EL NUEVO RUMBO DEL POP

¿Por qué están desapareciendo las bandas de música?

La banda AC/DC, el único grupo que se cuela en el ’top 20’ español de discos más vendidos.

La banda AC/DC, el único grupo que se cuela en el ’top 20’ español de discos más vendidos. / El Periódico

  • Los últimos Grammy confirman la tendencia: son tiempos de solistas, y el grupo queda fuera de foco

  • AC/DC es la única banda que esta semana figuraba en el Top 20 de álbumes más vendidos en España

  • El ‘star system’ se llena de divos pop y de creadores (casi) autosuficientes

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En otros tiempos, el adolescente ensayaba poses de 'guitar hero’ ante el espejo y soñaba con formar parte de una banda de rock’n’roll, como el colegial con gafas que rasca una raqueta de tenis en el videoclip ochentero de ‘Come dancing’, de The Kinks. Hoy, puede tener suficiente con un PC para desarrollar sus pulsiones musicales hasta el final y sin salir del dormitorio, ni necesidad de contrastar ideas con colegas pelmas y a arriesgarse a choques de egos. Si buena parte de la historia del pop se explica a través de los grupos, desde los Beatles y los Stones hasta The Cure, Nirvana o Coldplay, hoy el péndulo apunta a los solistas, y la noción del 'gang' de amigos parece haber dejado de ser sexy. ¿Qué ha ocurrido?

No hay más que echar un vistazo a los triunfadores de los Grammy, hace un par de semanas: señorearon individualidades como Taylor Swift, Beyoncé, Billie Eilish, Harry Styles, Dua Lipa, Fiona Apple… Suma y sigue: la rapera Megan Thee Stallion, mejor nueva artista, mientras que las bandas apenas asomaron la nariz, cómo no, en la categoría del álbum de rock, coronada por The Strokes. Esta semana, los 10 discos más vendidos en España correspondieron a solistas (con C. Tangana al frente), y si abrimos el foco a los 20 primeros, solo se cuela un álbum grupal, el fortificado 'Power up', de AC/DC. De nuevo, el rock como baluarte de la experiencia musical presentada en plural.

Ni discusiones ni asambleas

En la raíz de todo ello está el acceso universal a la tecnología, que canaliza creatividades incipientes hacia el ‘hazlo tú mismo’. Hoy es posible grabar en casa un álbum con un acabado profesional, o casi, jugando con los 'softwares' (son de dominio público marcas como Pro Tools, Ableton Live o Logic) y dando a la música un recorrido como expresión íntima ilimitada, no sujeta a discusiones ni a concesiones a colegas de grupo. Y sin necesidad de buscar local de ensayo. De ese potencial doméstico salieron las primeras canciones de Billie Eilish, elaboradas a los 13 años con su hermano mayor Finneas, que ambos colgaron en la plataforma SoundCloud. Eso fue en 2015, hace cuatro días.

En realidad, la industria siempre ha tendido a preferir trabajar con los solistas, y ya era así antes de que los Beatles sacudieran el tablero de juego. Suelen ser más manejables y rápidos en sus decisiones, sin imprevisibles procesos asamblearios, salvo que dispongan de un liderazgo nítido (y no discutido). Pero el despegue de la cultura rock estableció a la banda como unidad de medida: el ciclo imperial de gigantes como Led Zeppelin y Pink Floyd, con sus piras purificadoras de guitarras, bajos y baterías, amplificadoras del grito generacional. Y Queen, entretenimiento 'bigger that life'. El punk no atentó contra el formato (Sex Pistols, The Clash, Joy Division) y de los sucesivos relevos salieron Depeche Mode, U2 y Red Hot Chili Peppers, y la quinta del grunge y la del Brit-pop, ambas exentas de solistas. La ola penetró en el siglo XXI con The White Stripes, Franz Ferdinand, Maroon 5, Muse… Y tendió a diluirse poco a poco, a medida, en parte, de que el rock perdía fuelle como gran agente movilizador.

La vieja ‘boy band’

Es cierto que el formato de grupo mantuvo una vigencia por otro flanco, el de la 'boy band' y su equivalente femenino. Combos muchas veces salidos de ‘talent shows’, tratando de buscar a nuevos Take That, Backstreet Boys o Spice Girls: de One Direction a Girls Aloud o Fifth Harmony. Pero también ahí el ‘nosotros’ ha acabado dando paso al ‘yo’ mayestático, con figuras catapultadas desde la pantalla como Adam Lambert, Carrie Underwood o Zara Larsson. En España, de esas galas televisivas salió, además de Bisbal y compañía, ese asteroide de efecto retardado llamado Pablo López.

Ha cobrado un nuevo impulso el llamado 'bedroom pop' (pop de dormitorio), elaborado con las herramientas que uno tenga a mano

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El ciclo actual apunta hacia el liderazgo individual y la 'vedette' de aspecto autosuficiente (con algunas excepciones estilísticas, como el heavy metal), si bien hay que introducir un matiz: el auge de los ‘featuring’, el dueto con un invitado. Es el recurso que la industria potencia para abrir cuñas en audiencias no exploradas, cruzar datos y medir la temperatura del agua sin meterte en ella de cuerpo entero. A C. Tangana le puede convenir acceder a los fans de Andrés Calamaro, y viceversa. Y a la veterana Steve Nicks (Fleetwood Mac), exponerse a los tiernos oyentes de su fan manifiesta Miley Cyrus. Ya no hay obra, en el pop y las músicas urbanas, que no contenga varios ‘featurings’, y plataformas como Spotify los registran de modo que se pueda acceder a ellos a través del nombre del ‘partenaire’, sin necesidad de ir a buscar el álbum.

Los confinamientos de estos últimos tiempos redundan en la idea del músico encerrado en casa creando a su bola, conectado con el mundo a través de las redes. Ha cobrado un nuevo impulso el llamado ‘bedroom pop’, el pop de dormitorio, elaborado con las herramientas que uno tenga a mano, ya sea instrumentos o máquinas. Y el chico de las gafas y la raqueta de tenis lo tiene todo a su alcance, con una buena conexión en la Red, siempre y cuando (eso no ha cambiado) el talento esté de su parte.