8M: DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

Feminismo al rescate: los retos del movimiento tras el coronavirus

Tras las masivas convocatorias de los últimos años, el movimiento reinventa tácticas y prepara motores para encarar los cambios que se avecinan tras la pandemia.

Imagen de un grafiti feminista tomada en Bogotá, el 1 de marzo.

Imagen de un grafiti feminista tomada en Bogotá, el 1 de marzo. / Raúl Arboleda (AFP)

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Para el feminismo, que es de naturaleza relacional y estructura su pensamiento y sus propuestas políticas a través del encuentro físico y el intercambio de vivencias entre mujeres diversas, la pandemia ha supuesto un desafío a su misma esencia.

La prohibición de la Delegación del Gobierno de manifestarse en las calles de Madrid, incluso con medidas de seguridad, ha sido la puntilla por la connotación de una orden que, pese a argumentarse en criterios de salud pública, devuelve simbólicamente a los tiempos de reclusión femenina en el ámbito privado y alimenta la criminalización.

Una vez constatado que el covid-19 se ha visto engordado por la desigualdad, la precariedad y la infravaloración de los cuidados que denunciaban las feministas, uno de los objetivos de este 8M es resistir y persistir. "Seguimos aquí", dice el lema de las comunicadoras.

Autocrítica

Pero también se han hecho llamadas a reflexionar sobre los efectos profundos de la pandemia en las formas de hacer política del movimiento, a huir de la autocomplacencia, practicar la autocrítica y prepararse para los retos que plantea la cuarta revolución industrial. 

El suplemento 'Cuaderno' invita a pensar en esta dirección en compañía de María Eugenia Rodríguez Palop, eurodiputada de Unidas Podemos y vicepresidenta primera del Comité para los Derechos de las Mujeres del Parlamento Europeo; Maria Rodó Zárate, investigadora en geografías feministas y autora de 'Interseccionalitat' (Tigre de Paper, traducción al castellano de Edicions Bellaterra), y Silvia Agüero, activista gitana, feminista y coautora del blog pretendemosgitanizarelmundo.com.

"Lo más revolucionario que hay ahora mismo en la agenda política son los cuidados"

María Eugenia Rodríguez Palop. Eurodiputada y vicepresidenta del Comité para los Derechos de las Mujeres del Parlamento Europeo

Si finalmente este 8M las mujeres no pueden manifestarse con permiso en Madrid (que el jueves tenía una incidencia media de 253), mientras que en las otras comunidades, como Catalunya, prevalece el derecho a la reivindicación (con medidas de seguridad y una incidencia de 235 en Barcelona), sirve para señalar la influencia de los contextos en el movimiento y también para plantear un primer reto: el equilibrio entre el feminismo del poder y el de la calle.

Si algo ha mejorado en la última década es la presencia de mujeres en puestos de poder y responsabilidad. Para Rodríguez Palop, "esa relación tensionada es connatural a los movimientos sociales cuando llegan a las instituciones". "Las instituciones son necesarias –apunta– porque, si no, no tendríamos una ley contra la violencia de género, por ejemplo. Pero no son suficientes. Deberían ser más porosas, dialogar con los movimientos y canalizar los disensos y no solo los consensos".

Medidas concretas

En esta hiperactiva política confluyen la voz institucional y la popular. "Lo más revolucionario que hay ahora mismo en la agenda política son los cuidados", asegura, aún llena de satisfacción por la reciente aprobación de un informe del Parlamento Europeo que apuesta por la creación de un Pacto Europeo de Cuidados.

Cadena humana de mujeres contra la violencia machista en Barcelona, el pasado 22 de noviembre.

/ Toni Albir (EFE)

Más que seguir hablando de "poner la vida y los cuidados en el centro", la eurodiputada apuesta por medidas concretas como la incorporación de las trabajadoras domésticas al régimen de la seguridad social y la aplicación de los permisos iguales y remunerados que permitan incorporar a los varones al mundo de los cuidados y revalorizarlos: "Si en lugar de mandar a los hombres a la mili los hubiéramos enviado a las casas a cuidar, desarrollarían habilidades que les permitirían afrontar la vulnerabilidad y el dolor".

Transición digital y ecológica

La autora de 'Revolución feminista y políticas de lo común frente a la extrema derecha' (Icaria) tiene a esta ideología en el punto de mira: "El feminismo es el antídoto contra la extrema derecha porque afecta y revoluciona el mundo de lo privado y eso les hace polvo". Finalmente, entre los retos destaca también la introducción de la perspectiva feminista en las políticas de transición digital y ecológica, que según ella no se está haciendo.

Manifestantes en favor del derecho al aborto, en Varsovia, el pasado 28 de enero.

/ Kacper Pempel (REUTERS)

Frente a las limitaciones por la pandemia, el movimiento ha tirado de su innata capacidad creativa y de su fuerte organización de base y ha llamado a hacer concentraciones estáticas, paseos en grupo, ocupaciones de espacios naturales y decoración de balcones. En Madrid el lema es 'Ante la emergencia social, el feminismo es esencial', y en Barcelona la Vaga Feminista saldrá a la calle coreando 'Juntes, diverses i rebels som imparables'. 

En el feminismo popular catalán domina la interseccionalidad, un enfoque adaptado del feminismo negro de Estados Unidos que combina la opresión de género con los ejes de raza y clase social, que es radicalmente antirracista y que llama a las blancas a revisar sus privilegios.

"Hay que valorar el trabajo de hormiguita que hace el feminismo"

Maria Rodó Zárate. Investigadora en geografías feministas y autora de 'Interseccionalitat'

Maria Rodó Zárate considera que este marco es muy útil a la hora de abordar la complejidad de los conflictos actuales y gestionarlos reforzando los vínculos entre las diferentes luchas: desde las recolectoras de fresas en Huelva hasta la 'ley trans', pasando por el derecho a la autodeterminación de los territorios.

Colectivos feministas, que en diciembre celebraron que el aborto será legal en Argentina, marchan contra la violencia machista, el 1 de diciembre.

/ Santiago Menichelli (Europa Press)

Este enfoque también permite trabajar sobre nuevos ejes de discriminación, como el de la edad, que ha quedado en evidencia durante la pandemia, con la falta de atención a la gente mayor, la criminalización de los jóvenes y el encierro de los niños.

Sin embargo, Rodó advierte de que "al feminismo no se le puede pedir una lista de soluciones mágicas". "Se trata de producir cambios estructurales y de mentalidad –explica–. El feminismo avanza a base de hacer un trabajo de hormiguita, haciendo propuestas cada una en su ámbito familiar y laboral concreto, y hay que valorar este tipo de trabajo".

"Me da la sensación de que hay payos blancos disfrutando del poder que les ha hado la pandemia para limitar las libertades"

Silvia Agüero. Activista gitana, feminista y coautora del blog pretendemosgitanizarelmundo.com

Uno de los ejemplos más recientes de este cambio de mentalidad es el caso del Institut del Teatre de Barcelona. La denuncia por parte de las estudiantes de las prácticas abusivas de tres profesores al diario 'Ara' generó una protesta que se ha llevado por delante a algunos profesores y a la dirección, y que obligará a replantear el modelo de enseñanza de las artes escénicas.

El estigma

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Al margen de los planteamientos institucionales y académicos, el feminismo se alimenta sobre todo de la experiencia cotidiana de las mujeres que pertenecen a colectivos estigmatizados, como el caso de la activista gitana Silvia Agüero. "Yo soy feminista, pero el 8-M no voy a salir a la calle –asegura–. Por miedo, pero también porque me siento defraudada por el feminismo hegemónico".

El silencio ante el señalamiento inicial a la comunidad gitana como foco de infección y ante las malas prácticas policiales, así como las "polémicas inducidas" sobre la prostitución o el sujeto trans, contrastan con la vivencia cotidiana de Agüero: "Tengo a mis sobrinas con diazepam y valium porque no tienen qué llevarse a la boca por las limitaciones en el sector de la venta ambulante –relata–. Y en el trayecto para ir a ver a mi hijo a Madrid desde donde yo vivo me paró en un solo día la Guardia Civil, la Policía Nacional y la local. Me da la sensación de que hay payos blancos disfrutando del poder que les ha hado la pandemia para limitar las libertades".