La moda busca (desesperadamente) un escaparate

Desfile de Carolina Herrera, en la última edición de la pasarela de Nueva York.

Desfile de Carolina Herrera, en la última edición de la pasarela de Nueva York. / Richard Drew (AP)

  • La pasarela de Nueva York arranca con notorias ausencias

  • La industria se encomienda al tirón de la televisión y de la nueva Casa Blanca

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Noelia Sastre

Es la segunda cita del año y llega casi tan accidentada como 2020. Tras los desfiles de alta costura en enero (virtuales, sin móviles ni ruido), es el turno del 'prêt-à-porter' y las colecciones otoño-invierno que se presentarán en Nueva York, Londres, Milán y París hasta el 9 de marzo.

Los desfiles neoyorquinos comienzan hoy con algunas novedades y (de nuevo) grandes ausencias: Ralph Lauren, Calvin Klein, Marc Jacobs, Michael Kors y Tommy Hilfiger no estarán en la semana de la moda en un momento especialmente complicado para esta industria, que lucha por mantener su visibilidad y encontrar su espacio digital. El momento es excepcional, pero Nueva York lleva años en la cuerda floja: muchos prefieren mostrar su trabajo en otras fechas para acortar el tiempo entre la pasarela y la llegada a tienda, o incluso en entregas mensuales a los compradores para mantener vivo el interés del público. 

Los Oscar, el último aparador

En el pasado faltaron también Donna Karan, Jeremy Scott, Alexander Wang, Proenza Schouler, Rodarte, Altuzarra, Telfar o Public School, que dejó los desfiles para hablarle más directamente al consumidor. Incluso Tom Ford, presidente del Council of Fashion Designers of America, cambió Nueva York por Los Ángeles en 2020: "En mi papel al frente del CFDA mi prioridad es poner el foco en la moda estadounidense. Y no hay mayor escenario en el mundo que Los Ángeles durante los Oscar".

Pocos días después de aquel 9 de febrero, cuando se entregaron los premios de Hollywood, el planeta sufrió un gran apagón en forma de pandemia que para el sector ha significado colecciones inacabadas, brutal descenso de ventas, comercios cerrados, distribución interrumpida, una creciente ansiedad entre el sistema tradicional y el momento digital, ausencia de compradores en las semanas de la moda y borrado total de sus escaparates. De hecho, los Oscar fueron la última gran alfombra roja. Así que ahora, además de buscar nuevos escaparates, necesitan vender más en mercados como China, cuya economía se recupera más rápido que la europea y la americana.

Así, después de que en 2019 Tom Ford redujera la cita a cinco días, entre las novedades de este año destaca el Calendario de Colecciones Americanas. "Esta iniciativa incluye a todos los diseñadores estadounidenses, en el formato y lugar que elijan para mostrarlas, aunque Nueva York sigue siendo el corazón y alma de nuestras presentaciones", explica Ford. Una semana que incluirá a 16 creadores negros como House of Aama o Chuks Collins, y en la que Jason Wu será de los pocos que apuesten por la pasarela física.

Wu fue precisamente uno de los diseñadores que protagonizó la 'era Michelle Obama' en la Casa Blanca. Suyo fue el vestido del baile inaugural en 2009 y aquella elección de un joven creador ayudó al sector en plena crisis. Ahora vivimos otro 'crash' y la moda vuelve a mirar a Washington tras el paso de Trump, cuando Zac Posen o el propio Ford se negaron a vestir a Melania por las políticas de su marido. Hoy la primera dama, Jill Biden; la vicepresidenta Kamala Harris o su hijastra, Ella Emhoff, perfilan un nuevo horizonte para la industria.

 

Vuelve el ala oeste

Harris apuesta por marcas emergentes, nacionales y activistas como Kerby-Jean Raymond. "Mi trabajo no es para el consumo blanco porque no le puedo hablar a una comunidad que no conozco. En esta industria se han comprado mansiones y yates apropiándose de la creatividad de las minorías urbanas, los negros y la comunidad LGTBI. Han hecho fortuna con nosotros y nunca se han esforzado en representarnos ni hablarnos", dice el creador de Pyer Moss, que lucha por combatir el racismo. También Jill Biden lanza mensajes con su vestuario, como cuando vistió un abrigo morado, color del feminismo, del mexicano Jonathan Cohen, que abraza la sostenibilidad.

Otro escaparate son los 'talk shows' televisivos en los que actrices y cantantes lucen piezas de creadores como Teresa Helbig: Gwen Stefani apareció con uno de sus vestidos en el programa de Ellen Degeneres. Y claves desde luego son las series. Tras meses de tiendas cerradas, ventas en picado y alfombras rojas canceladas, la televisión es la última esperanza de la industria para colarse en los hogares. Una gran ventana para la moda, que ve en 'Sexo en Nueva York' el regreso de la hija pródiga. 

La moda siempre fue la quinta protagonista de 'Sexo en Nueva York'.

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Todos quieren vestir a Sarah Jessica Parker y compañía en un proyecto en el que la moda es el cuarto personaje (con permiso de la ausente Kim Cattrall). Veremos quién aparece finalmente y otras cuestiones como tacones versus zapatillas, la petición de PETA para que no se use piel auténtica y se abrace la sostenibilidad, la diversidad, la presencia de diseñadores negros o el nuevo 'it bag'. Mucha presión para una diseñadora de vestuario que aún no se ha confirmado (¿repetirá Patricia Field?).

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"En cada nuevo proyecto contactamos con el equipo", dice a 'The Guardian' la relaciones públicas Daisy Hoppen, que trabaja para la diseñadora Molly Goddard: suyo es el espectacular vestido rosa que luce Jodie Comer en 'Killing Eve'. La tele es un medio poderosísimo: las piezas aparecen en las redes en segundos y las imágenes dan la vuelta al mundo. Como en 'The Undoing' (HBO), con el vestido de Givenchy y el abrigo verde creado por la danesa Signe Sejlund para Nicole Kidman. O el armario de las protagonistas de 'Big Little Lies', que visten de Alaia, Ralph Lauren, Hermès, Levi’s, Patagonia, Barbour…  

'The Crown', cuyo vestuario ha merecido una exposición virtual en el Museo de Brooklyn junto a otro título de Netflix, 'Gambito de dama', ha servido en bandeja a Warm & Wonderful la posibilidad de reeditar el famoso jersey de ovejas de Lady Di que vende por 250 euros (Zara y Oysho han lanzado versiones 'low cost'). Finalmente, en Emily in Paris (con dos ex-Sexo en Nueva York: el creador Darren Star y la estilista Patricia Field) ha habido un poco de todo. Lilly Collins se pasea por la capital francesa como pollo sin cabeza vestida de Chanel, Marc Jacobs, Off-White y Kenzo en un ejercicio que nadie entiende pero que deja ver mucha ropa pasada, presente y futura.

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