FEMINIZACIÓN DE LA CASA BLANCA

De Kamala Harris a Janet Yellen: todas las mujeres del presidente

El demócrata Joe Biden ha ensamblado el primer Gobierno paritario en la historia de EEUU

Seis destacadas políticas de las que se rodeará Joe Biden.

Seis destacadas políticas de las que se rodeará Joe Biden.

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Cuando Joe Biden conquistó la nominación demócrata para competir por la presidencia, un sector del partido no pudo ocultar su desilusión. Lo que había comenzado con la parrilla de salida inusitadamente diversa en términos raciales y de género, acabó como siempre: eligiendo a un hombre blanco de 78 años con medio siglo de historia política a sus espaldas. Desde entonces, sin embargo, Biden ha ido cumpliendo sus promesas para crear una Administración "que se parezca a nuestro país". El demócrata ha ensamblado el primer Gobierno paritario en la historia del país, una composición que solo tienen actualmente 14 países en el mundo, según Naciones Unidas. De ser confirmadas en el cargo, Estados Unidos tendrá a 12 mujeres entre los 24 miembros de su gabinete de ministros.

La apuesta de Biden sirve para satisfacer una reivindicación histórica, pero también para pagar algunas de las deudas de su campaña. Primero, hacia las mujeres negras, que son la columna vertebral del Partido Demócrata, las gestoras anónimas de su día a día, así como su electorado más fiel. Y luego, hacia las mujeres en general, que han liderado en estos años la llamada “resistencia” contra Donald Trump con manifestaciones masivas y un rechazo mayoritario hacia el republicano en las urnas. En las legislativas del 2018 fueron decisivas para que los demócratas recuperaran la Cámara de Representantes y finiquitasen el rodillo republicano. Y en las presidenciales de noviembre acabaron decantando la victoria para Biden. Particularmente las mujeres blancas de los suburbios y las negras e hispanas de todo el país.

"Las mujeres han liderado en estos años la llamada 'resistencia' contra Trump, con manifestaciones masivas y el rechazo mayoritario en las urnas"

El demócrata se llevó el 55% del voto femenino, frente al 46% del masculino, según el análisis de Associated Press. Sin ellas, Trump seguiría en la Casa Blanca y Biden enfilaría el camino de la jubilación. Pero no es el caso y el demócrata, que siempre se presentó como un “candidato de transición”, ha querido hacer historia rompiendo viejos tabús y techos de cristal. Ha elegido a la primera mujer vicepresidenta, que estará acompañada por otras dos al frente del Tesoro y la dirección nacional de inteligencia, dos de los cargos más importantes del Gobierno. Ha formado un equipo de comunicación enteramente compuesto por mujeres. Las ha puesto al frente del presupuesto, la diplomacia en los foros internacionales y la cooperación internacional, y les ha dado las carteras de Vivienda, Comercio e Interior.

Como criterio, ha priorizado la experiencia gubernamental, su familiaridad con las nominadas y el simbolismo de algunos perfiles. Nunca antes, por ejemplo, el país había tenido a un representante de la población indígena en el Gobierno. Falta ver ahora si ese dibujo se traducirá en una nueva forma de hacer política, algo que el país necesita como el agua. En su agenda, Biden ha incluido viejas reivindicaciones femeninas, como 12 semanas pagadas de baja maternal y médica para todos los trabajadores o deducciones fiscales para que la clase media y trabajadora pueda pagar las guarderías infantiles. También se ha propuesto acabar con la brecha salarial o restaurar la financiación federal para las clínicas abortistas de Planned Parenthood. El patriarcado cede el paso.

KAMALA HARRIS. Vicepresidenta. 56 años


Kamala Harris, en Carolina del Norte.


/ Jonathan Drake

Kamala Harris se ha pasado la vida superando expectativas, rompiendo barreras y dando sentido al devaluado sueño americano, una conjugación de factores que han hecho de ella una historia redonda, un símbolo poderoso para los tiempos que corren. 

Como su país, Harris es una ensaladera de identidades, hija de un economista jamaicano y una investigadora médica tamil, ambos inmigrantes de primera generación. Mestiza como Obama, hizo suya la cultura afroamericana y se casó con un abogado blanco con dos hijas blancas que también hizo suyas. Pasó los veranos con sus abuelos en la India y vivió una temporada en Canadá con su madre y su hermana (reputada activista de derechos humanos). Ahora está a punto de convertirse en la primera mujer vicepresidenta de Estados Unidos, la primera negra, la primera de origen asiático.

Harris se juega mucho, dados los 78 años de Biden. Medio país la va a analizar como a la futura presidenta

Detrás hay una fiscal ambiciosa que tuvo que hacer equilibrios para sobrevivir en un mundo de pistolas y comisarios, lo que ha dejado un historial con claroscuros y una personalidad política más moderada que su retórica. Harris fue fiscal de San Francisco y fiscal general de California, cargos que tampoco había ocupado nunca una mujer. Pero se formó en Howard, una de las cunas de la intelectualidad negra en Washington, donde se tejen las grandes carreras políticas. 

En 2017 volvió a la capital convertida ya en senadora. No tardó mucho en ganarse una reputación como interrogadora inquisitiva, que combinó con el historial de voto más progresista de la cámara. Sin esperar, apuntó a la Casa Blanca, pero su indefinición política y su inconsistencia como candidata truncaron su campaña a la presidencia. Son los mismos desafíos que tiene que afrontar ahora. Se juega mucho, dados los 78 años de Biden. Medio país la va a analizar como si analizara a la futura presidenta.

JANET YELLEN. Secretaria del Tesoro. 74 años


Janet Yellen.

/ BRENDAN SMIALOWSKI / AFP

Escuchar a Janet Yellen es como contemplar a una veterana cirujana en acción: las palabras justas, el verbo atemperado y la dicción mecánica. Ni fuegos artificiales ni gestos para la galería, lo que no ha impedido que esta coleccionista de sellos, casada con un Nobel de Economía y amante de las prendas de cuello alto, se convirtiese en la economista más poderosa que ha tenido nunca Estados Unidos. La única en presidir el Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca, la Reserva Federal y ahora el Departamento del Tesoro, la santísima trinidad del poder económico estadounidense. Y eso que no la dejaron entrar en el mejor instituto de su barrio porque no aceptaba mujeres.

 

"Nunca ha hecho aspavientos con la cuestión del género, pero tampoco ha obviado el coste económico de las desigualdades"

Nacida en una familia judía de Brooklyn, como Woody Allen o Bernie Sanders, nunca ha hecho aspavientos con la cuestión del género. Ni siquiera corrigió a Barack Obama cuando se le escapó un «señor Yellen». Pero tampoco ha obviado el coste económico de las desigualdades ni los estragos del desempleo, dos de los focos recurrentes de su carrera, marcada por la perseverancia, la búsqueda de consensos y un intelecto descrito como prodigioso.

A esa vena social contribuyeron sus profesores en Yale, donde se sacó el doctorado bajo la batuta de James Tobin y Joseph Stiglitz, dos gigantes neokeynesianos como ella. El principio de una carrera que la llevó a enseñar en las mejores universidades del mundo, mientras entraba y salía de la Fed y del Gobierno. En el mundo político y financiero nadie le tose y todo el mundo la conoce, y eso que nunca se le ha visto levantar la voz. 

GINA RAIMONDO. Secretaria de Comercio. 49 años


Gina Raimondo.

/ OFFICE OF THE PRESIDENT ELECT

Pocos departamentos están llamados a cambiar tanto bajo la presidencia de Joe Biden como el de Comercio, que ha hecho de las guerras arancelarias y el proteccionismo comercial su seña de identidad en los últimos cuatro años. Biden quiere recuperar las esencias del libre comercio, una misión que ha dejado en manos de la gobernadora demócrata de Rhode Island, Gina Raimondo, representante del ala más moderada del partido, la misma a la que pertenece el presidente electo.

Descendiente de inmigrantes italianos, Raimondo llegó a la política después de pasar por el mundo de las finanzas, donde creó su propia firma de capital de riesgo.

"Sus índices de aprobación han mejorado por la efectividad logística con la que ha combatido el covid-19"

 

Raimondo fue una de las gobernadoras más impopulares del país hasta que comenzó la pandemia, entre otras cosas, por la controvertida reforma de las pensiones que pilotó en el estado. Pero sus índices de aprobación han mejorado desde entonces por la efectividad logística con la que ha combatido el covid-19.

Muy cercana al mundo empresarial, tiene cuatro títulos universitarios (de Harvard, Yale y Oxford) y en las pasadas primarias no apoyó a Biden, sino al multimillonario Mike Bloomberg, quizás el más conservador de todos los candidatos. «Tenemos que encontrar un capitalismo que no te haga pobre si trabajas a tiempo completo, que garantice el acceso a la sanidad y la vivienda, y permita que tus hijos vayan a un colegio público decente», dijo en una entrevista para explicar sus posiciones reformistas. 

LINDA THOMAS-GREENFIELD. Embajadora ante Naciones Unidas. 69 años


Linda Thomas-Greenfield.

/ El Periódico

La diplomacia brilla en los grandes foros internacionales, pero suele cocinarse a fuego lento en la intimidad, a ser posible, en el caso de nuestra protagonista, delante de un plato humeante de gumbo, una de las joyas de la cocina 'creole' de Luisiana. La diplomacia culinaria es uno de los secretos de Linda Thomas-Greenfield, una funcionaria de carrera con 35 años de experiencia en el Departamento de Estado. «Es tan buena como su reputación», afirma a este diario una de sus colegas. «Honestamente es la madre de nuestro Servicio Exterior», dice otro para expresar el alivio que ha generado su nominación entre el cuerpo diplomático, permanentemente bajo sospecha durante la presidencia Trump.

"La diplomacia culinaria es uno de los secretos de esta funcionaria de carrera con 35 años de experiencia en el Departamento de Estado"

Creció a las afueras de Baton Rouge en los años de Jim Crow, viendo cómo el Ku Klux Klan quemaba cruces en los jardines de sus vecinos. Su padre, un jornalero analfabeto; su madre, una avezada cocinera que le enseñó «el poder de la amabilidad y la compasión». En Liberia conoció a su marido, un diplomático estadounidense que la animó a aparcar el doctorado que cursaba para unirse al Servicio Exterior. Aquel fue el inicio de una dilatada carrera diplomática como embajadora en Jamaica, Suiza, Pakistán, Nigeria o Gambia, antes de acabar como responsable de Asuntos Africanos en la Administración de Obama. El preámbulo de su despedida porque Mike Pompeo no tardó en cesarla al poco de asumir la cancillería, el inicio de una purga que ha hecho estragos en el servicio diplomático. 

JENNIFER PSAKI. Jefa de prensa de la Casa Blanca. 42 años


Jennifer Psaki.

/ El Periódico

Jen Psaki fue uno de los rostros de la Administración Obama pero, ironías de la vida, es más conocida en Rusia que en Estados Unidos. Sus deslices durante los tres años que pasó como portavoz del Departamento de Estado, antes de convertirse en directora de comunicación de la Casa Blanca, la convirtieron en una celebridad en el país de Putin. Sus televisiones hicieron de ella una caricatura, objeto de escarnio y burla permanente, hasta el punto de que llegó a acuñarse en ruso el verbo ‘psaking’, algo así como pontificar sobre algo que se desconoce. Sin duda contribuyó a la mala baba que esta madre de dos niños nacida en Connecticut fuese la encargada de echar pestes sobre Moscú por su anexión ilegal de Crimea.

"Sobria, comedida y afable, comandará un equipo formado enteramente por mujeres, algo que no había sucedido nunca"

Comandará un equipo formado enteramente por mujeres, algo que no había sucedido nunca. Tiene fama de sobria y comedida, afable y diligente, virtudes que necesitará para devolver un mínimo de normalidad al relato de la Casa Blanca tras la experiencia de los Sean Spicer o Sarah Hackabee, apóstoles de la posverdad dispuestos a matar al mensajero. Trump siempre quiso ser su propio portavoz y le dio tan poca bola a su equipo de comunicación que Stephanie Grisham, una de sus últimas portavoces, no llegó a dar una sola rueda de prensa en los nueve meses que pasó en el cargo.

Para la prensa, en cualquier caso, no es la mejor noticia que vuelvan los alumnos de Obama. La opacidad, el obstruccionismo y la agresividad hacia los reporteros que revelaron secretos de Estado fueron manchas de su presidencia.  

DEB HAALAND. Secretaria de Interior. 60 años


Deb Haaland.

/ Reuters

«Una voz como la mía nunca se ha escuchado en el gabinete de ministros o al frente del Departamento del Interior». No exagera Deb Haaland, la primera nativo-americana en ser nominada para ocupar un alto cargo en el Gobierno de Estados Unidos, lo que es mucho decir. Nada menos que 96 años después de que el país concediera la ciudadanía a su maltratada población indígena.

Nacida en territorio Navajo y criada entre los Laguna Pueblo, a los que pertenece, de Alburquerque (Nuevo México), dirigirá el departamento que aquí gestiona el uso y explotación de las tierras públicas, incluidas las reservas indias. Un gesto de Biden, largamente pospuesto por su país, que pondrá a una defensora a ultranza del medioambiente y los derechos indígenas a cargo del 28% del territorio estadounidense.

"Es la primera nativo-americana en ser nominada para ocupar un alto cargo en el Gobierno de EEUU"

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Creció con la maleta a cuestas en un sinfín de bases militares, que la obligaron a cambiar hasta 13 veces de colegio. Su madre, Pueblo como ella, en la Marina; su padre, un marine de origen noruego condecorado en Vietnam. A los 15 años empezó a trabajar en una panadería, conoció la indigencia tras tener a su única hija como madre soltera y se endeudó para estudiar Derecho, unos préstamos que sigue pagando a razón de casi 400 dólares al mes.

En las protestas contra el oleoducto de Keystone se hizo un nombre como activista y en 2012 dirigió la campaña de Obama para movilizar el voto entre la población indígena. Seis años después llegó al Congreso, donde ha abrazado las posturas del ala más izquierdista del Partido Demócrata.