Melinda Gates: así es la filántropa más poderosa del mundo

Melinda Gates, en una conferencia sobre salud en Oslo en el 2018.

Melinda Gates, en una conferencia sobre salud en Oslo en el 2018.

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Núria Marrón
Núria Marrón

Periodista

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El matrimonio Gates ha anunciado esta semana que ponen fin a 27 años de matrimonio. En juego están una fortuna de 124.000 millones de dólares y el futuro de la fundación más importante del mundo.

LA FILÁNTROPA MÁS PODEROSA DEL MUNDO

La esposa en funciones de Bill Gates -que últimamente ha recuperado su apellido de soltera, French– fue la ideóloga de la Fundación Gates, que echó a andar en 2000 bajo su tutela y hoy es la mayor entidad filantrópica del mundo, con 51.000 millones de dólares en activos. Feminista declarada, se dice que es la más progresista y práctica de la hasta ahora pareja. 


EL ORIGEN: DALLAS Y UN ORDENADOR APPLE

Segunda de cuatro hermanos, nació en 1964 en un hogar católico y de clase media. El padre era ingeniero espacial, la madre ama de casa y ella fue una «estudiante estrella» en el colegio de las ursulinas. En la universidad estudió Computación (su padre le había regalado su primer ordenador: un Apple II) y más tarde cursó un MBA. En 1987 fue la única mujer, y más joven, de entre los 10 fichajes directivos que hizo Microsoft.

SALIR CON EL JEFE ES PROBLEMÁTICO

Se conocieron en Nueva York en una reunión de la compañía, donde ella estuvo llevando la experiencia de usuario y la división multimedia. Al poco, tras una llamada de él, empezaron a salir. La madre de Melinda le dijo que verse con el jefe no le parecía una buena idea. La de Gates, en cambio, no se podía creer que su hijo estuviera saliendo con una chica "tan maja".

BODA SECRETA EN HAWÁI

Se casaron en Hawái en 1994 y dos años después nació la primera de sus tres hijos, Jennifer Katharine, a la que siguieron Rory John, de 21 años, y Phoebe Adele, de 18. Ninguno será depositario de la fabulosa fortuna familiar, pero tampoco pasarán apuros: heredarán 10 millones cada uno.


"MADRE EN SOLITARIO"

Tras el nacimiento de sus hijos, Melinda aparcó su carrera en Microsoft y descubrió que ser "madre en solitario", con una pareja conciliando aviones y reuniones, podía superar los niveles de estrés de la alta dirección. En sus memorias, de 2019, apuntó que la fundación nació precisamente de esa crisis vital y del creciente desajuste entre sus orígenes y los efervescentes beneficios de Microsoft.

DESAYUNO, PERIÓDICO Y CAMBIO DE RUMBO

Además de fregar los platos cada noche juntos como una especie de voto conyugal de igualdad, la pareja también cultivó la costumbre de desayunar con ‘The New York Times’. Un día leyeron un artículo sobre la letalidad del agua contaminada en el sur global y decidieron reorientar la fundación –hasta entonces limitada a llevar ordenadores a África– hacia la salud pública.

UN IMPERIO BENÉFICO

La fundación, en la que trabajan 1.600 personas en las oficinas que tiene en todo el mundo, ha tenido una inmensa influencia en la salud mundial y en la primera educación, y ha logado grandes avances en la reducción de las muertes causadas por infecciones. El año pasado, invirtió más de mil millones en la lucha anticovid.

CRÍTICAS

La entidad, con una influencia desmedida en el ámbito de la salud global (gasta más que la propia OMS), ha sido criticada por –en general– no ir a la raíz de la desigualdad, y –en concreto– por diseñar sus programas siguiendo criterios opacos y arbitrarios y también por ponerse del lado de los derechos de propiedad intelectual de las empresas, conflicto que ha vuelto a aflorar con las patentes de las vacunas del covid. La filantropía, advierten las voces críticas, no es sinónimo de justicia social ni por supuesto es buena idea que los multimillonarios y sus agendas puedan sustituir a las agencias internacionales.

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UNA FORTUNA EN JUEGO

La demanda de divorcio la presentó ella aduciendo que su relación, en la que habían invertido "mucho trabajo", está "irremediablemente rota". El ventilador se ha puesto en marcha y los medios de corte rosa han recuperado un cotilleo vintage según el cual Gates se iba cada año a pasar unos días de vacaciones con una exnovia, Ann Winblad. Más allá de eso, también ha trascendido que la pareja ha firmado un convenio de separación que dividirá sus activos: una fortuna de 124.000 millones de dólares, un jet privado, una colección de arte, un festín de propiedades y una flota de coches de lujo.

¿Y LA FUNDACIÓN?

Esa es precisamente la gran pregunta en el aire. La pareja impulsó el ‘Giving Pledge’, para convencer a los multimillonarios de donar al menos el 50% de sus fortunas. De hecho, dijeron que ellos mismo ofrecerían "la amplia mayoría" de sus activos a su fundación, pero gran parte de ese dinero aún no ha sido donado. La idea, ha llamado a la calma la expareja, es seguir como hasta ahora. De momento, Melinda ha puesto mar de por medio al ruido generado por su ruptura y se ha ido con sus hijos a pasar unos días, claro, a una isla privada.