Nacho Vidal, el padre queer

El 'pornostar' aparece en el documental 'Me llamo Violeta', sobre su hija trans

Nacho Vidal, el padre queer
3
Se lee en minutos
Ramón de España
Ramón de España

Periodista

ver +

A la tierna edad de seis años, Ignacio le dijo a su padre que era una niña y que se llamaba Violeta. Su progenitor, en vez de enviar al niño a una escuela militar, se puso de su parte y decidió acompañarlo en el camino hacia la transformación en quién creía ser. Hasta aquí, una historia ejemplar como tantas otras.

Pero hay que añadir que el padre en cuestión es Nacho Vidal, el único actor porno español conocido –y hasta querido– fuera del circuito de la carne, y un personaje popular pese a su peculiar manera de ganarse la vida. Padre e hija aparecen en el documental 'Yo soy Violeta', dirigido por Marc Parramon y David Fernández de Castro, que ha cosechado parabienes por todos los festivales por los que ha pasado.

 

 

Desde que volvió de 'Supervivientes'Nacho Vidal ha mantenido un perfil bajo y si ha salido en la prensa es por asuntos como el de su hija trans o el de los rumores malévolos que lo señalaban como víctima del sida. Después de 600 películas porno como actor y otras 140 como director, el hombre se ha ganado un descanso y solo parece desear una vida apacible dentro de lo que cabe (en el 2012 lo detuvieron por presunta colaboración con una mafia asiática).

Legión y ‘guarreridas’

Ignació Jordà González, en arte Nacho Vidal, nació en Mataró en 1973. Por el trabajo de su padre, la familia se trasladó en su infancia a Enguesa, en Valencia. Su adolescencia fue, digamos, complicada: una vida de gamberro aficionado a las drogas del que parecía que no se podía esperar gran cosa. Como otros en su situación, Nacho se apuntó a la Legión, pero a los 21 años ya estaba haciendo 'guarreridas españolas', como diría Chiquito de la Calzada, en el escenario del Bagdad.

Tras 600 películas porno como actor y su paso por 'Supervivientes', mantiene un perfil bajo

Allí conoció a nuestro común amigo José María Ponce, cineasta porno madrileño que vivía en Barcelona junto a su musa María Bianco, una pareja encantadora que, por cierto, nunca sacó un duro de sus esfuerzos cinematográficos. Tal vez porque Ponce era demasiado buena persona para un mundo en el que abundan los miserables y los explotadores: a él le gustaba compararse con el personaje de Burt Reynolds en 'Boogie nights', y la verdad es que, por lo que pude ver, nunca trató a sus actores y actrices como a cachos de carne. 

Este inocente pornógrafo construyó a su alrededor una especie de familia disfuncional que resultaba hasta entrañable y en la que el señor Vidal se integró para hacer sus pinitos en ese cine que los anglosajones definen eufemísticamente como adulto.

A finales de los 90, el planeta Ponce se le había quedado pequeño a nuestro hombre. Tras hacer amistad con el italiano Rocco Sifredi, que ya era una leyenda viva del porno, se trasladó a Los Ángeles, capital mundial del cine para adultos, y las cosas le fueron la mar de bien. Como dice el refrán, si la vida te da limones, haz limonada. Y si te da un instrumento como el del señor Vidal, pues dedícate a la pornografía.

Tentativas de normalidad

Durante mucho tiempo, Nacho Vidal solo fue un personaje conocido y admirado entre los consumidores de porno, pero de un tiempo a esta parte se ha ido saliendo de los estrechos confines de ese género para convertirse en alguien a quien los españoles conocen y yo diría que hasta aprecian.

Noticias relacionadas

Sus intentos por pasarse al cine, digamos, normal, no fueron muy allá –papeles secundarios, generalmente de matón perverso, en películas de escasa repercusión–, pero sus apariciones en televisión nos lo presentaron como un tipo de lo más normal, un poco primario pero simpático –considero fundamental su paso por la escuela Ponce–, que se ganaba la vida de una manera un tanto extravagante, pero tampoco hacía daño a nadie: cualquiera se dio cuenta de que había 'brókers', abogados y políticos mucho más peligrosos que el pobre Nacho, un hombre que le había sacado a su propio pene unas posibilidades estelares.

Su paso por 'Supervivientes' lo convirtió definitivamente en un personaje más del circo televisivo de las 'celebrities'. Se portó bien –aparte de los cuescos en público, que no fueron del agrado de sus compañeros de aventuras–, y a la vuelta se quejó de que le había bajado la libido desde que estuvo en la isla de los mosquitos. Pero ya se había convertido en uno de los nuestros. Y de Tele 5.