto, conozco pocas organizaciones donde haya tanta gente militando con la intensidad con la que lo hace el Sindicat. Por eso hemos podido cambiar leyes y de alguna manera estamos cambiando el marco y las reglas del juego.

"No creo que durase mucho en la política institucional. Tengo demasiados ideales"

-¿Cuántas veces le han ofrecido entrar en los ‘comuns’?

-[Ríe] ¿Está dando por hecho que ha habido ofertas?

-Es lo que hacen los partidos, ¿no?

-Han llegado propuestas, pero de varios partidos. Pero nosotros consideramos que desde donde se pueden cambiar las cosas ahora es desde la sociedad civil.

-¿Pero usted se ve en otro papel dentro de unos años?

-La verdad es que no. No creo que durase mucho en la política institucional. Tengo demasiados ideales.

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-Habría que preguntarle a Ada Colau, que antes de alcaldesa fue portavoz de la PAH.

-No digo que los políticos que están en las instituciones no tengan ideales, digo que la política de partidos al final desvirtúa y desfigura los objetivos de país. Lo estamos viendo en temas como la vivienda o la cuestión nacional.