Del derrumbe a la pandemia: cómo cerrar el duelo colectivo

Del derrumbe a la pandemia: cómo cerrar el duelo colectivo

Ricard Cugat

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Eva Domínguez

Treinta años después de la explosión de Borrell, las actuaciones de emergencia integran protocolos para el impacto psicólogico de las vivencias traumáticas. La asistencia a las víctimas conlleva diagnosticar y acompañar en esos primeros momentos de desorientación y dolor. Es un apoyo fundamental. 

Ahora bien, la integración de una gran pérdida es un proceso que necesita más tiempo. Ocurre que "hay duelos que se elaboran magníficamente y otros que se quedan congelados", explica la psicóloga y directora de Cultura Emocional Pública Mireia Cabero. ¿Cómo sabemos que un duelo no se ha cerrado? "Cuando mucho tiempo después alguien toca el tema y te duele, o pasa una tontería que no tiene nada que ver y en ese momento emerge todo el dolor traumatizado".

Cuando la tragedia y, por tanto, el duelo es colectivo, la dinámica del grupo incide en cómo cada persona cierra esa etapa. "Las emociones se contagian y se retroalimentan, por lo que si yo intento superarlo pero el colectivo no le da importancia –porque no ha tomado conciencia, porque ha querido evolucionar sin hacer el duelo que tocaba– entonces es muy difícil hacer ese proceso".

"El recuerdo no es reparación del dolor, es honrar colectivamente", señala la psicóloga Mireia Cabero

Para la experta, el camino es acompañar en lo que llama reparación colectiva del dolor. Llorar, sacar la rabia, ser escuchado… Hay muchas maneras de dar salida al daño emocional, por lo que han de ofrecerse los espacios que los afectados necesiten con su colaboración. Nada tiene que ver con recordar periódicamente a las víctimas. "El recuerdo no es reparación del dolor -aclara Cabero-, el recuerdo es honrar colectivamente, es diferente". 

Gestionar las propias emociones, reconocer e integrar las pérdidas, empatizar con otros y saber acompañarlos son los ingredientes para una sociedad emocionalmente equilibrada.

No obstante, cuidar de la interioridad de las personas no ha estado en la agenda pública hasta recientemente: el bienestar mental está incluido en los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) 2030 de Naciones Unidas, a los que se han comprometido los países firmantes. 

Lecciones del 17-A

Un primer paso es detectar situaciones en que la ciudadanía necesita de algún tipo de apoyo. El atentado del 17 de agosto del 2017 en Barcelona activó los resortes municipales. Tras la intervención de emergencia, se detectó miedo, "por no decir pavor", afirma Pilar Solanes, directora del programa de salud mental del ayuntamiento, de parte de la ciudadanía cercana a donde ocurrió la masacre.  

El consistorio diseñó diversas actuaciones, entre ellas, preparar a las personas que están más en contacto con la comunidad "para reconocer el malestar, porque a veces, si no preguntas directamente la gente, se lo calla, y después, para saber qué hacer con él".

Examen mundial

Pero, sin duda, el gran examen mundial está siendo la pandemia, que ha acelerado los proyectos previstos creando planes de choque y reajustándolos con los anuncios periódicos de las medidas gubernamentales. En un primer momento, se crearon o ampliaron líneas de teléfono de ayuda atendidas por psicólogos y voluntarios tanto para atender a cualquier ciudadano como a colectivos específicos. 

Pero, precisamente, el aislamiento forzado durante el confinamiento es una prueba muy dura para el bienestar mental. Las vitaminas para la salud emocional implican relacionarse, hablar, tocarse. 

Al encierro se añaden la pérdida de trabajo, situaciones de convivencia complicadas, el cuidado de personas dependientes, el miedo a la enfermedad, la incertidumbre por el futuro… La pandemia pone a prueba la capacidad de resiliencia, de sobreponerse a las adversidades, tanto de cada individuo como de los colectivos, porque nadie vive aislado.

Ciudades resilientes

La directora de Cultura Emocional Pública es rotunda: "Las ciudades han de construir resiliencia ciudadana y resiliencia institucional, no hay más".  La ruta para conseguirlo, afirma, es detectar los buenos hábitos resilientes que faltan y potenciarlos a través de los agentes comunitarios y "de los diferentes liderazgos que acompañan a la ciudadanía dentro de una ciudad". Eso incluye a todos los entornos, desde una escuela, a una empresa, pasando por una entidad cívica o una comunidad de vecinos.

"Cuando el impacto remocional dura mucho, surgen enfermedades mentales", explica la experta

Trabajando en esta línea, el ayuntamiento publicó en agosto una página web de recursos y actividades 'on line' para la ciudadanía. Cabàs Emocional ha tenido unas 16.500 visitas desde entonces. Según Solanes, el objetivo es seguir ampliándolo tanto en contenidos como en actividades, que también serán presenciales. 

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Estas herramientas generales se añaden al resto de acciones diseñadas en colaboración con las mesas de salud mental presentes en casi todos los distritos. Una de las iniciativas es la creación de grupos para acompañamiento en el duelo. De momento, han puesto en marcha un piloto.  

Hacer un duelo es básico para el bienestar emocional, porque, "cuando queda impacto emocional durante mucho tiempo, después aparecen enfermedades mentales", concluye Cabero.