31 may 2020

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Martita de Graná, la humorista en jefe del confinamiento

Martita de Graná, la humorista en jefe del confinamiento

La cómica ha ganado 600.000 seguidores en los dos últimos meses

Albert Fernández

Es probable que esté en su móvil. Incluso que le haya hecho partir de risa. Sí, hablamos de esa muchacha salada que aparece un pelín desquiciada en un vídeo sobre la monotonía en cuarentena diciendo: «Sorprende a tu hígado: bebe agua». Martita de Graná lleva cuatro años sumando legiones de seguidores en Instagram, YouTube y Facebook.  Aun así, tiene claro cuál es su gremio. «Yo empecé por las redes, son mi herramienta para darme a conocer. Pero me gusta más que me llamen cómica que 'influencer'», explica a este diario.

 

Desde que Marta Martínez comprobó el éxito de un vídeo personal donde parodiaba tópicos de su ciudad, esta graduada en Ciencias de la Educación decidió inventarse su 'alter ego' cómico. Martita de Graná es una chica suelta, histriónica y directa, que cuenta sin pelos en la lengua episodios de su día a día con un nervio tronchante y un acento inconfundiblenoches de jarana, arritmias de gimnasio, odiseas de supermercado, tocamientos íntimos, y por supuesto delirios caseros en los tiempos del coronavirus. «Es bonito poder seguir haciendo reír a la gente por las redes durante el confinamiento. Pero no es lo mismo leer un ‘ja, ja, ja’ que escuchar unas buenas risas desde el escenario».

"Me gusta más que me llamen cómica que 'influencer", reivindica la humorista

Mientras echa de menos su 'show' 'Mi padre flipa', para el que había agotado entradas en un buen número de ciudades, Martita de Graná ha visto crecer su popularidad exageradamente.

Gags en pijama

Está feo decir lo de hacerse viral estos días, pero es que a ella le va que ni pintado. «He aumentado unos 600.000 seguidores en dos meses, es una pasada. También es verdad que, con tanto tiempo en casa, he hecho más contenido».

Además de en cantidad, sus vídeos han ganado en grados de locura: gags más sincopados, con cortes rápidos y escaladas carcajeantes, clavando con gracia la evolución de la pandemia. «Intento ponerme en todas las situaciones. He hecho vídeos sobre parejas o familias con hijos, aunque yo no tenga. Se trata de reflejar cualquier circunstancia». Y de ser muy espontánea. «Cuando tengo una idea, la hago. Por eso muchas veces salgo en pijama o sin pintar». 

Cuenta con nervio tronchante desde noches de jarana hasta arritmias de gimnasio y odiseas en el súper

Como todos, Martita de Graná ha tenido sus epifanías de crecimiento personal estos días. «Siendo yo adicta a los bares, me he dado cuenta de que cuando están cerrados puedo ser constante en algo». Curiosamente, no es tan alocadamente sociable. “La gente me ve por la calle y me dice: ‘¡Cuéntame un chiste!’. Y les digo: ‘Chiquilla, yo no puedo estar todo el día contando chistes’». Parece difícil medir qué porcentaje de ese desparpajo es real y cuánto hay de ficción. «Cuando me pongo a grabar, me meto en el personaje. Pero es cierto que la mayoría de cosas que cuento, las expresiones que uso, incluso las caras que pongo, son mías».