13 jul 2020

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Margaret Hamilton, en Barcelona.

LA ENTREVISTA

Margaret Hamilton: "Me fascinan los errores"

Ingeniera de la NASA, fue responsable del programa de ordenador de la misión 'Apolo 11', que superó unos errores críticos tres minutos antes de alunizar

Michele Catanzaro

La informática Margaret Hamilton es conocida como “la mujer que puso al hombre en la Luna” porque hizo que el programa de ordenador de la misión 'Apolo 11' superara unos errores críticos antes del alunizaje. Hamilton cree que el entusiasmo que generó aquella aventura es la herencia más importante del hito.

--Qué ocurrió con el ordenador del 'Apolo 11' durante el primer aterrizaje humano en la luna? Todo había ido perfecto, tal como se esperaba. Yo seguía la misión desde Tierra. De pronto, se dispararon las alarmas 1201 y 1202 [se trata de la numeración de dos mensajes de alerta del computer de la misión]. El programa estaba alertando de que había una emergencia. Fue un momento de pánico. Me dije: "¿Qué diablos están haciendo estas alarmas justo ahora, justo antes del alunizaje?

--¿Como salieron de aquello? El ordenador había entrado en sobrecarga de tareas y el programa se reinició solo. Después de reiniciarse, el programa fue capaz de mantener la prioridad de las tareas más importantes. El alunizaje era una tarea prioritaria. Los astronautas podían decidir dejarlo o alunizar. Decidieron hacerlo. Así, ese día, nuestro programa se convirtió en el primer software en ejecutarse en la Luna [ríe].

Hamilton, junto a los tomos en los que escribió el código del programa 'Apolo 11'. 

--¿Salir de ese atolladero fue mérito de cómo usted desarrolló el programa? Uno de los trabajos de nuestro grupo fue asignar a cada proceso una prioridad única. Cuando el programa se reinició, empezó a ejecutar exclusivamente las tareas con más prioridad. Nuestro mérito fue asignar las prioridades correctamente.

--¿Qué le llevó a convertirse en programadora? La necesidad de dinero para mi doctorado. Quería ir a la Brandeis [Universidad de Massachusetts] para ser profesora de matemáticas. Pero el sueldo de profesora asociada no daba para sustentar a la familia. De hecho, con mi marido nos alternamos en los estudios: básicamente, lanzamos una moneda para decidir quién estudiaría primero y quién después [ríe]. Empecé a interesarme en la informática como una manera para pagarme los estudios.

--¿Qué fue lo primero que programó? Empecé con [Edward] Lorentz, el creador de la teoría del caos. Su juguete favorita era un [ordenador de mesa] LGP-30. Me dijo que quería programar ese ordenador para que fuera capaz de prever el tiempo. Luego trabajé en SAGE [un programa militar estadounidiense], buscando aviones enemigos. Desde entonces, me fascinan los errores.  

Ficha biográfica

Margaret Hamilton (Estados Unidos, 1936) fue directora de la división de ingeniería de 'software' del Massachusetts Institute of Technology (MIT), donde lideró el desarrollo de los programas de navegación de las misiones 'Apolo', el programa que llevó los humanos a la Luna. Pionera de la informática, a lo largo de su carrera se ha especializado en la programación ultrasegura, con la que intenta minimizar errores como el que ocurrió durante le primer alunizaje. Conserva el aspecto típico de los informáticos hippies de esos años, alejado del estilo de los emprendedores nerds de Silicon Valley. La semana pasada visitó Barcelona para recibir el doctorado honoris causa de la Universitat Politècnica de Catalunya.

--¿Ya entonces tuvo que lidiar con algún error mayor, como el del 'Apolo 11'? SAGE era el sistema [informático] más grande jamás construido, hasta el día de hoy, creo. Si se paraba por un error, emitía sonidos parecidos a una sirena de bomberos y se disparaban luces intermitentes. Si el ordenador fallaba, la gente corría a ver quién había causado el error. Así surgió mi interés por los errores. Mientras trabajaba en 'SAGE' vi el anuncio de que buscaban gente para hacer los programas de [las misiones] 'Apolo'.

"Entonces nos tomaban en serio, quizá éramos tan pocas que no suponíamos una amennaza"ado

--¿Cuál es la historia de su famosa foto junto a 12 tomos de código? La mayoría de esos tomos son partes del código del 'Apolo 11'. La foto se hizo en el Laboratorio Draper del MIT [Massachusetts Institute of Technology, en Boston]. La gente de relaciones públicas quería sacar unas imágenes para decirle al mundo: "Mirad lo que hemos hecho". En otra de ellas, estoy dentro de la nave espacial. Acabaron en algún periódico y se hicieron famosas.

La informática, en 1962, trabajando en el programa militar 'SAGE'. 

--¿Cómo era ser una mujer en el mundo de la informática en aquellos tiempos? No era algo habitual. Únicamente había hombres cuando me uní al grupo, y todo el mundo solo tenía en la cabeza cumplir el plazo. Contaba más en qué piso trabajabas, o si eras una persona especializada en componentes físicos o en programas, que si eras una chica o un chico. Es cierto que la cultura era distinta y había cosas que no iban bien. Por ejemplo, los chicos podían pedirle un préstamo a la caja de ahorros del MIT mientras las mujeres necesitaban la firma de sus maridos. Peleé y conseguí que eliminaran ese requerimiento. De hecho, antes propuse que también los hombres precisaran de la firma de sus mujeres para conseguir el préstamo, pero esto no les gustó. [ríe]

--¿Han mejorado las cosas desde entonces? En varios aspectos han empeorado. Entonces, nos tomaban en serio como desarrolladoras. No había una pelea de hombres contra mujeres en aquellos tiempos. Quizá éramos tan pocas que no éramos percibidas como una amenaza.

--A usted se le atribuye la creación del nombre de todo un campo: la 'ingeniería del software' [es decir, la disciplina que investiga los principios del diseño de los programas informáticos] En esos tiempos, los ingenieros del 'hardware' [las piezas físicas de los ordenadores] eran los que mandaban. Ellos eran los ingenieros de verdad. Nosotros éramos esos que desarrollaban los programas, que llevaban a cabo simulaciones… Me dije: "¿Por qué ellos son tan importantes y nosotros no?" Así que saqué la expresión en medio de una reunión. Al principio era una broma entre amigos. Pero luego un ingeniero de 'hardware' de muy alto nivel dijo públicamente que había que tomársela en serio. Dijo: “Margaret está intentando transformar la programación en una disciplina formal”.

--Quién hubiera dicho entonces que las tecnologías de la información iban a cambiar el mundo. Con internet, por ejemplo. Nadie imaginaba internet, entonces. Lo que hice fue intentar dar legitimidad a la programación y a quienes trabajaban en ella. Intentaba que se respetaran y se cuidaran a estas personas.

--Hoy informática quiere decir Big Data, Inteligencia Artificial, Google… ¿Le gusta Silicon Valley? Yo me he centrado siempre en abrir caminos en lo que hacemos. En orientar la ingeniería del 'software' hacia la investigación, no en hacer dinero.

--¿Le preocupa que las tecnologías de la información permitan espiar o invadir la privacidad? Me preocupan los efectos sobre la privacidad, la pérdida de control [sobre los datos], el acoso [por medios informáticos], y la dificultad de alcanzar información verídica. Todo eso es especialmente duro para los más jóvenes.

--¿Cree que la comunidad de los desarrolladores tiene parte de la culpa? Nosotros desarrollamos las herramientas, pero no se nos puede culpar de su mal uso.

--¿Tendría sentido plantear hoy una misión de la misma ambición de la llegada a la Luna? Incluso entonces, había motivos diversos para estar entusiasmados. Cuando alunizaron, yo estaba más entusiasmada porque el programa estaba operando que sobre el acto en sí mismo. Lo que cuenta es el entusiasmo, al margen del objetivo de la misión.