30 sep 2020

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Jesús Vega: "Las empresas que no pagan bien son miopes"

Núria Navarro

Jesús Vega, en su oficina de Madrid.

Jesús Vega, en su oficina de Madrid. / DAVID CASTRO

Jesús Vega de la Falla es de los que se quitan mérito. "Soy como aquel tipo mediocre  de la película de Woody Allen, 'Zelig', que aparece en distintos acontecimientos históricos". No le hagan caso. Fue director de Recursos Humanos del Santander de Botín  [1995-2000] y de Inditex, el gigante de Amancio Ortega [2000-2006]. O sea, tenía licencia para contratar (y despedir). Abrió 580 tiendas al año y fichó a más de 200.000 personas. Libre de lealtades a dueños y accionistas, escribió el libro 'La empresa sensual', que ahora actualiza a la luz de la reforma laboral y los espasmos de la crisis.

"En caso de tensión en la empresa, ponga ruido de agua por megafonía". Eso recomienda usted. ¿No le gusta?

Es preferible la música de un salario justo. A mí la música de agua tampoco me estimula. Para concentrarme, prefiero el sonido de una cafetería. Pero la neurociencia dice que el agua se ajusta al ruido cerebral.

Hablábamos del sueldo. Si no te sientes valorado ni motivado, aunque ganes 10.000 euros, no estarás bien.

Algo mejor que si ganas 1.000. A veces le pedimos a las empresas que sean las que resuelvan los problemas sociales de los países, y eso le corresponde a los organismos públicos. A las empresas hay que pedirles que creen riqueza y exigirles comportamientos 100% éticos.

¿100% éticos? Poner el foco exclusivamente en la cuenta de resultados no solo no es ético, es miope. Las empresas que no pagan bien son miopes. Consiguen que la gente sea menos productiva. A los trabajadores hay que darles mucho más, porque dedican a la empresa gran parte de su energía y proyectan lo que son como personas. Un empresario visionario tiene en cuenta eso y les da mucho más que salario. Libertad, responsabilidad, acciones. En mis empresas doy acciones a todo el mundo. Si te sientes parte, te involucras más.

claves biográficas

  • Licenciado en Derecho y máster de IESE, el madrileño empezó su carrera en Hewlett Packard, pasó por el Santander e Inditex y, desde el 2007, es conferenciante internacional y consultor estratégico.
  • Con la llegada de Pablo Isla al cargo de consejero delegado de Inditex, prescinden de sus servicios. Emprende un viaje con su esposa y, a la vuelta, decide adueñarse de su destino.
  • Está al frente de Feeldreams, una app para conseguir sueños, de una empresa que trabaja sobre el Big Data y acaba de publicar la revisión del libro 'La empresa sensual' (Empresa Activa).

¿Es ese el gran consejo a los directivos? El principal es escuchar. Cuanto más poder tiene un profesional, más se escucha a sí mismo. Vivimos unos tiempos en los que la razón no la tiene nadie, y si la tiene alguien es el que ha escuchado a todo el mundo. ¿Puedo dar otra recomendación?

Faltaría más. En el pasado solo valía la jerarquía. El principio fundamental era obedecer al de arriba y que te obedecieran los de abajo. Solo valían los números y las estrategias. Solo funcionaba la inteligencia. Hoy las empresas tradicionales tienen problemas para reclutar a los mejores talentos porque ellos quieren montar sus propias iniciativas. Eso está diciendo que la empresa tradicional no estás sabiendo conectar con la gente. Ya no hay que mandar, hay que seducir. Se trata de conectar lo máximo posible con los trabajadores para que todos ganemos.

A ver. ¿Cómo percibe la seducción una dependienta de Zara que gana 896 euros? Gana más que el 99% de las empresas del sector, tiene mejores condiciones laborales y siente que puede expresarse en cualquier momento. Esto último es una marca de origen. Ortega me dijo: "Yo no quería ser empresario, pero no tuve más remedio porque en La Maja [la mercería en la que empezó su carrera] nadie escuchaba mis sugerencias". Lo que más nos desvincula de las empresas es no sentirnos parte.

¿Le gusta el método Ortega? Ortega es el único genio que yo conozco. Ve cosas que los demás no vemos. Cuando las plantea, lo primero que piensas es que se ha vuelto loco; pero al cabo de dos semanas piensas: "¡Dios mío! ¡Esto es una belleza!". Y al mismo tiempo es un hombre sensato, muy pegado al terreno.

¿Ni una pega? Si acaso, como todo visionario que ha puesto en marcha una maquinaria como Inditex, es una persona que consigue lo que quiere al precio que quiere.

¿Y qué me dice de Ana Botín? He hecho un libro titulado 'La empresa sensual' basado en lo que aprendí de Ortega en A Coruña. No escribiría un libro sobre lo que aprendí de Botín. Habría sido un libro de estrategia, de cuenta de resultados, como lo que enseñan en las escuelas de negocios.

"Las escuelas de negocios son museos de arte prehistórico; enseñan cosas que tuvieron éxito en el pasado"

¿No le van las escuelas de negocios? Son museos de arte prehistórico; enseñan las cosas que tuvieron éxito en el pasado y no las que tendrán éxito en el futuro. Hoy hay que diseñar la empresa desde el punto de vista emocional más que el financiero, ese basado en las influencias, los palcos llenos de políticos y de otros empresarios.

A los trabajadores les cuesta construir su relato laboral. El problema viene cuando las empresas tradicionales quieren funcionar como 'start-ups'.

Se prestigia la juventud y la flexibilidad. Yo trabajé en grandes estructuras y ahora monto empresas de inteligencia artificial. Mucha gente siente que tiene que cambiar a la fuerza, y las todos odiamos que se nos obligue y se nos meta miedo. ¿Cómo nos vamos a enamorar si el mensaje que te lanzan es: "Si no lo haces, te quedas fuera»? Hay que hacer propuestas que la gente sienta como propias. Insisto, hay que crear un vínculo emocional.

Un veterano cuesta lo que tres noveles. Lo peor que podemos tener en una empresa es a una persona que nos odia a pesar de que le pagamos. Lo que funciona es el amor no el miedo. Por encima de todo está la persona. Un jefe de Recursos Humanos debe completarla, independientemente de la edad y el género. A este país no lo tiran adelante siete 'millennials' –que están algo despistaditos– sino la inmensa mayoría de la gente. 

Alto. ¿Tampoco le gustan los 'millennials'Tengo muchos en mis empresas y me divierto con ellos. De hecho, todos hablamos ya en clave de 'millenial', como si fueran los únicos capaces de salvar el mundo. Y el mundo lo vamos a salvar entre todos.

"A este país no lo tiran adelante siete 'millennials', que están algo despistaditos, sino la inmensa mayoría de la gente"

¿Qué tipo de gente contrataría ahora mismo? Estaría dispuesto a contratar a cualquier persona para que fuera el mejor haciendo su gestión.

Acabáramos. No me interprete mal. Yo no diría: "Solo quiero 'messis''". Diría: "Dáme a Andrés Gomes y conseguiré que sea mejor jugador" y no peor, que es lo que ha pasado. La vocación de una empresa debe ser hacer mejores a las personas. En ese sentido, estoy metido en un proyecto de hackear el sistema para ayudar a que la gente sea mejor.

¿'Hackear' dice? Enfoca un tema que es un poco triste: las personas nos educamos durante 20 años para acabar en el paro. Eso es una tragedia. Las personas se sienten fuera de valor y haremos una propuesta en contra de ese principio.

¿Tiene un modelo de empresa del futuro en la cabeza? Nos espera un futuro maravilloso. Cuando tomamos perspectiva, llegamos a la conclusión de que nunca hemos vivido mejor que ahora. Nunca ha habido menos guerras, más esperanza de vida, más libertad, menos países con dictaduras, más ocio, más derechos...

... Más parados, más desahucios, menos futuro. No tengo la culpa de ser optimista. España ha tenido una crisis espantosa, y ahora la situación sigue siendo espantosa, pero no va a durar siempre. La tecnología nos puede ayudar a que hagamos lo que queramos.

Siempre que compitamos con los robots. ¿Cómo nos podemos armar para lo que viene? Nos han educado para ser especialistas. Eso en la época de los robots será un error. La inteligencia artificial no solo lo hará mejor, sino que aprende de sí misma a una velocidad casi instantánea. Tenemos que volver a ser generalistas.

Acabaremos siendo irrelevantes. Seguro que no.