06 abr 2020

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Elisabeth Lona, superviviente de la trata de personas, en Lesbos.

IRENE SAVIO

LA INEFICAZ LUCHA CONTRA LA TRATA DE MUJERES

"Me violaron durante un año, varias veces al día"

Irene Savio

Cuando Elisabeth Lona llora, lo hace tapándose los ojos con las manos, como si así pudiera dejar de ver el mundo por unos instantes. Con apenas 34 años, carga con el peso de un viaje desde su natal Camerún hasta Grecia, durante el cual tuvo contacto con varias redes de traficantes de personas que actúan al calor de la inoperancia de la UE. Una huida que empezó para alcanzar su libertad como mujer y que la llevó a caer víctima de las redes de la trata.

Elisabeth quiere contar su historia para despojarse de sus fantasmas y también porque cree que es necesario que se conozcan las terribles vivencias de las mujeres que intentan buscar un futuro mejor en Europa, pese a la casi total ausencia de vías legales de entrada.

"Hay muchísimas mujeres que han sufrido un destino similar al mío, que en su viaje han sido violadas y humilladas en lo más profundo", cuenta, sentada en un banco a las afueras del campo de refugiados de Moria (Lesbos), donde unos 20.000 hombres, mujeres y niños viven hacinados en condiciones de vida pésimas.

"Muchísimas mujeres somos violadas en el viaje a Europa", dice esta camerunesa que huyó de un marido violento

"Mi tragedia empezó cuando tenía 15 años. Mi padre me entregó a un soldado, un hombre que yo no conocía, para que nos casáramos. El plan era seguir estudiando, pero todo se quebró muy rápido". Cuenta Elisabeth que, al poco tiempo de contraer matrimonio, su esposo la agredió y le impidió salir de casa. "Me pegaba porque no lográbamos tener hijos".

El maltrato no acabó ni cuando finalmente nació su hijo, en el 2008. "Enseguida nos dimos cuenta de que tenía un grave problema de salud, del que mi esposo me culpaba", afirma. "Fue uno de los momentos más difíciles de mi vida. Intenté luchar para que el niño sobreviviese, pero en Camerún no tenían las estructuras adecuadas para salvarle la vida. Tal vez si lo hubiesen operado, hoy estaría vivo". 

Cuando en el 2017 el niño murió, Elisabeth decidió huir. Ni siquiera acudió al funeral de su hijo. "Volví rápidamente a mi casa, cogí algo de dinero y me fui, en coche y con lo puesto, hacia Nigeria. De ahí, en pocos días, pasé a Níger, a Argelia y luego a Marruecos", explica. En la ruta, añade, no paró casi nunca por miedo a que su marido la capturara y para esquivar a posibles atracadores.

Un cliente del burdel la ayudó a escapar y llegó en patera a Lesbos, donde ahora trabaja en una oenegé española

Las rutas hacia Europa, sin embargo, estaban cerradas. Fue entonces cuando, ya sin dinero, conoció a un hombre que le habló de un trabajo en Turquía. "Me dijo que tenía que volver a Camerún y ahí me esperaba un billete aéreo hacia Estambul. Me fié. Regresé a Camerún y, un día después, ya me encontraba volando hacia Turquía", recuerda.

Nada más aterrizar en Estambul, la esperaba un camerunés en el aeropuerto. "Se presentó como un tipo gentil y educado. Me llevó a una casa y me dio comida. En los días siguientes, incluso me paseó por la ciudad", recuerda Elisabeth, que al cabo de unos días empezó a preguntar por el trabajo que le habían prometido. "Él decía que no me preocupara, que me quedara tranquila".

Tres semanas después, sin embargo, el hombre la llamó para decirle que había llegado el momento de pagar el alquiler. "Le pregunté cómo iba a hacerlo si todavía no tenía trabajo". Fue así como su captor le dijo la verdad.

Encerrada durante un mes

"Me puse a gritar y le respondí que, bajo ninguna circunstancia, me iba a prostituir. Que prefería vivir a la intemperie en la calle. Pero él me atacó diciéndome que tenía que pagar mi deuda", cuenta. En respuesta, el hombre la encerró bajo llave para evitar que pudiera pedir ayuda. "Y así estuve hasta que, un mes después, llegaron los primeros clientes. Me mostraban como si fuera ganado. Llegué a añorar mi horrible vida en Camerún", asegura.

Explica Elisabeth que las violaciones continuaron durante un año, en el que cada día atendía –llorando– a varios clientes, en su mayoría turcos. Sin embargo, la huida de este infierno también vino de uno de ellos. "Al principio me trataba como si fuera un pedazo de carne, pero con el paso del tiempo empezó a contarme su historia y a escuchar la mía". Ese hombre, asegura, fue quien la sacó del burdel con un pretexto, le dio dinero y la subió a un autobús en dirección a la costa meridional de Turquía.  

El 7 de julio del 2019, tras varias horas en el mar después de haber salido de la localidad turca de Izmir, su patera llegó a Lesbos. "Pensé que podía morir, pero era mejor eso que seguir viviendo en una pesadilla".  Ahora, meses después, Elisabeth trabaja como intérprete para una pequeña oenegé española que opera en Moria, Rowing Together. Pero aún tiene miedo de que sus captores puedan encontrarla y todavía sigue esperando sus documentos.