LA ENTREVISTA

Luis Rojas Marcos: "Esta pandemia unirá al mundo"

Luis Rojas Marcos: "Esta pandemia unirá al mundo"
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Juan Fernández
Juan Fernández

Periodista

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Desde la ventana de su despacho de la asociación de Médicos Afiliados de Nueva York (PAGNY), entidad que dirige y a la que dedica su tiempo cuando no está dando clase en la Universidad de Nueva York, se ve el hospital psiquiátrico de Harlem y el ‘sky line’ del barrio menos glamuroso de la ciudad. Es su ecosistema natural: "Llevo toda mi vida entre hospitales y pacientes", dice, sonriente. Es en ese hábitat doliente donde Luis Rojas Marcos descubrió los efectos sanadores que tiene la mentalidad positiva a la hora de encarar las adversidades. Algunos de esos hallazgos los explica en su último libro, cuyo título parece ir a contracorriente de los tiempos que vivimos: ‘Optimismo y salud’ (Grijalbo). Atiende por Skype, pero lo hace con una cercanía afable, marca de la casa, que disuelve al instante el incordio de las pantallas.

-Suena quijotesco hablar de optimismo con la que está cayendo.

-Sí, la situación es complicada, pero debemos tener presente que la Humanidad ya se enfrentó en el pasado a otras adversidades, algunas muy severas, y continuó avanzando tras superarlas. Ahora ocurrirá igual, no lo dude, y el punto del que partíamos no es tan negativo como a veces se cuenta. Tenemos la mayor esperanza de vida de la historia de nuestra especie, sobre todo en España, que es uno de los tres países más longevos del mundo. También vivimos el periodo de paz más largo que recordamos, y nunca hubo tantos regímenes democráticos como ahora. Estos son hechos, no hace falta ser optimista para reconocerlos.

"Urge que políticos y ciudadanos nos organicemos
pensando que la pandemia puede durar más de lo que pensábamos"

-Sin embargo, afrontamos una pandemia que ha puesto patas arriba el planeta. ¿Usted también piensa que de esta saldremos más fuertes?

-En psiquiatría existe un concepto llamado crecimiento postraumático que está científicamente estudiado y, además, se da muy a menudo. Hay muchas personas que, tras afrontar una experiencia traumática, reconocen haber descubierto en sí mismas cualidades que desconocían o confiesan haber aprendido algo que les ha hecho más fuertes. Estoy convencido de que muchos recordarán esta pandemia como aquella experiencia que les brindó una oportunidad para mejorar.

-¿Cómo se produce ese fenómeno?

-Esto es muy importante, porque ese aprendizaje no lo ofrece el sufrimiento, sino todo lo que hacemos para hacerle frente. El miedo y el dolor no aportan nada útil. Son los mecanismos que ponemos en marcha para luchar contra ellos los que nos revelan aspectos positivos de la vida o de nosotros mismos que desconocíamos. Lo he comprobado en infinidad de enfermos. Muchos reconocieron que la lucha que libraron acabó transformándoles. 

-Aun así, reconocerá que en el 2020 cuesta invitar a la gente a ser optimista.

-Lo sé, y en parte es debido al prejuicio que persigue a esta palabra, sobre todo en Europa, donde se confunde el optimismo con la ingenuidad o con las técnicas de autoayuda. No, el optimismo es otra cosa. El pensamiento positivo se empezó a estudiar científicamente a mediados del siglo pasado cuando se observó cómo reaccionaban distintos grupos humanos ante un mismo contratiempo grave.

Nueva York, salud mental y pensamiento positivo

En casa del político andalucista Alejandro Rojas Marcos, pocos apostaban por su hermano menor: tendente al despiste y pésimo en los estudios, el pequeño Luis solo parecía destacar por sus dotes para la música. Pero en la adolescencia descubrió la medicina y a los 24 años logró acabar la carrera en Sevilla, su ciudad natal.

-¿No actuamos todos igual?

-No. Ante una misma adversidad, hay personas que se limitan a pensar que todo es cuestión de suerte y que nada depende de ellas. En cambio, hay otras que se preguntan qué pueden hacer para superar esa situación, toman el control de sus vidas y actúan. La clave me la dieron mis pacientes. En los hospitales encontré dos tipos de enfermos: los que se rendían y los que se rebelaban. El optimista es el que grita en mitad de la noche para que le traigan un calmante. El otro se calla. Por eso, los optimistas tienen más posibilidades de sobrevivir.

-¿El optimista nace o se hace?

-El factor genético es muy importante y nos condiciona desde el nacimiento. Si se da una vuelta por el área de maternidad de un hospital, verá que hay bebés durmiendo plácidamente y otros que lloran sin parar. Luego está lo que nos pasa, que sin duda nos determina. Sobre todo, lo que nos pasa en los primeros 15 o 20 años de vida. Pero también está la actitud con la que afrontamos lo que nos ocurre, y eso sí depende de nosotros. El optimismo se aprende y se practica. Requiere motivación, confianza y esfuerzo. Requiere trabajo y cambiar hábitos, y cambiar no es fácil.

"El optimista
grita en mitad de la noche para que le traigan un calmante. El otro se calla. Por eso, los primeros
tienen más posibilidades de sobrevivir"

-¿Cómo lo aplicamos a la pandemia?

-Esta situación no tiene solución en el corto plazo, pero podemos tomar muchas decisiones útiles para hacerle frente. Podemos elegir informarnos de fuentes fiables y serias que nos permitan seguir la realidad evitando falsos alarmismos. Podemos elegir mantener el control de nuestras vidas y analizar qué podemos hacer para estar mejor. Podemos programar nuestro día a día, aunque estemos confinados, para llevar una vida organizada. Todo esto ayuda. La memoria, también.

-¿La memoria?

-Sí. Está comprobado que los optimistas tienden a recordar mejor las experiencias positivas que las negativas. Todos hemos vivido situaciones complicadas en el pasado. Tener presente las que superamos sirve para elevar nuestra autoconfianza. Si entonces pudimos, ¿por qué ahora no? Hablar es también muy útil. No solo porque te desahogas, sino porque así tienes más posibilidades de que alguien te ayude. No falla: las personas optimistas siempre son más sociables.

 -¿Qué le dice la frase: ‘Un pesimista es un optimista bien informado’?

-No estoy de acuerdo. Forma parte de esa corriente filosófica que prosperó en los siglos XVII y XVIII que sostenía que el hombre es un lobo para el hombre, y de ese refranero puñetero que dice aquello de ‘piensa mal y acertarás’. Hay que estar informados porque eso nos protege, pero debemos buscar información inteligible y fiable.

"El aprendizaje no viene del sufrimiento, lo que nos revela aspectos positivos de la vida o de nosotros mismos es cuanto hacemos para hacerle frente"

-¿Cómo se relaciona el optimismo con la ideología política? ¿Son más o menos optimistas los de izquierdas que los de derechas?

-No encuentro diferencias. Unos y otros creen con entusiasmo que sus ideas son las mejores para organizar la sociedad y alcanzar la felicidad. En ese sentido, ambos mantienen una relación optimista con sus idearios. Por lo general, las ideas políticas no están basadas en la maldad del ser humano. Tampoco conozco a ningún líder que sea pesimista. Solo seguimos a los que transmiten esperanza y confianza.

-Reside en Estados Unidos desde hace 52 años. Apelando a esa experiencia, ¿podría explicar el trumpismo, un fenómeno tan difícil de entender a este lado del Atlántico?

-La gente que votó a Trump es tan optimista y aspirante a la felicidad como los que votaron a Biden, pero llevan muchos años sintiéndose olvidados por el poder político. Y en ese descontento hay trabajadores del sector industrial y agrícola cuyas condiciones de vida se han deteriorado, ciudadanos que, sin ser xenófobos, piensan que la inmigración debe controlarse, y jóvenes que encuentran menos oportunidades que la generación anterior. Todos vieron una esperanza en Trump, un tipo que no era un profesional de la política.

"No saber cuándo acabará la pandemia causa un gran desasosiego porque rompe el sentido del futuro"

-Nos encontramos en plena segunda ola de la pandemia y la gente muestra señales de fatiga. ¿Qué opina como psiquiatra?

-Me preocupa, porque la duración de un dolor es tan importante como su intensidad y no saber cuándo acabará esto causa un gran desasosiego, porque rompe el sentido de futuro. Si se fija, la mayor parte de lo que decimos a diario son proyecciones de tareas que vamos a hacer en adelante: 'Mañana iré a tal sitio, el mes que viene haré tal cosa'. Renunciar a eso es demoledor y pone a prueba nuestra tolerancia. Es urgente que tomemos conciencia de esta realidad, tanto los políticos como la población, y que nos organicemos la vida pensando que la pandemia puede durar más de lo que pensábamos.

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-¿Qué cosas cambiarán en el mundo post-covid?

-Después de una gran tragedia suele haber un periodo de ajuste. De entrada, creo que tomaremos conciencia de que esto puede volver a ocurrir y nos prepararemos mejor para hacerle frente a nuevas pandemias. No solo pienso en el campo sanitario. El covid nos ha hecho ver lo importante que son los demás y ha puesto en valor los sistemas asistenciales. Aunque solo sea por un hecho contrastado: las personas que ayudan a otras personas tienen más posibilidades de sobrevivir. Estoy convencido de que esta pandemia va a unir al mundo.

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