¿Ropa 'eco'? ¿Ética? ¿O vegana?: el (confuso) argot de la moda sostenible

La modelo Kaia Gerber presenta una propuesta de Stella McCartney de la colección de este invierno.

La modelo Kaia Gerber presenta una propuesta de Stella McCartney de la colección de este invierno.

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Desde que la emergencia climática ha entrado en el orden del día de los tiempos, la palabra 'tendencia' ha perdido el pedigrí de antaño y el vocabulario de la moda se ha convertido en un entuerto de palabras cuyo significado a menudo resulta confuso, cuando no directamente engañoso. Así que aprovechando que las firmas andan estos días de desfiles haciendo votos medioambientales, aquí va una brújula de mínimos para adentrarse en ese boscaje repleto de términos como «moda ética», «sostenible», «consciente», «slow», «ecológica» o «libre de crueldad animal». 

MODA ECOLÓGICA

Alude a las fibras naturales que se cultivan y producen sin el uso de materiales altamente tóxicos como los pesticidas y siguiendo los estándares 'eco'. Un apunte: la industria téxtil, responsable del 20% de la contaminación de las aguas, arroja una ecuación endiablada: el 2,4% de los cultivos del planeta se dedican al algodón, que a su vez emplean el 16% del consumo global de insecticidas. El problema es que el algodón orgánico requiere más agua que el convencional. Conclusión: quizá no haya nada más eco que el ayuno.

MODA ÉTICA

Probablemente este término no sea el rey del etiquetaje porque, al fin y al cabo, alude a las condiciones de los trabajadores y en ese frente, coinciden los consultores, la industria arrastra los pies en mayor medida que en el climático. Lo hace por el laberinto de subcontrataciones y legislaciones que es la cadena de suministros y porque el aumento de los costes de producción significaría cambiar de raíz el modelo de negocio. Mas aún en la 'fast fashion' –aunque cabe recordar que también había etiquetas de lujo en el desplome del Rana Plaza de Bangladesh–, capaz de reponer stock cada 15 días y vender camisetas a 5 euros, dejando tras de sí un puñado de preguntas –¿todos los trabajadores tienen la edad adecuada? ¿cobran un salario digno?– y una fabulosa estela de vertidos, emisiones por los largos transportes y residuos. 

Como en este campo cualquier lío siempre es susceptible de dar un nuevo giro, cabe decir que el término «ético» a veces se utiliza como sinónimo de «libre de crueldad animal»  –no hay cuero, ni pieles, ni se depila a los conejos para obtener angora–. Y este, a su vez, suele usarse como gemelo de «vegano», el cual alude a la ropa sin derivados animales. Unos conceptos que, estrictamente, acaban diciendo más bien poco sobre si la fabricación está libre de crueldad humana y ambiental. «A veces, el llamado cuero ético o la piel sintética no siempre se producen en en condiciones justas y tampoco se biodegradan fácilmente», escribía días atrás la consultora Aja Barber en 'The Guardian'. 

‘SLOW FASHION’ 

Es la antítesis no solo de la' fast fashion' o moda rápida, sino también  de las tendencias, esa palabra últimamente tan embarrada. La 'slow fashion' hace referencia a prendas de alta calidad  diseñadas con un ciclo de vida a largo plazo, lo que da «lugar a relaciones diferentes entre el diseñador y el productor, el fabricante y las prendas, la ropa y el consumidor», escribe la consultora Elena Salcedo en 'Moda ética para un futuro sostenible'. 

MODA CONSCIENTE

Llegamos posiblemente al significante vacío del 'branding', al término 'atrápalotodo' que la industria  a menudo utiliza como sinónimo de ético, sostenible o eco. Es cierto que, por ejemplo, algunas firmas lanzan líneas «conscientes» con algodón ecológico o con poliéster y vidrio reciclado. Sin embargo, la compañía seguirá siendo un contaminante tremendo si fabrica 3.000 prendas por minuto, de las cuales según cuentas del sector, 6 de cada 10 acaban en el vertedero durante el primer año de vida.

MODA SOSTENIBLE (O "MÁS SOSTENIBLE")

En principio se refiere al impacto ambiental de una prenda, teniendo en cuenta aquella máxima de la diseñadora Céline Semaan según la cual «todo lo que haces vuelve a la tierra como alimento o veneno». Los productos sostenibles –fabricados con materiales naturales, reciclados o sobrantes de otras marcas y que tienen en cuenta la biodegradabilidad– deberían regresar como nutriente. Pero como siempre hay una puntada más, cabe decir que en el sector también se utiliza el concepto «más sostenible», en referencia a «las iniciativas que permiten que la industria subsista en el tiempo, dados los recursos que tenemos y garantizando la igualdad y justicia social», explica Salcedo.

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PD: Seguramente los términos anteriores no pueden entenderse sin otro más: el llamado greenwashing o lavado verde, que es cuando una marca lanza una colección «sostenible» y su negocio no lo es, o cuando hace afirmaciones exageradas sobre un producto. Así que los consultores siempre recomiendan considerar las variables, mirar bien el etiquetaje y, en caso de duda, consultar la web o enviar un correo a la compañía. ¡Suerte con ello!