24 nov 2020

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¿Qué queda de Walter Benjamin en Portbou?

David Aparicio / Archivo

80º ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL PENSADOR

¿Qué queda de Walter Benjamin en Portbou?

Gemma Tramullas

Tras algo más de dos horas de placentero viaje en tren desde Barcelona, la megafonía anuncia el final del trayecto: Portbou. Es un soleado día de septiembre y apenas una decena de personas se apean en la última localidad catalana; a partir de aquí, el paisaje es administrativamente francés. Algunos pasajeros son vecinos jubilados del pueblo que arrastran carros de la compra rebosantes de frutas y verduras, también descienden unos pocos trabajadores, mochileros y algún que otro personaje típicamente transfronterizo de cabello hirsuto y bíceps tatuados.

La imponente estructura metálica de la estación, construida en 1929 por Joan Torres i Guardiola (el 'Eiffel catalán'), provoca la estupefacción del visitante novato que nota el peso de la historia abatiéndose sobre sus hombros. Los fantasmas de miles de exiliados y refugiados que huían del franquismo y del nazismo, y también de sus verdugos, parecen vagar por los andenes y la antigua sala de aduanas.

Andén de la estación de Portbou, sin apenas viajeros.  /david aparicio

Dicho en las poéticas palabras de Walter Benjamin, en este lugar "nos roza un aliento del aire que rodeaba a los que vivían antes que nosotros". Aquí se puede sentir en la piel una de las principales tesis del lúcido pensador alemán: la historia de la humanidad se reproduce en cualquier instante del presente.

En sus mejores épocas como estación ferroviaria internacional, en Portbou vivían más de 4.000 personas. Pero desaparecidas las lucrativas aduanas, la población se ha quedado en poco más de 1.000. En 2019 murieron 13 personas y nacieron solo 2. Un caótico urbanismo en pendiente contrasta con el espectáculo de una de las bahías más hermosas de la Costa Brava. Pero a pesar de su inagotable capacidad de observación, es poco probable que Benjamin llegara a caer bajo el influjo de la 'mística' de Portbou.

Apátrida, judío y de izquierdas

El 25 de septiembre de 1940 cruzó a pie la sierra pirenaica de L’Albera desde la localidad francesa de Banyuls, siempre aferrado a su mítico maletín negro. Apátrida, judío y de izquierdas, huía de los nazis y tenía la esperanza de poder cruzar España hasta Lisboa y allí embarcar rumbo a Nueva York. Tenía 48 años, una cardiopatía y un leve sobrepeso. Las 12 horas de penosa caminata por un sendero de contrabandistas, incluida una noche al raso, le dejó enfermo y extenuado.

Placa conmemorativa en la fosa común del cementerio de Portbou. /david aparicio

Al llegar a la gendarmería de Portbou mostró sus documentos en regla, pero los funcionarios del régimen franquista le informaron de que un reciente decreto prohibía la entrada a España a las personas sin nacionalidad. Como muchas veces en su vida, había llegado tarde por muy poco.

Esa fatalidad es compartida con la localidad ampurdanesa. "Portbou siempre ha llegado tarde a todo", escribe el periodista portbouense Ramon Iglesias en sus 'Cròniques des del centre de l’univers', que era como la pintora Ángeles Santos Torroella se refería a Portbou.

Iglesias suele bromear diciendo que Portbou es "L’Hospitalet del Empordà" por su mezcla "de hijos de policías, de guardias civiles, de ferroviarios, de empleados de banca y de ricos del pueblo". Este perfil sociológico, único en la Costa Brava, también resulta muy “benjaminiano". El intelectual alemán no aceptaba las fronteras, ni políticas, ni sociales, ni culturales. Fue un nómada del conocimiento.

El prolífico escritor fue escoltado por la policía, junto a la fotógrafa Henny Gurland y el hijo de esta, hasta el Hotel de Francia, en el centro del pueblo. Allí debía pasar la noche y al día siguiente sería deportado al otro lado de la frontera, donde le esperaba un campo de concentración.

El edificio del Hotel de Francia (en la foto) pertenecía a la familia Vilarrasa, que lo tenía alquilado. "Mi madre y mis dos hermanos mayores nacieron allí -explica Toni Bulbena Vilarrasa-. Cuando recuperamos el edificio lo ofrecimos a las autoridades para crear una casa-museo Walter Benjamin, pero la propuesta no prosperó".

Antes de reformar el edificio para uso familiar, Bulbena hizo fotos de la pequeña habitación donde el pensador se hospedó por unas horas y guardó la puerta, la número 5.  También hizo colocar una placa en la fachada con una de sus citas más célebres: "Todo el conocimiento humano toma forma de interpretación".

Según Gurland, a las siete de la mañana del día 26 Benjamin la hizo llamar. Le confesó que la noche anterior había ingerido una sobredosis de morfina y le entregó una carta: "En una situación sin salida no tengo más opción que ponerle fin. Será en un pequeño pueblo de los Pirineos, en el que nadie me conoce, donde mi vida acabará".

Falleció a las 22 horas del jueves 26 de septiembre. Sus últimas palabras están escritas hoy en el murete que lleva al cementerio, junto a un fragmento de 'Quanta, quanta guerra' de Mercè Rodoreda.

Suicidio, fallo cardíaco o la Gestapo

No todo el mundo comparte la tesis mayoritaria del suicidio. Bulbena, que es médico y catedrático de Psiquiatría, considera que "es más probable que sufriera un fallo cardiaco y al administrarle morfina hiciera un edema de pulmón". Otras voces apuntan a la Gestapo o agentes estalinistas.

Júlia Fernández, exconcejal de Cultura, recuerda que su suegra le contaba que estaba comprando verduras en el mercado cuando vio cómo sacaban la camilla con el cuerpo tapado del misterioso extranjero. Así fue como uno de los pensadores más influyentes del siglo XX acabó sus días en un nicho sin marcar en el cementerio católico de un pequeño pueblo costero catalán. Cinco años después, sus restos fueron depositados en la fosa común.

Memorial Passatges, del israelí Dani Karavan, al lado del cementerio. /david aparicio

En los años 60, la Fundación Aski de Alemania empezó a indagar sobre el paradero de su ilustre conciudadano y en 1979 el primer ayuntamiento democrático puso una placa con su nombre en la fachada del cementerio. En 1994 se inauguró el memorial Passatges, una escultura ambiental del artista israelí Dani Karavan.

Se trata de una las obras de arte público más conmovedoras y bellas de Catalunya, que invita al espectador a descender por un túnel de metal insertado en la roca que va a dar al mar. Al final de este pasaje que lleva de la oscuridad a la luz, hay un cristal donde está grabada una de la frases más reproducidas del pensador: "Es una tarea más ardua honrar la memoria de los seres anónimos que la de las personas célebres. La construcción histórica se consagra a la memoria de los que no tienen nombre".

Otro de sus grandes aforismos, ligeramente adaptado del original incluido en 'Sobre el concepto de historia', uno de sus libros más influyentes, está en el cementerio: 'No hi ha cap document de la cultura que no ho sigui també de la barbarie'.

Un disparo en el cristal

Joan Gubert, considerado el cronista oficial de Portbou, fue concejal entre 2007 y 2011 y revela que tuvieron que cambiar el cristal blindado de la escultura porque se había resquebrajado: "Nos dijeron que había sido por un disparo". En aquel mandato se iniciaron las obras de lo que debía ser un ambicioso centro cultural y artístico, que quedó paralizado. En su opinión, la atracción de los vecinos por el pensador tiene que ver más "con el interés turístico", mientras que el interés cultural "viene más de fuera y tiene un punto elitista". Gubert celebra que el pueblo también tenga vida cultural al margen de Benjamin.

El cristal blindado del memorial se resquebrajó. "Nos dijeron que por un disparo", cuenta el cronista Joan Gubert

Júlia Fernández, que hasta finales de los años 90 regentó una librería en el centro del pueblo, vendía libros de la Fundación Aski y de Dani Karavan a los extranjeros que llegaban de todo el mundo. Pero no hace falta ser un erudito para leer a Benjamin, quien escribió que "no leemos para elevar nuestro conocimiento sino para elevarnos a nosotros mismos". 'Diario de Moscú' o 'Infancia en Berlín hacia el 1900' son una buena manera de iniciarse en el personaje. 'La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica' y 'Sobre el concepto de la historia' ya están a otro nivel.

Una de las personas atrapadas "en el abismo romántico de Benjamin" (según sus propias palabras) es la historiadora y crítica de arte Pilar Parcerisas, una persona clave en el binomio Benjamin-Portbou. En 1991 escribió el guión de la película 'La última frontera' y explica que durante su investigación encontró documentos que ayudaron a localizar el lugar donde se encontraban los restos del intelectual.

El ángel de la historia

En el 2009 se compró un apartamento en el pueblo y desde entonces ha organizado múltiples actividades, desde visitas guiadas hasta la Escola d’Estiu Walter Benjamin. Creó Passatges de Cultura Contemporània y actualmente preside esta asociación y también la Fundació Angelus Novus, que pretende resucitar el proyecto de la Casa Benjamin, un centro de pensamiento y creación cultural y artística que había fichado al arquitecto Norman Foster para rehabilitar el edificio del antiguo ayuntamiento pero que languidece desde hace casi 20 años por falta de financiación.

"Parece que el Empordà termina en Llançà y todo el dinero va a parar a Girona y alrededores -lamenta-. Tenemos una obligación como país de prestar atención al tema de la memoria, la experiencia internacional del exilio y el pensamiento contemporáneo".

Para Parcerisas, el 'ángel de la historia' [un concepto benjaminiano inspirado en el cuadro 'Angelus Novus' de Paul Klee] "tiene un ala clavada en Portbou. El pueblo ha sufrido mucho y no le gusta mirar atrás. Hasta ahora todo era arena y olvido, pero con o sin Benjamin, ya está más preparado para asumir una mirada a su propio pasado".

En un soleado día de septiembre, cinco policías piden la documentación a una persona negra y a un grupo de adolescentes de tez morena en la estación de Portbou. Como un relámpago, otra frase de Benjamin ilumina la escena: "La tradición de los oprimidos nos enseña que el estado de excepción en el que vivimos es la regla".