Fenómeno televisivo

'Drag Race': el multimillonario imperio queer de RuPaul

Imagen promocional de ’Drag Race’ Asutralia

Imagen promocional de ’Drag Race’ Asutralia

  • La 'drag queen' factura millones de dólares al año con las seis adaptaciones internacionales del formato y los 'spin-off'

  • La franquicia española del 'reality' ha saltado a la televisión generalista (Antena 3) tras el bombazo en Atresplayer premium

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Abel Cobos

"¡Agárrate las bragas, marichocho!". Con este pistoletazo de salida empezaba el programa 'Drag Race España', que estrenaba su primer capítulo el pasado domingo. Su dinámica es simple: una decena de 'drag queens' conviven en un plató que solo puede describirse como el primo gay de 'Maestros de la costura' y, a través de pruebas muy variadas, se van eliminando una a una hasta que se proclama una ganadora.

El estreno fue un bombazo. Con cinco millones de visualizaciones en Atresplayer premium, se posicionó como lo más visto del día en plataforma, superando el nuevo capítulo del 'reboot' de 'Los hombres de Paco'. Ante este tsunami de apoyo 'drag', el 'reality' saltó a la tele en abierto este jueves, cuando Antena 3 repuso el estreno para atraer todavía más público a su plataforma de 'streaming'.

Pero pocos ponían en duda que fuese a arrasar, y más aún teniendo en cuenta el historial de éxitos de la franquicia. La marca 'Drag Race' se ha convertido en un imperio mediático 'queer' que, dirigido por la 'drag queen' RuPaul, factura millones de dólares al año con todas sus producciones. En cuestión de 12 años, desde que empezase como un pequeño 'reality' de bajo presupuesto en 2009, ha crecido hasta contar con seis adaptaciones internacionales y un puñado de 'spin-offs', como la versión 'celebrity' del programa o los especiales navideños. Un bombazo televisivo.

El país que puso la primera piedra en la internacionalización del fenómeno fue Tailandia, en 2018, cuya histórica y diversa cultura travesti permitió la adaptación. La siguió Reino Unido (la adaptación mejor valorada en IMDb, más, incluso, que muchas temporadas estadounidenses), Canadá, Países Bajos, Australia y Nueva Zelanda (que protagonizan el mismo 'spin-off', titulado 'Down Under') y, finalmente, España. En total, casi 250 'drag queens', o 'RuGirls', como se las conoce, constituyendo una industria que se alimenta exclusivamente de arte y artistas 'queer'.

El trampolín digital

Ser la reina de este imperio mediático le sale muy, muy rentable a RuPaul. Porque, aunque no se sabe cuánto cobra hoy en día por programa, en 2013 se posicionó en la lista de presentadores de 'reality' mejor pagados: 50.000 dólares por episodio, es decir, 700.000 dólares por temporada. Y estas cifras, sin haber ganado Emmys y siendo solamente conductor de 'Drag Race'. Ahora, con premios a sus espaldas y el título de productor del formato, la pura lógica dicta que la cifra que se embolsa es muy, muy superior. Y si tenemos cuenta que su valor neto actual son 60 millones de dólares anuales (sacados del conglomerado de entretenimiento y de propiedades inmobiliarias), está claro que pellizca mucho más.

RuPaul en la gala de los premios Emmy 2019

/ Reuters

El 'boom' del programa empezó en 2012, con el estreno de la cuarta temporada, gracias a varios factores: el público se diversificó, la audiencia se duplicó, World of Wonder, productora del 'reality', aumentó el presupuesto y, sobre todo, porque el programa se proyectó hacia el mundo digital. "Las redes sociales han jugado un papel muy importante en su paso de un programa de nicho a uno más generalizado y global", explicaba Randy Barbato, cofundador de la compañía, y que ya intentó en los 90 crear un 'reality drag', pero sin demasiado éxito porque cojeaba en lo digital.

No solo es un fenómeno  LGTBI. El 60% de los fans del programa son mujeres heterosexuales

Esta proyección hacia internet fue vital para su expansión nacional e internacional, especialmente a través de proliferación de memes que traspasaron las fronteras de su nicho de consumidores y se convirtieron en un producto de la cultura 'mainstream' (algo así como el efecto 'La isla de las tentaciones' que, aunque no veas el programa, entiendes perfectamente el “hay más imágenes para ti”). 'Drag Race' “ya no es solo un fenómeno LGTBI. El 60% de los fans del programa son mujeres heterosexuales", aseguraba Fenton Bailey, el otro cofundador de World of Wonder.

'Gaypitalismo'

Pero si RuPaul está valorado por 60 millones en las listas de Forbes no es solo porque su programa tiene envidiables audiencias y memes con muchos RT, sino porque estos elementos han creado una masa fan que adora la franquicia 'Drag Race' con un nivel de locura comparable al de Marvel. Estos fans compran cualquier cosa que les vendan: por ejemplo, la música del programa (que la pone RuPaul y suena en todas las discotecas de ambiente), o entradas para sus giras mundiales, tan rentables que cada una de las 15 'drags' participantes gana entre 5.000 y 10.000 dólares por 'show'. Y como guinda del pastel, la 'DragCon', la gran convención de 'drag queens' de RuPaul, un evento anual donde se celebra el 'gaypitalismo' más brutal y que, solamente a través de la venta de 'merchandising' oficial, se embolsa nueve millones de dólares en un fin de semana.

La productora obliga a las participantes a firmar un contrato donde se adueñan de sus derechos de imagen

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Esto último, de hecho, también es muy polémico: según desveló hace unas semanas la 'drag' 'Bussy Queen', World of Wonder obliga a las participantes del 'reality' a firmar un contrato donde se adueñan de sus derechos de imagen, memes y frases lapidarias “por toda la eternidad”, para forrarse estampándolas en 'merchandising'. “Es el culmen de la avaricia”, opinaba. Además de esta cláusula, la filtración del contrato reveló muchas más otras condiciones en las que, a cambio de participar, cedían todo tipo de derechos y libertades artísticas a RuPaul para engrosar su cuenta bancaria.

Aun así, Bussy añadía "entiendo por qué lo hacen". El porqué, muy simple: “muchas drags consiguen sueldos de hasta seis ceros al año tras pasar por el programa", promete Barbato. Por ejemplo, Trixie Mattel, que tras ganar una temporada del 'spin-off' 'RuPaul’s Drag Race: All Stars', está valorada en 10 millones de dólares. O Shangela, que salió en 'Ha nacido una estrella', de Lady Gaga, y hasta protagonizó su show en HBO ('We’re Here'). O la finalista de 'Drag Race UK', Bimini Bon Boulash, la nueva promesa del modelaje y los 'editorials' británicos. En definitiva, un gran imperio 'queer' del que todas sacan rédito económico.