Los rostros de la incertidumbre: "¿Y si vuelve a pararse todo?"

Seis testimonios explican cómo surfean estos tiempos inciertos: desde la familia con el curso en el aire o la actriz en 'stand by' hasta el que está en paro o resiste tras la barra de su bar

Rostros de la incertidumbre.

Rostros de la incertidumbre.
Joan Miquel, ’coach’ que abrió un negocio en febrero.

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Albert Fernández

En el arranque del nuevo curso, el horizonte se presenta tan plagado de incógnitas que resulta imposible encontrar un ámbito de la vida donde no reine la incertidumbre. Desde la familia que no sábe qué le deparará el curso escolar, la joven en paro que avista un horizonte laboral en negro o la actriz que tiene sus planes en 'stand by', hasta el que montó un negocio en febrero, quien resiste tras la barra de su bar o la alumna que se va a estudiar al extranjero, aquí van seis ángulos de este vivir sin futuro inmediato.

Andrea, Jofre, Nora y Pol. Familia con menores escolares 

"El curso va a empezar y no tenemos nada claro"

Andrea y Jofre se consideran afortunados. Ella, directora de arte en publicidad, y él, que se dedica a la animación, pueden trabajar desde casa y repartirse los horarios para estar con los niños. Pero empieza el nuevo curso y aún no hay "nada claro". "Tenemos muy poca información sobre los protocolos que se implementarán en la escuela de Nora, de 14 años. No sabemos si irán a clase siempre o si harán grupos. El sistema educativo no ha variado en 40 años, cambiarlo ahora tan drásticamente debe de ser una locura".

Nora, Andrea, Pol y Jofre. / jordi cotrina

La experiencia del confinamiento, afirman, ha dejado claras las carencias. "Nora no nos preocupa, es una chica responsable y le encanta estudiar. Pero hay niños que necesitan más acompañamiento, como los que tienen déficit de atención". 

A las inquietudes generales–si los protocolos servirán para preservar salud y educación o si la conciliación acabará siendo un sálvase quien pueda–, ellos suman una propia. "Pol tiene 2 años, irá a la guardería y se meterá los juguetes en la boca. Habrá que tener confianza en que el resto de familias sean precavidas y llevan una buena higiene". Además, afirman, los medios dan visiones tan enfrentadas que se están creando dos grupos: los que se quitan los zapatos al entrar en casa y usan desinfectante, y los que dicen que todo es mentira y no toman ninguna medida. ¿Cómo podemos juntar a esos dos tipos de familias en la escuela?". 

Silvia Pérez. En paro

"Ya no aspiro a un trabajo ideal, pero el futuro es negro"

Con 23 años, Silvia Pérez está acostumbrada a combinar trabajos precarizados mientras completa su Grado de Literatura. "Durante el confinamiento estuve cobrando el paro, que se me acabó en julio. Entonces, a finales de ese mes, encontré trabajo de dependienta. Pensé que los supermercados son lugares clave ahora mismo y que, aunque hubiera rebrotes, seguiría trabajando".

No se esperaba que el virus hiciera estragos también en su periodo de prueba de seis meses. "En agosto mi madre dio positivo por covid. Yo tuve que coger la baja y, como debe ser, informé a la empresa. Tres días después me enviaron una carta diciendo que no seguiría en la compañía". 

Silvia Pérez perdió el trabajo tras guardar cuarentena. / jordi cotrina

El resultado de hacer lo que dictan los protocolos sanitarios es que Silvia vuelve a estar desempleada. "Me siento impotente frente a esta situación. Y sé que hay mucha más gente a la que le está pasando cosas similares. Coges la baja para proteger a los demás y la empresa se aprovecha".

Asegura, sin embargo, que lo más duro es la escasa sorpresa que el episodio le ha provocado. "No es nada nuevo, ya sucedía. Se dan muchos casos de personal despedido después de tres meses de prueba o cuando ya no los necesitan, o gente que se pasa dos años de becario. Pero ahora se ha acelerado y se combina con esta nueva situación de pedir la baja si has estado en contacto con algún infectado". Si se le pregunta de qué color ve el futuro, Silvia no duda en responder: "Negro. No sueño con trabajos ideales. Solo quiero acabar mis estudios y preparar unas oposiciones. Pero ni todo el mundo puede ser funcionario, ni esa debería ser nuestra aspiración".

Enric Guillén. Dueño de un bar

"Ahora tengo ansiedad por no saber si deberé cerrar"

Hace 3 años Enric Guillén se enfrentaba al interrogante de abrir un bar en el concurrido barrio de Gràcia. Ahora sus dudas son menos excitantes. «No sabía qué pasaría, pero pensaba que, si me esforzaba,  saldría adelante. Ahora, por mucho que confíe en mí y en mi clientela habitual, aquella esperanza se ha ido. Lo que queda es la ansiedad de no saber si tendré que cerrar».

El Bar Viu (Perla, 26) es un local con ambiente espumoso, pero hace meses que comparte los sinsabores de un sector en el que el 38% de los locales en Barcelona se plantean cerrar. "Nos reducen el aforo y el horario de actividad sin atender a la licencia. Yo puedo estar de acuerdo con que nos cierren: por la salud lo que sea. Pero no hay ayudas. Sería lógico congelar los alquileres, especialmente en los locales comerciales donde se para la actividad".

Enric Guillén, dueño del bar Viu de Gràcia. / jordi cotrina

Frente a las burocracias kafkianas, Enric aplica aritmética humana. "Con una terraza de tres o cuatro mesas, dos personas podrían dejar el erto.  Activas la economía, en vez de tener a gente cobrando de la administración. Es así de sencillo. En el bar somos cinco trabajadores y abríamos todos los días. Ahora cerramos dos veces por semana y nos lo repartimos entre dos personas. Se están dando terrazas excepcionales por toda la ciudad, y en Gràcia se conceden poquísimas".

El entusiasmo de un bar con buena parroquia y propuestas creativas se tambalea para la nueva temporada. "Tengo un montón de ideas para hacer que el bar esté vivo, pero con este retroceso empiezo a perder las ganas. Me gusta planear, cambiar la carta, hacer exposiciones, traer DJ y hacer monólogos cómicos. Pero 20 personas de aforo no dan de comer". 

Joan Miquel. Abrió un negocio en febrero

"La incertidumbre también es un lugar desde el que vivir"

Como 'coach' y conferenciante, Joan Miquel consideró un buen paso montar un espacio de conocimiento personal en el centro de Barcelona. "Permanecí abierto apenas dos semanas. Llegó la pandemia y se paró la actividad del local. A los dos meses de estar confinado, tuve que decidir que no podía mantener el negocio. Eran demasiados gastos".

Eso sí, donde cualquiera vería un barco hundiéndose, Joan contempla horizontes de posibilidades. "He vivido todo esto desde la aceptación. Sin resistencias. Si esa era la realidad que estábamos viviendo, ¿qué sentido tenía oponerme?".

El 'coach' Joan Miquel. / jordi cotrina

Cuenta que pese a tener que echar la persiana, pudo mantener la serenidad. "Cuando dejé el local, surgieron otras cosas que se alinean con mis propósitos". Joan insiste en la necesidad de aplicar esa mirada al futuro. "Creo que lo más importante es estar abiertos a lo que venga. Cuando dejas de presionar para que las cosas sean de una determinada manera, empiezas a vivir sin miedo. Y así llegan las oportunidades. No hemos venido a este mundo a sufrir o a someterlo todo a juicio –explica–. Al juzgar lo que pasa, a veces nos parece que las cosas son terribles, y así las vivimos. Si optamos por observar las circunstancias y aceptarlas, nos situamos en otro lugar para afrontar lo que venga. Hacer algo así no es tan complicado".

Visto de esta manera, esta nueva temporada que nace de la incertidumbre no le parece tan problemática. "En realidad, nunca sabemos qué va a pasar. La incertidumbre también es un lugar desde el que vivir". 

Martina García-Miñaur. Estudiante en el extranjero

"A pesar de todo, me ilusiona estudiar fuera" 

Martina tiene 17 años y el 2020 iba a ser su gran año. Empieza en la Universidad Libre de Amsterdam (Vrije Universiteit Amsterdam) estudios de Filosofía, Política y Economía. Sin embargo, nunca imaginó que unos meses antes de su gran viaje el mundo colapsaría y pasaría sus últimos días de instituto encerrada en casa.

Martina García-Miñaur ha decidido estudiar a Ámsterdam. / jordi cotrina

"En general he sentido ilusión, porque siempre había querido irme a estudiar fuera. Al principio el confinamiento fue positivo, porque me dio tiempo para las gestiones de la universidad. Pero el proceso burocrático se ha hecho desesperante desde casa. Había días que tenía rabia. Pensaba: ‘¿Por qué me ha tocado este año de mierda para irme?’". La Selectividad fue otra señal de extrañeza: cuando la gente empezó a salir, ellos tuvieron que apretar estudiando.

A estas alturas, Martina tiene claro que nada será como imaginaba tras posar los pies en el Aeropuerto de Schiphol. "Los primeros días te hacen un tour por el campus, hay actividades y charlas. Es una oportunidad para conocer gente. Todo eso este año será online». En Holanda, explica, garantizan que el contenido académico se impartirá igual, aunque la mayoría del curso será ‘online’. «Pero para mí ir a la universidad también es una experiencia vital: estar allí, conocer al profesorado en persona y hacer amigos". 

Júlia Barceló. Actriz

"El limbo de lo incierto se expande"

Cuando los temidos carteles de "cancelado" empezaron a brotar, la actriz Júlia Barceló preparaba la obra 'Sopar amb batalla', que iba a estrenarse el mes de mayo. "Con la pandemia, naturalmente, se pararon los ensayos. Intentamos mantenernos activos 'on line', pero vimos que iba para largo. Se canceló la producción, y ahora la idea es retomarla el año que viene si todo va bien".

La escena no es el único sector cultural en el aire, ya que comparte desvelos e incertidumbres con los rodajes y la música y las  salas de conciertos. Júlia describe cómo atraviesa esta gran época de inconcreción, donde ningún teatro se compromete a poner en marcha una obra.  "Emocionalmente es bastante frustrante, porque ¿y si el año que viene vuelve a pararse todo? –apunta la actriz–. Las ayudas a los artistas han sido pocas y se han hecho mal. Yo me he mantenido a flote dando algunas clases de teatro. Nuestro colectivo se siente muy desprotegido: ya partíamos de la precariedad".

La actriz Júlia Barceló.

Si le hablas de expectativas, a Júlia se le escurre una risa mientras repite la palabra melódicamente. "A partir de este mes empezaremos a ver los efectos reales en la temporada teatral. Creo que los teatros públicos deberían arrancar proyectos y ayudar a las compañías pequeñas. Las instituciones se tienen que poner las pilas".

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Entregarse a la incógnita puede tener algo de romántico, pero de momento la cosa apunta al drama. "Ser actriz ya comporta vivir en la incertidumbre, pero ahora mismo ese limbo se expande. Hay un punto de rabia añadida, porque te sientes abandonada. Todavía sufrimos las consecuencias de la crisis del 2008. Entonces ya se recortaron los presupuestos dedicados a la cultura y nunca se han recuperado. Una crisis como esta siempre afecta durante muchos años a nuestro sector".

 

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