EL MUNDO TRAS EL CORONAVIRUS: LA CULTURA (1)

Pros y contras de un Netflix teatral

En la pantalla, una imagen de El Tricicle.

En la pantalla, una imagen de El Tricicle. / JULIO CARBÓ

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Gemma Tramullas
Gemma Tramullas

Periodista

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El aluvión de artes escénicas en formato digital que compite por algunos minutos de atención de las personas confinadas oculta la debacle que vive un sector extremadamente vulnerable a nivel económico. El impulso inicial de muchos creadores ha sido ponerse a crear nuevos contenidos; las productoras liberan obras en las redes sociales y los canales de vídeo, e incluso hay festivales que emiten por Youtube. Pero pasada esta euforia, ¿qué efectos puede tener el consumo de teatro, danza y circo por internet a largo plazo?  

«Estamos generando contenidos porque la gente necesita puntos de referencia culturales para distraerse, animarse y reflexionar –afirma Isabel Vidal, directora general de Grup Focus y presidenta de la Associació d’Empreses de Teatre de Catalunya, que representa a 55 teatros y productoras–. Esta situación al menos ha demostrado que un mundo sin cultura es insoportable».

Aceleración de inciativas

¿Pero es posible que este impulso tenga efectos más allá de la pandemia? «Yo creo que la experiencia de consumir teatro en directo y en compañía no es sustituible –opina Vidal–. Igual me equivoco y en tres días estamos produciendo todos teatro en línea, pero lo dudo. Además, ahora todo es solidario pero la cultura no puede ser gratuita porque hay gente que vive de ella». 

En todo caso, el confinamiento ha acelerado iniciativas que ya estaban en marcha, como las plataformas de contenidos teatrales en línea, una especie de Netflix teatral que ofrece acceso a un catálogo de obras y sirve de fondo documental. Sin embargo, no es suficiente con grabar una obra y colgarla en una plataforma. Para que sean atractivas para el gran público se requieren grabaciones de mejor calidad y eso cuesta mucho dinero.

No todo el mundo ve con buenos ojos esta avalancha. «El coronavirus ya es suficientemente letal para las artes escénicas como para hacer la propuesta de visualizar obras de teatro en la pantalla. Aviso: el medio natural del teatro no es el monitor», sentenciaba el dramaturgo y director Àlex Rigola en Twitter. En su opinión, tiene más sentido una iniciativa como la del Teatre Nacional de Catalunya y Arola Editors, que permite acceder a los textos de 60 obras. 

Motivación

En cambio, la directora y dramaturga Marta Buchaca defiende por propia experiencia que ver teatro a través de la pantalla no solo entretiene sino que además puede ser una motivación para animarse a ir físicamente al teatro: «En estas circunstancias, que cada uno haga lo que pueda y lo que quiera, pero estoy convencida de que esto no le hará daño a la cultura. Me parecería estupendo que se grabasen más obras y se colgase todo, menos las que están en cartelera, claro».  

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Entre las obras de Buchaca liberadas en internet está 'Alicia en el país de las maravillas', que ya lleva 6.000 visualizaciones. La dramaturga está confinada con sus hijos y ve en el teatro para niños una herramienta magnífica para soportar el encierro. Aunque le falta tiempo, ya ha escrito tres escenas cómicas para la iniciativa 'Coronavirus Plays' de Jordi Casanovas, que invita a colgar textos breves para que sean interpretados por actores y colgados en las redes.  

Pero no todo el mundo está abonado al lema 'The show must go on'. El clown Guillem Albà tuvo que suspender la temporada en Madrid y fue de los primeros en lanzarse a actuar a través de Instagram Live: «Lo hice porque como payaso me pareció importante ayudar a la gente y recibí muchas felicitaciones –explica–.  Pero entre el bajón y la avalancha de propuestas que había decidí dar un paso atrás y desconectarme un poco para digerir todo esto».