Benidorm: paisaje no tan desierto

Jubilados del resto del país convierten la meca del turismo levantino en su refugio antivirus

Benidorm: paisaje no tan desierto

MIGUEL LORENZO

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Nacho Herrero
Nacho Herrero

Periodista

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No hay un Benidorm sino dos. Están cosidos por el mar y se juntan y se separan en las cuatro calles que formaban el primigenio pueblo de pescadores alrededor del que creció la capital del turismo peninsular regada por el sol y por cerveza, sangría y alojamientos baratos en rascacielos. Ahora, el coronavirus, como una tempestad azotando la costa, ha dejado a la vista el esqueleto de esa doble realidad, ruina a un lado y tranquilo refugio al otro.

La playa de Levante es el corazón de la zona guiri, donde el inglés es el idioma oficial hasta muchos metros tierra adentro. Bueno, lo era, porque ahora no se oye nada por las calles en las que no se dormía ni de noche ni de día. Las hojas se acumulan en la entrada de los hoteles y los pubs, unos cerrados a cal y canto y otros como si lo estuvieran.

La playa de la ‘zona inglesa’ completamente vacía. / MIGUEL LORENZO

Jorge Beltrán tiene (o tenía) dos negocios en estas calles. Un pub que apenas ha abierto un mes y medio desde que en marzo el estado de alarma apagó la música y una empresa de servicios que tiene el mismo destino. «Esto es una pesadilla», explica como si se agitara un cóctel de enfado, preocupación y tristeza.

Los mayores
llegaron buscando
el sol antes de
los cierres
perimetrales:
de Madrid,
Euskadi, Toledo,
León...

«Para nosotros el termómetro es el cambio de moneda y estamos haciendo un 10% del año pasado siendo muy generosos», explica. De la venta de casas o de los 'transfers' al aeropuerto ni hablamos. «Hace un año esto estaba a rebosar y ahora solo aguanta el que trabaja español», confirma.

La temporada de casi nueve meses de la que tanto se presumía en la meca del turismo es un recuerdo. «Sin ingleses no hay paraíso, te regalo el titular», cuenta quien se hace llamar Pedro en el bar de enfrente. Para reforzar el mensaje simula pegarse cabezazos contra una columna. Tiene tiempo para charlar porque lo que no tiene este Beer Garden son clientes a los que servir birras. Él también tiene claro su no futuro: «Cerramos».

«Reabrimos en...»

Hay muchos que se les han adelantado. Para empezar los hoteles. De los 140 establecimientos hoteleros que tiene Benidorm, apenas quedan abiertos una veintena. Pero no solo ellos. 'Reabrimos en marzo de 2021' se puede leer en una optimista pizzería. En el White Stars, el pub en el que rendían tributo noche sí, noche también a los Beatles y que debe su nombre a la histórica naviera británica, la popa del 'Titanic' que asoma para atraer a nostálgicos ha acabado de coger sentido.

Aunque disfrazada por el sol, la ruina se extiende como una mancha de aceite. En la playa (la de Levante) la situación sería de una idílica calma si no fuera dramática. Donde hace un año había a mediodía miles de británicos ya de fiesta riéndose del 'brexit', ahora no hay apenas nadie. Luna es de Manchester y asegura que ha encontrado la relajación que buscaba. Demasiada. «Me imaginaba que estaría tranquilo pero no tanto. No hay gente joven», comenta, decepcionada.

De los casi 140 hoteles que tiene la ciudad, han cerrado cerca de 120. / MIGUEL LORENZO

Dan ganas de presentarle a Connor, que llegó de Bristol y que está unos metros más allá buscando algo que hacer. «Vine por el sol y llevo tres días con sol pero sin nada de fiesta», apunta. Los dos coinciden en la razón por la que no hay turistas y no es el miedo al covid. «Es por las dos semanas de cuarenta a la vuelta», resume él. «Yo no estoy trabajando y ahora las podré hacer», apunta ella. 

Diagnóstico

Hasta esta zona llegan pequeños grupos de jubilados españoles para cubrir su ración diaria de kilómetros pero también para comprobar lo que se cuenta entre vecinos: que no hay nadie. José González llegó hace unos días de Bilbao a su apartamento y ofrece su diagnóstico. «Está muerto, lo va a pasar muy mal mucha gente. Cualquier otro año estaría lleno de ingleses tomando cerveza», asegura este jubilado.

Porque Benidorm no son solo hoteles. Aquí sobre todo, hay apartamentos. La impresionante cifra de 40.000 camas de los hosteleros viene a ser cerca de un 10% de las que hay en esta ciudad de rascacielos. Y ahí está la resistencia, que se concentra tras la playa de Poniente en enormes bloques de apartamentos. Siendo menor la asistencia que otros años, vuelven a ser los que mandan. Echan de menos a los compañeros del Imserso, por más que se hayan puesto en marcha ofertas que ofrecen apartamento y pensión completa en los bares y restaurantes de la zona por 200 euros la semana.

«Ayuda mucho 
la seguridad que
da estar aquí.
No hay contagios»,
asegura Jordi Gual,
director del Hotel
Bilbaíno

El poderío de los mayores con segunda residencia (propia, prestada o alquilada) se empieza a notar en el tramo final de playa de Levante, justo antes de llegar al casco antiguo. Tierra de frontera, con garitos en los que se juntan, cuando están, jóvenes madrileños con extranjeros y por la que ahora se pasean tranquilos los abuelos de los primeros.

Llegaron buscando el sol antes de los cierres perimetrales. De Madrid, sí, pero también de Euskadi, de Toledo o de León. De allí lo ha hecho Rosa, que explica que esos paseos es de lo poco que les queda. «Otros años todas las noches salíamos a bailar pero este año nada», dice con un punto de tristeza. Si María Jesús no hubiera guardado definitivamente hace un año el acordeón, lo habría tenido que hacer ahora.

Sentada al sol en un banco del paseo, con su padre, su madre, su abuela y su perro, coincide Erica. Han conseguido que un familiar les vuelva a dejar el apartamento como pasó en agosto y han vuelto. No son los únicos, cuenta Jordi Gual, director del Hotel Bilbaíno, porque este año además del menú habitual se busca refugio ante la pandemia. Con las nuevas restricciones y las subvenciones del 'Bo viatge', los mayores de la propia Comunitat Valenciana han ganado peso.

Erica (derecha) llegada de Toledo con sus padres, su abuela y su perro. / MIGUEL LORENZO

Clientes de ida y vuelta

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«Ha ayudado mucho que no haya contagios, la seguridad que da. Es el año que más prolongaciones de estancias hemos tenido e incluso clientes que se han ido y han vuelto», cuenta. De hecho, ellos capean la crisis por el covid con cierta holgura. «Estamos sobre el 50% de las 38 habitaciones que tenemos. Aceptable dentro de lo terrible pero cualquier otro octubre estaríamos al 90%», recuerda. «Aquí el turismo nacional viene y también en Poniente, que es más zona residencial», cuenta.

Su hotel, con casi un siglo de historia, es el más antiguo y nunca ha visto nada igual. «Ni yo ni nadie. Aquí hay cierto pesimismo, es normal porque el turismo lo mueve todo. El invierno no será muy halagüeño. A ver si a partir de Semana Santa podemos trabajar con cierta normalidad porque si no hay un peligro gordo de un crac económico», apunta. 

Una mala decisión

Moni Yakin es un francés que hasta febrero regentaba con su familia un bar en la plaza de Sant Jaume , en el pequeño centro histórico de Benidorm. Tapas, cervezas y cafés. Les iba bien pero pensaron que les podía ir mejor y decidieron embarcarse en una aventura que parecía un valor seguro. Se quedaron el Banana Beach, un local en la Playa de Levante. Un salto. Fecha de entrada: 1 de marzo de l 2020. Al vacío.