Britney Spears: cataclismos, escarnios y una batalla judicial para recuperar la libertad

Britney Spears, en una imagen de Instagram.

Britney Spears, en una imagen de Instagram.

  • Un documental explora el abismo personal de la cantante y la lucha con su padre por recobrar su autonomía

  • Los fans de la artista han impulsado una fabulosa campaña para alertar sobre el caso

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Abel Cobos
Abel Cobos

Periodista

Especialista en tendencias, planes, cultura pop, televisión, 'celebrities', memes, internet y temática LGTBI.

Escribe desde Barcelona

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Protagonizó el 'breakdown' mediático más trágico de los 2000 y, como consecuencia, tuvo que aceptar una tutela legal de su padre que le privó de todo tipo de libertades. Aunque según la familia de Britney Spears fue por su propio bien, sus fans no están de acuerdo. Después de años gritando #FreeBritney (liberad a Britney), el asunto ha saltado de teoría de la conspiración a primera página de grandes cabeceras como 'The New York Times', que acaba de estrenar un documental explorando cronológicamente su abismo personal y la larga batalla legal en la que aún sigue absorbida.  

Un matrimonio aciago

Era el año 2000 cuando Britney estrenó 'Lucky', en la que explicaba la historia de una estrella del pop que, "a pesar de tenerlo todo, no dejaba de llorar", una metáfora de su insatisfacción viviendo bajo los focos, con cada uno de sus pasos sometido a un gran escrutinio mediático. La industria la había dibujado como la perfecta adolescente estadounidense, "sexi, pero como si no supiera lo que es el sexo", explica el periodista Juan Sanguino. Pero, por mucho que Britney intentase vivir acorde a esa imagen, los tabloides no le daban tregua. 

Al volante con el bebé en brazos. 2006. La prensa, sin dejar de perseguirla, pidió la intervención de servicios sociales.

/ el periódico

Y llegaron sus primeros desastres mediáticos, que, con posterioridad, serían calificados de "el principio del fin". Los más destacables, el matrimonio en 2004 con Kevin Federline, en una boda donde el 'dress code' era el chándal, o el estreno de 'Britney & Kevin: Chaotic' (2005), un título muy apropiado para este 'docu-reality' que la retrató como una superestrella narcisista y vacía metida en una relación tóxica. Y, obviamente, el incidente de 2006, cuando condujo con su bebé en el regazo, según Britney, porque quería huir de los 'paparazzi' que estaban acosándola y no tuvo tiempo de pensar. A pesar del mea culpa, el escándalo fue mayúsculo, y la prensa pidió a servicios sociales que la investigasen.

De fiesta con Paris y Lindsay

De fiesta con Paris. 2006. Podría haber sido una juerga sin más, pero las imágenes se convirtieron en la prueba de cargo de su decadencia.

/ el periódico

Borrachas, con el maquillaje estropeado después de horas de fiesta y los tacones en la mano. Sí, una común estampa de decadencia después de una noche discotequera que, a pesar del año sin ocio por el covid, nadie olvida. Fue con estas pintas que, en noviembre de 2006, fotografiaron a Britney en un coche junto a Paris Hilton y Lindsay Lohan. Podría ser la escena más o menos inocente de una fiesta cualquiera, pero se convirtió en el símbolo de algo más: tras el divorcio con Kevin, parecía que la cantante había tocado fondo en su vida personal, y acompañada por dos estrellas más que se encontraban a las puertas de sus peores momentos, los flases de los paparazzi se cebaron. "Eran estrellas que se caían, explotaban y, de repente, chocaban simultáneamente. Agujeros negros consumiéndose entre ellos", recuerda 'Vanity Fair', en un artículo que define el momento como carnaza para una prensa buitre.

2007: afeitado icónico y funesto

Rapada. 2007. Aquella cabeza afeitada ha acabado erigida en símbolo de colapso vital (propio y colectivo).

/ el periódico

Dice el refrán cibernético que "si Britney sobrevivió a 2007, tú puedes con el día de hoy". No es para menos: si 2020 te pareció un año duro, suerte que no estuviste en los zapatos de Spears el año de su decadencia. Pasará a los anales de la historia el momento en que la cantante entró a una peluquería y, ante la negativa de las estilistas de raparla, cogió una máquina y lo hizo ella misma para, inmediatamente, ponerse a llorar al verse en el espejo. Un momento triste e icónico que sentó las bases de qué hacer ante un 'breakdown' (es decir, una bajona): raparse. 

A partir de ahí, todo fue a peor: rehabilitación, chistes clasistas que ahondaban una y otra vez en el cliché de la 'basura blanca', burlas de sus exparejas, ataques de ira y llantos. Es imposible olvidar sus imágenes agrediendo con paraguas a los 'paparazzi' que la seguían 24/7, o cuando se derrumbó porque unos periodistas que querían verla llorando le chivaron que su hermana, de 16 años, estaba embarazada, un shock para el que no estaba preparada.  

Un meme rentable

"Probablemente, la peor actuación de la historia". Así abrían portada las revistas culturales después de la interpretación de su sencillo 'Gimme More' en los premios MTV de 2007. Hizo 'playback', se equivocó de letra, apenas bailó, se dedicó a andar confusa por el escenario y mostró una total falta de interés que acompañó con pequeñas risitas cuando se equivocaba. Se había convertido en un chiste a costa de todos: incluso los realizadores de la gala se dedicaron a enfocar las caras del público riéndose de ella. 

'Blackout'. 2007. El disco en el que denunció el acoso mediático fue ninguneado y luego celebrado.

/ el periódico

Irónicamente, el álbum que quería promocionar con la actuación y que sacó unos meses después, Blackout, en el que denunciaba el incesante acoso mediático recibido, fue valorado como el mejor de su carrera. Pero eso no la salvó de su debacle final. Perdió la custodia de sus hijos y el 31 de enero de 2008, ante la negativa de Britney de entregarlos a su exmarido (aunque, según contó después, fue engañada para actuar así), se encerró con ellos en un lavabo. Tuvo que acudir la policía y finalmente fue forzosamente ingresada en un psiquiátrico. Y ahí entra en juego su padre, convirtiéndose a partir de entonces en su tutor legal. 

La batalla por la autonomía

Después de tocar fondo, la cantante volvió a ascender. Y volvió a caer. En 2019 anunció en su Instagram que dejaba la música debido a la frágil salud de su padre, una justificación que los simpatizantes de la campaña #FreeBritney catalogaron de falsa, impersonal y prefabricada por su equipo, supuestamente asesorado por su progenitor, especialmente porque la tutoría le impide, entre muchas otras cosas, usar libremente sus propias redes sociales. 

Britney Spears, con sus hijos.

/ El Periódico

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La teoría cobraba fuerza unos meses después cuando el equipo judicial de Kevin, su exmarido, advertía de que los hijos de Britney habían solicitado una orden de alejamiento de su abuelo debido a una agresión física. Pero se acabó de confirmar cuando, a finales de 2020, el abogado de la cantante, Samuel D. Ingham III, afirmó que ella misma había decidido dejar la música como protesta ante el control "egoísta" que mantenía su padre sobre sus bienes y libertades.

En una audiencia posterior, la cantante reclamó que se le destituyera como tutor porque le "daba miedo", mientras que su padre argumentó que no debía tenérsela en cuenta: supuestamente, la salud mental de su hija estaba de nuevo "cayendo en picado" y "debía seguir con el mismo estatus legal". Y así, la batalla continúa.